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Wednesday, July 19, 2017

Encuentros con Dios

Quinto Domingo después de Trinidad
Encuentros con Dios 
1 Reyes 19:11-21, 1 Corintios 1:18-25, Lucas 5:1-11

     Es normal que Dios nos viene a través de medios.  En el principio, Adán aprendió de su necesidad de una mujer, una ayuda idónea, su compañera de vida, a través de hacer su tarea, recibida del Señor, de nombrar a todos los animales. 

     Dios les ofreció al hombre y la mujer que coman para la vida eterna desde el Árbol de Vida. 

     Dios probó su fe a través de su restricción sobre el comer del fruto del Árbol del Entendimiento del Bien y del Mal. 

     Después de la Caída en Pecado, aún más Dios tenía que venirnos y comunicar con nosotros por medios, puesto que ya era peligroso para nosotros pecadores estar en la presencia del Dios Santísimo, porque su esencia justa y santa destruye y echa aparte a toda cosa pecaminosa.  Así que, desde una zarza ardiente, en una nube, en una columna de fuego, y, más que todo, por su Palabra, procedente de la boca de sus profetas, el Señor se encontraba y comunicaba y bendecía a su Pueblo.   

     Elías fue uno de estos profetas de Dios, uno de los mayores.  Fue un hombre de fe, y acción, un hombre de la Palabra, un predicador y hacedor de milagros en el Nombre del Señor, un hombre a quién vino personalmente y con frecuencia la Palabra de Dios.   

     Pero en nuestra lectura del Antiguo Testamento de hoy, Dios viene a Elías por un modo especial.  Parece que esto fue por causa de los sufrimientos y persecuciones que había sufrido Elías.  La causa del Señor y su Pueblo parecía derrotada:  profetas asesinados, altares derribados, ídolos adorados por la gran mayoría de la gente.  Justo antes de nuestra lectura, en desesperación, Elías pidió al Señor que se deje morir.  El Señor no lo quiso.  Dios tenía todavía algunas tareas pendientes para su profeta valiente.  Lo animó, lo alimentó, y lo envió de nuevo en camino, hasta que Elías vino a la cueva en el monte de Horeb, donde le encontramos hoy.   

     Y el Señor le dijo (a Elías): Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva.

     No se presentó Dios a Elías en el modo que esperaríamos: no estaba en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego.  Más bien Dios vino en un silbo apacible y delicado, en un susurro, una voz pequeña y pacífica.  Qué sorpresa. 


     No nos debería sorprender, porque el Señor siempre ha querido relacionarse con nosotros por medios creados, a través de cosas terrenales, y muchas veces inesperadas.  Pero siempre el Señor nos busca, para bendecirnos. 

     Como Él hizo con Elías.  El profeta fue agotado, y podemos percibir dudas en su corazón sobre el futuro de la misión de Dios.  No obstante, a pesar de sus dudas, el Señor amó a Elías y le dio una audiencia especial, y además, una promesa, dicha en esta voz pequeña: Mi Palabra y mi Misión no van a fallar.  Entiendo que estás cansado Elías, y la situación actual parece fatal.  Pero ¡ánimo!  Todavía estoy guardando en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron. Le dio a Elías instrucciones específicas, para ungir a nuevos reyes, y a un nuevo profeta, Eliseo, para encargarle con las responsabilidades de Elías.  La Misión de Dios no puede fallar; el Pueblo de Dios siempre será.  Dios mismo lo jura, y nunca fallará en sus propósitos.  Desde una voz pequeña, una promesa grande y consolador. 

     En el evangelio, de San Lucas 5, vemos algo diferente, un encuentro muy agradable.  Vemos que la multitud está buscando oír la Palabra de Dios.  Y la ha encontrado, en la persona de Jesús de Nazaret.  El gentío agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 

     Que pudiéramos ver algo parecido hoy en día.  Ahora las multitudes buscan cualquier otra palabra, excepto la de Dios.  ¿Por qué la diferencia, entre el siglo primero y hoy? 

     Bueno, hoy, la vida para muchos es bastante fácil, controlada.  La tecnología y la economía moderna dan a nosotros un nivel de vida que hubiera sido incomprensible durante la mayoría de la historia.  Con estómagos llenos y cuerpos cómodos, no pensamos tanto en Dios y la eternidad.  Después de todo, según muchos de los científicos, los sabios que nos proveen la tecnología que mejora el mundo de hoy, Dios y la eternidad no existen.  Al menos, ellos piensan así.  Dios tiene otra opinión.  Y lo insensato de Dios es más fuerte que los hombres.

     Seguramente, la condición de vida en Israel en el primer siglo fue mucho peor materialmente, una realidad que siempre causa que el ser humano considere a los temas espirituales.  También hay una diferencia en la realidad de la cultura del Israel antigua, una cultura bien basada en la Palabra de Dios, escrito por Moisés, y en los Salmos y los Profetas.  Jesús interpretaba con autoridad la existente palabra de Dios, y declaró que todas las profecías estaban llegando a su cumplimiento, en Él.  Por el amor y el entendimiento de la Palabra de Dios, la gente de aquel entonces estaba lista para escuchar a Jesús, hasta agolparse sobre Él para oírla.      

     Además, junto con predicar el cumplimiento de las promesas de la Palabra de Dios, este Jesús estaba también mejorando las vidas cotidianas de sus oidores, sanando enfermedades, dando de comer, haciendo milagros. 

    Hay lecciones para nosotros en esto.  No sé si alguien de nosotros tenga poderes milagrosos, pero tenemos la capacidad de ayudar a personas.  Igualmente, no sé si vayamos a tener éxito en inculcar un amor para la Biblia en la población general en España.  Ojalá que sí.  Pero tenemos oportunidades menos difíciles, oportunidades de compartir la palabra que son posibles dentro de nuestro alcanzo y capacidad. 

    Estamos aquí hoy, congregado en torno a la Palabra.  Muy bien.  Siempre podemos invitar a asistir a amigos y vecinos.  También pudiéramos oír la Palabra en casa.  Memorizar versículos claves, y así llevarlos por adentro.  Compartir la Palabra con nuestros hijos y nietos.  Expandir las oportunidades de reunirse alrededor la Palabra de Cristo puramente proclamada, por el ministerio de la Iglesia Luterana, nuestra iglesia aquí en España.  Podemos animar los unos a los otros que no dejemos de congregarnos, que es una tendencia latente en cada cristiano todavía viviendo en este mundo.


     No es dentro de nuestro control el resultado de nuestros esfuerzos de promulgar la Palabra de Dios; esto pertenece al Espíritu Santo.  Pero sí, sabemos que difundir la Palabra es tarea buena, un privilegio de todos los miembros de la Iglesia, y una actividad que nos sirve igualmente.  Mientras proclamamos la Palabra al mundo, nuestros esfuerzos en la misión de Dios resultarán que nos profundicemos en el Evangelio, fortaleciendo nuestra fe y enriqueciendo nuestras vidas.

     Finalmente, volvamos al lado del lago de Genesaret, y consideremos otro encuentro, el muy especial, entre Simón Pedro y Dios.  Por la captura enorme de peces que habían realizado Pedro y sus compañeros, se dio cuenta que Jesús fue divino.

     Es fácil decir que Pedro no debía haber tenido miedo, porque Jesús es bueno, el Amor de Dios hecho carne.  Y es verdad, Dios, y solamente Dios, es bueno en sí mismo.  Pero esto no quiere decir que la reacción de Pedro fue incorrecta.  No, fue completamente correcta.  Elías cubrió su cara al encontrar la presencia de Dios en un susurro.  Moisés tuvo que quitar sus sandalias ante la zarza ardiente, y se postró con la cara en el suelo.  Al ver el Señor en una visión, Isaías declaró:  Ay de mí, estoy perdido, porque soy pecador, y estoy en la presencia del Altísimo.  Siguiendo esta tradición santa, Pedro, cuando de repente supo que había estado en la presencia de Dios durante un largo rato, dijo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.



      Pedro dio la respuesta de un pecador arrepentido, una vez consciente que esté en la presencia de Dios. 

    Y nuestro Dios, encarnado en Jesús de Nazaret, dio la repuesta del Dios quién nunca va a dejar que su misión fracase:  No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

     En el hecho y en el momento que Simón Pedro consideró que fue indigno, y lo confesó, él fue convertido por Jesús en un ser digno, por la gracia de Dios, obrando por la Palabra de Paz:  No temas; desde ahora serás pescador de hombres.  Es como dijo el profeta Miqueas, ¿Qué Dios hay como tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en su ira para siempre, porque se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros, hollará nuestras iniquidades. Sí, arrojarás a las profundidades del mar todos nuestros pecados.  (Miqueas 7:18-19)

     No hay un dios como el Señor Dios.   Otros dioses, los falsos, los ídolos, siempre quieren encontrar justicia dentro de las personas, requiriendo que produzcamos nuestra propia santidad.  Pero nuestro Dios trae la justicia, su propia justicia, para dárnosla, y por eso hacernos santos.  Desde mucho antes de su conversación en susurro con Elías, Dios había sido preparando la entrega de su justicia y gracia a nosotros. 

     Este mismo Simón Pedro, pescador, iba a cambiar de carreras, para pescar a pecadores.  Su cebo sería, otra vez y como siempre, la Palabra de Dios, específicamente el Evangelio de la muerte y resurrección de Cristo para el perdón de los pecados. 

    Somos beneficiarios y participantes en esta misma misión de Dios.  Aquí, hoy en día, el Señor nos encuentra y nos comunica a través de los medios elegidos de Él:  todavía la Palabra, y también la Cena misteriosa, donde recibimos perdón, vida y salvación, entregado a nosotros por el pan y el vino, cambiado por el Espíritu en ser también el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo. 

     Por eso, aunque últimamente la situación de la Iglesia de Cristo nos parece muy mal, y aunque quizás tu propia fe te parece débil, no temas.  No pierdas la esperanza porque tu consciencia tiene fuerte lucha con tus pecados.  Cuanto más sientas deshonra por tu pecado, siempre que lo confiesas y deseas la salida de tu pecado, cuanto más rápido el Señor Dios imparta su gracia a ti, junto con la fuerza de seguir a Él.  Por eso Dios nos ha congregado aquí.  Y Él va con nosotros después, para realizar todas sus promesas a ti, y a todo el mundo,

En el Nombre de Jesús, Amén.    


Monday, July 25, 2016

La Verdadera Palabra de la Boca del Señor

Octavo Domingo después de Trinidad

SALMO                                                    Salmo 48                     
ANTIGUO TESTAMENTO                  Jeremías 23:16-29
EPÍSTOLA                                              Hechos 20:17-38 
EVANGELIO                                          San Mateo 7:15-23 

SERMÓN   15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.  16 Por sus frutos los conoceréis.
     Instrucciones simples.  Guardaos de los falsos profetas, y Jesús aún nos dice como reconocerlos:  Por sus frutos.  ¿Y qué son los malos frutos de los profetas falsos?  Jesús dice que van a llamar al Cristo como Señor, echar demonios en el Nombre del Señor, profetizar en el nombre de Cristo, hacer milagros en el nombre de Jesús…
     ¿Qué dijo el Señor?  ¿No son buenas obras, llamar al Cristo públicamente como Señor, profetizar, o predicar en su nombre, o al menos echar demonios y hacer milagros en el nombre de Cristo?  ¿Cómo es posible que Dios no quiere estas obras?

     Estas obras no son verdaderamente buenas, ni tampoco ninguna otra obra es buena, si el mensaje que las acompaña es falso.  Si estas obras no proceden de una proclamación de la fe verdadera, que solamente confía para justicia y salvación en Cristo y su gran obra salvadora, entonces son malas obras, del diablo, no de Dios.  Porque todo que no proviene de fe, es pecado. (Romanos 14:23)    
     Todas nuestras lecturas de hoy hablan del mismo tema:  el requisito del Señor que sus predicadores hablen la verdad, toda la verdad, y nada excepto la verdad.  Como dice San Pablo, los predicadores deben anunciar “todo el consejo de Dios.”   No deberían anunciar sus propios pensamientos, como hicieron los profetas a quienes Dios condenó a través de la boca de Jeremías:  16 Escucha otra vez: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová… 28 El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová.  29 ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?
Qué raro, y difícil.  Hay en esto varias preguntas para nosotros:
¿Por qué son tan populares los profetas falsos y los predicadores malos? 
   ¿Qué es el problema con su mensaje?
            ¿Qué es la Palabra verdadera de la boca del  
                         Señor? ¿Cómo podemos reconocerla?
            ¿Qué significa todo esto para nuestras vidas, 
                                                            en la edad que viene, y hoy? 
     Los profetas falsos son lobos vestidos como ovejas, son enemigos del Señor, son condenados, junto con todos que creen en sus mentiras.  Pero son tan populares.  ¿Por qué?  La verdad es que el crecimiento de la Iglesia verdadera es casi siempre lento, y las congregaciones que se agarran al puro evangelio son pequeñas históricamente.  Por el otro lado, las iglesias, cristianas en nombre, pero donde se predica una fe falsa, son muchas veces muy popular. ¿Por qué?
     Una gran parte del problema es nosotros, los oyentes, con nuestra comezón de oídos, nuestro deseo para maestros que conforman a nuestros deseos, (2 Timoteo 4:3).  Yo también, como ejemplo de un predicador, soy una gran parte del problema, porque en vez de un compromiso fuerte de ser fiel, por mi naturaleza tengo un deseo de ser popular, y estimado.  Y la verdad es que muchas veces los falsos profetas son más populares.  Así es:  podemos entender este obstáculo en las últimas palabras de nuestra lectura de Jeremías: dice Jehová ¿No es mi palabra como fuego, y como martillo que quebranta la piedra?  No la queremos esta palabra.  No queremos predicar ni escuchar el mensaje verdadero del Señor, porque es un martillo que quebranta nuestra confianza en nosotros mismos, y quema nuestro orgullo.  
     Un problema con el mensaje falso es que nos gusta oírlo.  Y, hay un problema aún más fundamental:  es falso, y la consecuencia de su falsedad es separación de Dios y condenación eterna.  Los lobos distorsionan la verdad de Dios, e ignoran a nuestra realidad espiritual.  Dicen los lobos:  cumplir la ley de Dios, en el modo que yo te explico, y seréis salvos.  Si fuéramos capaces de cumplir la ley de Dios, entonces la predicación de obras y la ley como camino de salvación sería verdad.  Pero no somos capaces.  Somos pecadores; necesitamos ser salvos.
     Esto no significa que la ley de Dios es mal, ni tampoco inútil en el día a día.  La ley es buena, y nuestras vidas son mejores cuando seguimos más cuidadosamente las instrucciones que Dios nos ha dado.  Pero tened cuidado, porque el diablo, y los profetas falsos, abusan esta verdad para engañarnos.  Está bien, hasta un punto, vivir una vida buena en este mundo. Pero la Palabra de Dios no quiere hablarnos de cómo podemos vivir una vida buena aquí, en este mundo que muere. Dios no está salvándonos para continuar en este mundo arruinado.  Él quiere salvarnos para el Reino de los Cielos.  Y el estándar para entrar en la presencia gloriosa de Dios es mucho más alto. 
    Sería más fácil entender el estándar de Dios con un ejemplo.  Voy a usar el estado de limpieza de las habitaciones de los luteranos jóvenes de España, como Titi y Sebastián, Juancho y Juanmi.  Yo puedo decir que sus habitaciones están limpias.  Como pastor, he visitado a casas de mucha gente, en dos continentes y en varios países.  Y puedo decir que las habitaciones de los luteranos jóvenes en España están limpias.  No sé quién debe recibir el crédito por eso, quizás los niños, o quizás las madres.  Pero seguramente, nadie pudiera quejar sobre su estado. 
     Excepto si íbamos a usarlas como salas de cirugía.  Por el estándar adecuado para habitaciones de hijos en la casa de sus padres, están más que aceptables, dignas de alabanza.  Pero por el estándar de servir como una sala de cirugía, con la necesidad de limpieza tan alta, la necesidad de ser antisépticas para evitar infecciones al paciente, las habitaciones están completamente sucias, inadecuadas para esta meta. 
     Los predicadores falsos pretenden que los estándares de justicia que sirven en este mundo también sirven en el Reino de Dios.  Ellos requieren que seamos más o menos honestos, amables, que no cometamos homicidio, no seamos siempre borrachos, que no salgamos con la esposa de otro hombre, etc.  Muy bien, con esta conducta, seremos buenos vecinos.  Pero no seremos puros como requiere el Señor, para entrar en su gloria.  El fuego consumidor de Dios quema toda iniquidad.  El martillo que quiebra las piedras es la ley divina y perfecta, y nosotros, con nuestra naturaleza pecaminosa, somos las piedras.  Como dice Jesús:  sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. (San Mateo 5:48)

     Finalmente, el problema con el mensaje de los profetas falsos es esto:  Si lo creemos, estamos perdidos.  Si creemos que las mentiras de los malos predicadores son verdaderas, entonces estamos rechazando a la verdad de Dios, su verdad sobre el pecado y los pecadores, y también la verdad sobre su salvación, la verdad sobre la persona y la obra del unigénito Hijo de Dios, Jesucristo, en quién hay el único camino para llegar al Padre.  Por lo tanto, necesitamos tener muy clara lo que es la Palabra verdadera de la boca del Señor, para que podamos reconocerla. 
     Hay dos partes principales.  Primera, no importa si parecéis limpios o si estáis obviamente sucios, no sois bastantes limpios.  Por las obras de la ley nadie será justificada, porque todos carecemos la perfección requerida.  Es posible ser una buena persona en los ojos del mundo, en el día a día, pero Dios quiere, y requiere, pureza perfecta, dentro y afuera, cada palabra, acción, y pensamiento.  Esto no lo hacemos. 
     Considera una cosa:  Si fue posible que pudiéramos ganar el amor de Dios por nuestras obras, entonces, ¿porque fue necesario la Cruz, la muerte de Jesús?  Cuando creemos que por nuestra propia santidad podemos alcanzar a la justicia de Dios, menospreciamos a Cristo y su gran obra.  Empezamos salir fuera de su grey, fuera de su iglesia. 
     Gracias a Dios, esto es solamente la primera parte del mensaje que viene de su boca.  Sí, el Señor quiere que las habitaciones de su Espíritu Santo estén perfectamente limpias.  Y por eso, vino Cristo para hacerlo verdad.  La importancia de la Encarnación, el hecho que en la humana Jesús, hijo de María, Dios se ha unido con la humanidad, es esto:  Está en Cristo donde encontramos nuestra habitación limpia con Dios.  Él es nuestro lugar santísimo, nuestro acceso al Padre, nuestra garantía de ser declarados justos ante el juzgado de la eternidad.     
     Mensajeros son fieles cuando sus sermones tienen estas dos realidades claramente declaradas:  primera, la culpa y el pecado de todos los hombres, que merecen el castigo de Dios, y segunda, la gracia y amor y salvación de Dios, ofrecidas gratuitamente en el perdón de pecados.  Las encontramos en Cristo mismo, en los medios donde Él nos ha prometido reunirse con nosotros:  en su Palabra, en su Bautismo, en su Absolución, y en su Santa Cena.  Es como dice San Pablo en nuestra epístola de hoy, que él iba a las sinagogas y las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.   Arrepentimiento y fe.  Ley y Evangelio.  Esto es el mensaje de San Pablo, de San Pedro, de Juan el Bautista, y del mismo Jesucristo durante su ministerio.  Es el mensaje de todos predicadores fieles.  
     Todo esto, tú ya sabes.  O salvación eterna o condenación eterna, esta es la diferencia entre escuchar a los predicadores fieles, o a los predicadores falsos.  ¿Pero, hay diferencia para la vida hoy en día?  Nuestro destino eterno debería ser bastante razón, pero somos débiles.  Queremos recibir ahora alguna bendición de la fe verdadera.  Y, quizás a veces vivir la vida cristiana no nos parece tanto como bendición. 
     Ser un cristiano fiel no te hace muy popular.  No es fácil vivir como las cosas más importantes y valiosos en esta vida son Cristo y su mensaje.  No es fácil, y el mundo piensa que esta idea es locura. 
     Pero sí, oír y agarrarse a la predicación pura de la Ley y Evangelio es muy valioso para hoy.  Porque cuando entendemos lo que Cristo nos ha dado, lo que Cristo nos ha hecho en su vida y en su Cruz, cuando sabemos quiénes somos en Él, entonces, la vida va diferentemente. 
     Mientras todo el mundo está buscando una identidad buena, comprando tatuajes y cambiando los piercings y el color de pelo y aun, supuestamente, el género, tú tienes el Nombre de Dios Altísimo, impuesto en ti en tu bautismo.  Es la identidad buena que dura eternamente.
     Mientras el mundo no tiene una respuesta a la culpa y el rencor y la lucha para poder y prestigio que dominan la vida normal, tú tienes el perdón de Cristo, el don de su Espíritu, y el amor de su Padre. 
     Mientras el mundo solo piensa en hacer buenas obras cuando es fácil, y va a recibir algo en recompensa, tú estás tan abrumado con el amor de Dios, que estás libre a servir y amar a tu familia, tus vecinos, y aun a desconocidos, porque estás seguro en el amor y el cuidado de Cristo.  Además, disfrutas del amor de tus hermanos en Cristo, tus hermanos y hermanas en la fe, todos que comparten la misma Palabra fiel de la boca del Señor.  Aunque esparcidos, ellos son una familia nueva para ti, una comunidad de amor y ayuda, listos a ayudarte hoy, y cuandoquiera que necesites. 


     No puedo decir que la vida del cristiano es siempre fácil, ni tampoco deberíamos pensar que no vamos a sufrir por la fe.  Pero sí, vale la pena, para la promesa de la vida eterna, y la paz que puedes disfrutar hoy mismo, porque en Cristo Jesús, tu Salvador, ya tienes la Paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, y que guarda vuestros mentes y corazones, hoy, y hasta la vida eterna, Amen.

SALUTACIÓN y la COLECTA DEL DÍA:
P:  El Señor sea con vosotros.          
C:  Y con tu Espíritu.                                                                                        2 Timoteo 4:22, Rut 2:4
P:  Oremos.
     Oh Señor, danos tu Espíritu para pensar y hacer siempre lo que es bueno, a fin de que nosotros, que no podemos hacer nada bueno sin ti, siendo habilitados por tu Espíritu podamos vivir de acuerdo a tu voluntad; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos, Amén