Saturday, October 17, 2015

Sermón para la Asamblea de IELE, 11 de octubre, 2015

Sermón para la Asamblea de la Iglesia Evangélica Luterana Española
Vigésimo Domingo después de Pentecostés, 11 de Octubre, A+D 2015, Madrid
¿Qué Vamos a Hacer?          Textos Libres: Isaías 5:1 – 7, Efesios 4:1 -16, San Juan 15:1 – 8

(Las lecturas están en el fondo de la página.)

     ¿Qué vamos a hacer?  Es una pregunta inevitable, inevitable en una reunión como esa asamblea de la Iglesia Evangélica Luterana Española.  ¿Qué vamos a hacer? 

     Sin dudo, vamos a mirar atrás, revisar un poco.  Quince años de historia, una historia con muchos logros, muchos éxitos, y también muchos problemas, y desafíos.  Tiempos de gozo y paz, tiempos emocionantes, y emocionales.  Sonrisas, y también lágrimas. 



     Ahora, cambios.  Misioneros nuevos, americanos, del Sínodo de Misuri, con mucha oportunidad  para mejorar su control del idioma.   Además, tenemos ahora el cambio muy feliz de disfrutar más tiempo con un misionero original, el segundo misionero de la IELE, nuestro amigo Dr. Arturo Just, y también con su querida esposa Linda.  Tiempos de cambios, y oportunidades.  Por eso, también son tiempos de preguntas.  ¿Qué va a pasar ahora en la IELE, con tantos cambios?  Con los cambios, nos parece que tengamos que revisar el plan estratégico.  Cuando pensamos en el plan general para IELE, de pronto también pensamos en preguntas específicas. 

     Preguntas como, ¿Podemos conseguir un sitio bueno para la Congregación San Pablo en Sevilla?  Tenemos la oportunidad por la oferta de ayuda de un distrito del Sínodo de Misuri en el estado de Iowa.  Os conocéis a Brian Saunders, el presidente que ha hecho la oferta.  Es una bendición, pero también un desafío.    ¿Podemos lograr en esto, para tener una presencia física y un lugar fijo y mejor para estudios, clases, y adoración? 

     ¿Podemos empezar otra vez en Valencia, casi de nuevo, quizás utilizando el piso ya vacío de la madre de José Luis?  ¿Cómo debemos proceder?

     ¿Nuestros hombres buscando al oficio de pastor, José Luis y Antonio: van a completar los estudios seminarios?  ¿Nuestro Pastor Juan Carlos finalmente va a estudiar el griego? 

     ¿Qué haremos en Madrid?  ¿Continuamos usando la capilla San Jorge, de la iglesia anglicana?  ¿Cómo podemos efectuar una presencia y una esfuerza evangélica en esta ciudad tan grande? 

     Madrid es una ciudad grande, y España un país grande.  ¿Cómo podemos servir a nuestros miembros, esparcidos en cada rincón de Iberia, y también de Canarias y las Baleares?  ¿Cómo podemos servir a todos, y también edificar y crecer a las congregaciones y grupos ya constituidos?   

     Muchas preguntas.  ¿Qué vamos a hacer?

     Muy bien.  Tenemos preguntas, y hoy Jesucristo nos tiene respuestas.  Tres respuestas, tres mensajes para nosotros, en este día de preguntas. 
  
La primera respuesta de Jesús es esta: “Podéis hacer nada, separados de mí.”  Es bueno cuando tenemos deseos de hacer cosas en la iglesia; de verdad, este deseo es un don del Espíritu.  Pero Jesús nos quiere recordar que, en medio de nuestros esfuerzos de hacer buenas cosas, nuestros esfuerzos de llevar fruto, que es en este momento bastante fácil olvidar que la iglesia cristiana es nada más que el cuerpo de Cristo.  Es decir, la iglesia es una unión divino hecho por Dios, una comunión entre pecadores humanos perdonados y la única humana sin pecado, Jesucristo, quien se hizo a ser pecado, para recibir nuestro castigo justo, para que en Él, podamos ser la justicia de Dios.  Solo cuando estamos permaneciendo en Cristo podamos hacer buenas cosas, cosas aceptables a nuestro Santo Dios, porque solamente en Él hay perdón de pecados que nos sane y nos dé el poder de trabajar con la voluntad de Dios.  El ejemplo de la vid y los pámpanos es apto.  Cuando permanezcamos en Cristo, su savia, aun podemos decir su sangre, fluye en nosotros, produciendo en nosotros los frutos que quiere el Padre, el labrador de la viña.
 
La segunda respuesta de Jesús es esta: “No quieres estar separado de mí.”  No es agradable considerarlo, pero con esta metáfora de la vid y los pámpanos viene también una precaución muy dura.  Al fin, separado de Jesús, solamente hay fuego, castigo, y muerte.  Y como oímos del profeta Isaías, esto es lo que merecieron la viña de Dios, el pueblo de Israel, que por todo su historia siempre trataba de separar del Señor su Dios.  También hoy, el castigo y el fuego son lo que nosotros merecemos por nuestros pecados.  Dice Jesús: Él que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.

     El primer de los 95 tesis de Martín Lutero dice así: Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Haced penitencia...”, ha querido decir que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.  Arrepentimiento.  Siempre, antes de la pregunta de llevar fruto, (lo cual quiere Dios sin dudo), es la pregunta de vivir.  Como pecadores, debemos recordar que aparte del arrepentimiento, no hay vida.  La doctrina de Cristo, que es nada más que las enseñanzas claras de la Biblia, es muy despreciada hoy.  Es muy de modo a rechazar que la Biblia es verdad, la verdadera palabra de Dios. 

     Es muy de modo decir que no hay una religión que es mejor a las otras.  Y, en su sabiduría muy misteriosa, Dios permite que el mundo continúa diciendo estas mentiras, y muchos otros.  Pero, la realidad es que cuando rechazamos al único Dios verdadero revelado en Cristo, seamos como un pámpano diciendo que no necesita permanecer en la vid.  Y en estos momentos, solo hay una palabra adecuada para predicar: la viña del Señor merece destrucción, y va a recibirlo.  Todos los pecados serán castigados, igual los del mundo, y los del pueblo de Dios.  La justicia de Dios va a estar realizado.  Es inevitable. 
 
     Es inevitable, y más temeroso que podemos comprender.  Arrepentíos, y escuchad las buenas noticias.  Gracias al Señor, esta destrucción de la viña vil ya ha pasado, en Cristo Jesús, la verdadera vid.  Porque Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, ya ha recibido la destrucción merecido por su pueblo, por todo el mundo, y por cada uno de nosotros.  Por amor a su Padre y por amor a nosotros, Jesús se ha hizo a ser la viña vil, para ser destruido en nuestra lugar, para que en su resurrección podamos encontrar la bendición merecido por los fieles pámpanos que nunca aun ha pensado en separarles de la vid verdadera. 



     Nosotros hemos recibido este don más precioso de todos los dones.  Hemos recibido la limpieza del labrador de la viña, el lavamiento con el agua y la palabra, y aun bebemos de la savia, la verdadera sangre de Cristo, que nos perdona y nos fortalece.  Todo eso hace Dios, para que  permanezcamos en Cristo, la Vid verdadera.  

     Entonces, es imprescindible que recordamos que nuestra salvación es al 100% la obra de Cristo.  Si empezamos pensar que hacemos una contribución, aún muy pequeño, a la obra de salvación, empezamos también a separarnos de la Vid.  El fondo del arrepentimiento no es simplemente confesar que hemos pecado, sino que es la confesión que somos pecadores, y no podemos hacer lo que es necesario para remover nuestro pecado y ser santos.  Solo el Santo de Dios, Cristo Jesús muerto y resucitado, tiene el poder de destruir el poder del pecado.  Y, Él ha hecho esto, al 100%, para ti, y para todo el mundo. 

     Cuando queremos reclamar un parte del crédito para la salvación, despreciamos la obra y el don de Cristo.  Es empezar a separarnos de la Vid. Dios no quiere que tú separes de Él.  Él te quiere, Él te ama mucho, y por eso, Dios continúa su obra salvadora.  Ahora, aquí, en este momento.  El Señor nos ha congregado aquí en este día para servirnos, para darnos su savia, para limpiarnos, otra vez.  Aquí en este altar Cristo va a llenarnos con sí mismo, con su santo cuerpo y preciosa sangre, para perdonarnos, y prepararnos para nuestras obras, que Él quiere, y prepara para nosotros.

     Todas las cosas buenas que queremos hacer como miembros y siervos de la IELE tienen la misma meta simple: recibir y compartir esta Palabra que limpia de pecados y la muerte, con nuestras familias, nuestros vecinos, con cualquiera persona con quien Dios nos dé la oportunidad de comunicar. 

     Queremos hacer, podemos decir que necesitamos hacer, muchas cosas.  Por eso, el tercer y final mensaje que Jesús tiene para nosotros hoy es este: La obra todavía pertenece a mí. 

     Nos puede confundir un poco, porque esta verdad es también un misterio, una paradoja.  Dios quiere que llevemos buen fruto, que hagamos buenas obras, que, de acuerdo con nuestra posición en el Cuerpo de Cristo,  ayudemos cada uno de nosotros en su misión.  Y como muchos de vosotros bien sabéis, trabajar en la misión de Dios puede ser un trabajo duro.  Pero, como un pámpano no vive ni lleva nada de fruto sin conexión a la vid, y como todo el poder y crecimiento viene no del pámpano pero de la vid y las raíces, también para los cristianos es verdad que todas nuestras obras buenas son hechas a través de nosotros por el Espíritu de Cristo.  Como dice San Pablo en su carta a los Filipenses, Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.        

     Entonces, si hoy queremos hacer algo bueno en el nombre de la iglesia de Cristo, primero necesitamos recibir la savia, es decir, recibir la Palabra que limpia.  La cosa sin que no podemos sobrevivir es el perdón de Dios, entregado a nosotros por el Espíritu usando su Palabra.  Este mismo perdón también nos da el deseo y el poder de servir a un vecino, o compartir la razón que nos da esperanza. 

     Dice Jesús: Yo voy a usarte, y tú vas a tener tareas difíciles, aun temerosas.  Pero no te preocupes, y no te olvides: las obras todavía pertenece a mí, y la obra final ya está terminada, perfeccionada, en mí, en mí cuerpo, que todavía lleva los marcos de los clavos.  Yo estoy contigo, como la vid esta con los pámpanos.  Conmigo, no puedes desfallecer.   

Oremos: Padre celestial, labrador de la viña, te damos gracias por nuestra conexión por la fe a la Verdadera Vid, tu hijo nuestro Señor Jesucristo.  Te rogamos que nos ayuda permanecer en el.  Y como tú quieres también que nosotros llevemos mucho fruto, te pedimos que siempre nos dé la savia de vida que fluye de Cristo.  Por tu Espíritu Santo, nos fortalezca para vidas de servicio y confesión, para que a través de nosotros, tu iglesia crezca, en todo el mundo, y especialmente aquí en España.  Te rogamos todo en el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador, Amén. 

Antiguo Testamento: Isaías 5:1-7
    1Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil.  La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar (bodega); y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres.
    3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.  ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?  Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada.  Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.
    7 Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor.

Epístola: Efesios 4:1-16
    1Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
    7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.  Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. 
    9 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?  10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
    11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Evangelio: San Juan 15:1-8
    [Jesús dice] Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.  Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
     4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.  Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.  El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
     7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.  En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.





Friday, September 4, 2015

El Evangelio de la Santa Trinidad

Puntos Destacados
de los Estudios Bíblicos al fin de Agosto. 

     Durante nuestra última estancia en Madrid, para recoger nuestros permisos de residencia, Shelee y yo tuvimos la oportunidad de reunir con algunos miembros y amigos de la congregación Emanuel.  Planeando para la Asamblea de toda la IELE que estará el 9-11 de Octubre, también en Madrid, yo he sido pensando en cuestiones fundamentales sobre la Iglesia.  Por eso, elegí revisar para los estudios un pasaje del libro de Hechos, capítulo dos, versículos 32 a 47.  Este incluye el fin del sermón de San Pedro en el Día de Pentecostés, y también los bautismos de 3.000 personas, y una descripción de la vida de los primeros cristianos, perseverando en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

     Hablamos de muchos en los estudios, muy divertidos y bendecidos.  No puedo hablar de todo, pero quiero mencionar algunos puntos destacados. 
     En mis notas, quería enseñar como ver la Santa Trinidad en versículo 32: A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.  En la primera vista, quizás solo vemos el Padre, (Dios) y el Hijo, (Jesus).  ¿Dónde está el Espíritu?  Buena pregunta.  El contexto siempre domina el entendimiento de las Sagradas Escrituras, y especialmente aquí.  El contexto del versículo 32 es el Día de Pentecostés, en que el Espíritu descendió en los Apóstoles en forma de lenguas de fuego, dando a cada uno la capacidad de proclamar las maravillas de Dios en idiomas antes desconocidos a ellos.  Ahora, desde este día, el Espíritu está presente por la proclamación de los Apóstoles, como antes habló por las voces de los profetas.  Entonces, en versículo 32, la presencia del Espíritu se indica por las palabras:  de lo cual todos nosotros somos testigos.  El valor y poder de la testimonia en la proclamación apostólica viene del Espíritu Santo, quien siempre acompaña a su Palabra. 


     Dos cosas de esto.  Primero, durante los estudios, varias personas me enseña que la próximo versículo habla de la Santa Trinidad también:  33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, (Jesús) ha derramado esto que vosotros veis y oís.   Además, el siguiente, 34, habla al menos del Padre y del Hijo.  De verdad, este pasaje habla mucho de la Santa Trinidad.  Cuando leemos la Biblia con la idea de la Trinidad en mente, vamos a ver que, aunque el formula “Padre, Hijo y Espíritu Santo” solo aparece una vez en Mateo 28, y aunque la palabra Trinidad no aparece ni una vez, la realidad y la doctrina de la Santísima Trinidad está en casi cada página. 
     Segundo, sin la verdadera doctrina de la Trinidad, no hay un evangelio.  Si Dios no es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios, pero también tres personas, entonces el Padre no pudiera enviar al Hijo a ser nacido de la Virgen María, ni le diera a su Hijo en la Cruz para satisfacer la Ley y pagar por todos nuestros pecados.  Si Dios no es Trino, entonces Dios no resucitó a Jesús, para revelar su misericordia para todo el mundo.  Si Dios no es la Santa Trinidad, Jesús no derramó su Espíritu en los Apóstoles, y nosotros no tenemos la voz de Dios entre nosotros cada vez que reunimos para oír las Sagradas Escrituras.  Si Dios no es Padre, Hijo y Espíritu Santo, entonces nosotros no tenemos el perdón de pecados y la promesa de vida eterna. 

     Pero sí, Dios es Padre, Hijo, y Espíritu Santo.  Dios hecho carne, Jesucristo, es tu Salvador, no por nada bueno en ti, pero por el amor y fidelidad de Dios, que ha hecho todas estas maravillas, para que tu pueda ser su amado hijo, su amada hija, miembros de la familia eterna de Dios, por el bautismo y la fe. 

     De verdad, la doctrina de la Santísima Trinidad es buenas noticias, para ti, y para todo el mundo, Amén.  

Saturday, August 15, 2015

María, Madre del Señor, y un Pastor Luterano

El Día de María, Madre de Nuestro Señor
     (English Version at the bottom)
El quince de agosto es un día muy especial para mí, una de mis favoritas festivales del año litúrgico, el día de María, Madre de Nuestro Señor.  Posiblemente es un poco sorprendente, debido al hecho que soy un pastor de la Iglesia Luterana.  Pero es verdad.
Hace once años, el ocho de agosto, 2004, me ordenaron como pastor, y al mismo tiempo me instalaron como pastor de las congregaciones de la Santísima Trinidad y de San Juan, en Sidney y Fairview, Montana, EEUU.  El próximo domingo, 15 de agosto, yo iba a predicar mi primer sermón como pastor ordenado.  Y fue muy normal que esta tarea debería ponerme nervioso.  Nada mas de ser estudiante, trabajando en la iglesia bajo la autoridad de un pastor veterano.  Ahora la responsabilidad sería mío.  Quería hacer una buena impresión.  Quería servir a mis congregaciones bien.  Yo iba a estudiar mucho y preparar cuidadosamente.  Las lecturas del día fueron, por supuesto, las de María, Madre de Nuestro Señor.  Muy bien, tenía muchas ganas de estudiar y escribir, para que pudiera proclamar el evangelio con dulzura y potencia. 

Pero, el próximo día, 9 de agosto, mi suegro se murió.  En vez de una semana de estudios, 1,300 kilómetros de carretera, un funeral triste, especialmente para mi esposa y nuestros hijos, y entonces otro 1,300 kilómetros para volver a Sidney.  Mucho tiempo en el coche para pensar, pero no puedo conducir y leer al mismo tiempo, ni escribir.  Llegamos al hogar el viernes, completamente agotados.  Tuve el sábado para preparar el sermón. 
Gracias a Dios, el tema fue María, Madre de Nuestro Señor.  Porque es un tema que casi predica en
sí.  De verdad, tenía mucha ayuda de Martín Lutero, quien predicó y escribió muy bien sobre María.  Se puede leer un ejemplo de esto aquí.  
Si se me hubiera preguntado del tema de María al principio de mis preparaciones para ser un pastor, solamente habría pensado en la Navidad, y posiblemente del Magníficat, que a mí solamente era una canción en la liturgia que, por falta de practicar, me parecía difícil a cantar.  Pero si leemos la Biblia cuidadosamente, encontramos mucho más de la Virgen María.  Descubrimos que ella es más que solamente un instrumento por quien Dios ha avanzado un parte de su plan de salvación.  Sin dudo, solo debemos acreditar a María las cosas que la Biblia le acredita, pero no debemos perder la riqueza de su ejemplo de cómo vivir como cristiano. 
Hoy solo quiero hablar de tres facetas de María, su ejemplo de fe, su perseverancia en el sufrimiento, y el enfoque de su visión. 
Respondiendo el ángel Gabriel, le dijo a María: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.  36 Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; 37 porque nada hay imposible para Dios.
38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. San Lucas 1:35-38 
¿Qué tipo de fe es esto?  ¿Qué podemos aprender de esta confesión de María, su aceptación de esta palabra increíble?  Bueno, cuando estudiamos las palabras de su canción, cuando pensamos en las palabras, María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón, cuando consideramos como María continuó siguiendo y amando a su Hijo Jesús, aun al punto de mirar a Él, colgando y muriendo en la cruz, entonces entenderemos esta verdad, que María fue un estudiante de la Palabra de Dios.  ¿Por qué no desmaya ella cuando vio al ángel?  Porque ella sabía de la Palabra que Dios envió los ángeles a su pueblo muchas veces.  ¿De dónde vino la canción tan preciosa qué cantó a Elisabet?  Lea 1 Samuel 2, a la canción de Ana, y escuchará los mismos temas de que María cantó.  ¿Cómo perseveró ella, cuando todo el mundo atacó a su Hijo, y aún le abandonó su Padre celestial?  Porque ella confió en la promesa del Padre, proclamado por Gabriel, que su Hijo será el Santo de Dios, el Rey Eterno de Israel, el Salvador del Mundo.  De la Palabra de Dios, por el poder del Espíritu, María recibió y también ejerció su fe, nos dando quizás el mejor ejemplo en todo la Biblia. 
Y también María nos da un ejemplo tremendo, como también nos da San Pablo, de la perseverancia
en sufrimiento.  Los sufrimientos de San Pablo fueron más activos: ataques desde los judíos, de cristianos falsos y del mundo, ataques provocados por su proclamación del evangelio puro.  Los sufrimientos de María, por otro lado, fueron más pasivos y internos, sufrimientos causados por su amor a Jesús: el sufrimiento de buscar a Él sufriendo, sin poder de ayudar, sin poder de detenerlo.  Y, por la gracia de Dios, ella continuó, por su fe en las promesas dado a ella, y al todo el mundo, promesas dado en su Hijo, el verdadero Hijo de Dios, hecho hombre.  También nosotros cristianos de hoy muchas veces vemos maldades en el mundo, sufrimientos de inocentes, sufrimientos de nuestros queridos, y muchas veces no tenemos el poder de detenerlos.  Pero, como María, podemos perseverar, por el poder del amor de Dios. 
Podemos perseverar, cuando tenemos el mismo enfoque que tenía María.  Ella es un personaje tan amable y precioso, hay una tentación muy grande a enfocar demasiado en ella.  Pero, debemos ver la verdad que ni la Biblia ni María en su ejemplo nos enseñan a enfocar en ella.  Porque el enfoque de la Biblia, y de María, es Jesucristo, el Cordero de Dios, quien solamente quite el pecado del mundo.  Él es la esperanza de todos, la esperanza ofrecido por las escrituras, la esperanza de María, y también Él es tu esperanza.  Porque Él ha quitado los sufrimientos, los débiles, y los pecados de todos, llevándolo a la Cruz, donde destruyó su poder de dañarnos.  Esto es el enfoque de la Biblia, de María, y, en un misterio grande, esto es el enfoque de Dios sí mismo: a declarar a todos el perdón de todos los pecados y el regalo gratuito de salvación eterna, la salvación de Cristo para todo el mundo, para María, y para ti. 
María, llevando Jesús en su seno, declaró:  desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.  (San Lucas 1:48)
Treinta años más tarde, una mujer en la muchedumbre, escuchando las enseñanzas de Cristo, proclamó:  Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. (San Lucas 11:27)
Muy bien dicho, y verdad.  Pero Jesús, queriendo enseñar algo aún mejor, respondió:  Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.  (San Lucas 11:28)
Mi primer sermón como pastor era muy fácil a escribir, porque en María, Dios nos ha enseñado mucho.  Mi oración para ti en este día, como prediqué hace 11 años, es que Dios te bendiga con oídos que oyen, un corazón lleno de fe, y ojos enfocados en Cristo Jesús, las mismas bendiciones que dio a María, para que, con ella, podamos recibir a Jesucristo, y vivir con Él en gozo y paz siempre, Amén.  

The Day of Mary, Mother of Our Lord
August fifteenth is very special day for me, one of my favorite festivals of the liturgical year, the day of Mary, Mother of Our Lord. Perhaps this is a bit surprising, due to the fact that I am a pastor of the Lutheran Church. But it's true.
Eleven years ago, on August 8, 2004, I was ordained as a pastor, and at the same time I was installed as pastor of Trinity and St. John Churches in Sydney and Fairview, Montana, USA. The next Sunday, August 15, I would preach my first sermon as an ordained pastor. It was very normal that this task should make me nervous. No more a student, working in the church under the authority of a veteran pastor, now the responsibility would be mine. I wanted to make a good impression. I wanted to serve my congregations well. I was going to study hard and prepare carefully. The readings of the day were, of course, those for Mary, Mother of Our Lord. Okay, I really wanted to study and write, so I could proclaim the gospel with gentleness and power.
But the next day, August 9th, my father-in-law died.  Instead of a week of studies, 1,300 kilometers of road, a sad funeral, especially for my wife and our children, and then another 1,300 kilometers to return to Sydney.  Plenty of time to think in the car, but I cannot drive and read at the same time, nor write. We arrived home on Friday, completely exhausted.  I had Saturday to prepare the sermon.
Thank God, the theme was Mary, Mother of Our Lord.  Because it is a theme that almost preaches
itself.  Indeed, I had much help from Martin Luther, who preached and wrote very well about Mary. You can read an example of this here .
If I had been asked about the subject of Mary at the beginning of my preparations to be a pastor, I would have thought of Christmas, and possibly the Magnificat, which to me was only a song in the liturgy that, for lack of practice, I found it difficult to sing.  But if we carefully read the Bible, we find much more of the Virgin Mary.  We discover that she is more than simply an instrument through whom God has worked part of ​​his plan of salvation. Without doubt, we should only give credit to Mary for the things that the Bible credited her, but we must not lose her rich example of how to live as a Christian. 
I want to talk today of only three facets of Mary, her example of faith,  her perseverance in suffering, and the focus of her vision.
But the angel Gabriel told Mary: The Holy Spirit will come upon you and the power of the Most High will cover you with its shadow; Therefore also the holy one to be born will be called the Son of God 36 And behold thy cousin Elisabeth, she hath also conceived a son in her old age.; and this is the sixth month for her who was called barren; 37for nothing is impossible with God.
38 And Mary said, Behold the handmaid of the Lord; let it be unto me according to your word.  Luke 1:35-38
What kind of faith is this? What can we learn from this confession of Mary, his acceptance of this incredible word? Well, when we study the words of her song, when we think of the words, Mary kept all these things and pondered them in her heart, when we consider Mary as she continued to follow and love her Son Jesus, even to the point of watching Him, hanging and dying on the cross, then we will understand this truth: Mary was a student of the Word of God.
Why did she not faint when she saw the angel?  Because she knew from the Word that God sent angels to His people many times.  Where did the song come from that she sang so beautifully to Elizabeth?  Read 1 Samuel 2, the Song of Ana, and hear the same themes that Mary sang.  How did she persevere, as the whole world attacked her Son, when even His heavenly Father left Him?  Because she trusted the promise of the Father, proclaimed by Gabriel, that her Son is the Holy One of God, the eternal King of Israel, the Savior of the World. From the Word of God, by the power of the Spirit, Mary received and exercised her faith, giving us perhaps the best example in all the Bible.
And Mary gives us a tremendous example, as also Saint Paul gives us, of perseverance in suffering.
 St. Paul's sufferings were more active: attacks from the Jews, false Christians and the world, attacks caused by his proclamation of the pure gospel.  The sufferings of Mary, on the other hand, were more passive and internal, suffering caused by her love for Jesus, the suffering of watching Him suffer, unable to help, unable to stop it. And, by the grace of God, she continued, by faith in the promises given to her, and to everyone, promises given in her Son, the true Son of God made man.
We Christians today also see evil in the world, the suffering of the innocent, the suffering of our beloved ones, and we often have no power to stop them. But, like Mary, we can persevere, by the power of God's love. 
We can persevere when we have the same focus as Mary. She is such a friendly and precious person, there is a great temptation to focus too much on her. But we must see the truth that neither the Bible nor Mary in her example teach us to focus on her. Because the focus of the Bible, and of Mary, is Jesus Christ, the Lamb of God, the only One who takes away the sin of the world. He is the hope of all, the hope offered by the Scriptures, the hope of Mary, and He is your hope.  Because He has taken away all the suffering, all the weaknesses, and all the sins of everyone, carrying them to the Cross, where He destroyed their power to harm us.  This is the focus of the Bible, the focus of Mary, and, in a great mystery, this is also the focus of God Himself: to declare to all the forgiveness of all sins, and the free gift of eternal salvation, which is for all the world, and for Mary, and for you.
Mary, carrying Jesus in her womb, sang:  From now on, all generations will call me blessed. (Luke 1:48)now shall call me blessed all generations. (Luke 1:48)
Thirty years later, listening to Jesus teach, a woman in the crowd proclaimed, Blessed is the womb that bore you and the breasts that nursed you. (Luke 11:27)
Well said, and true. But Jesus, wanting to teach something even better, responded:  Blessed rather are those who hear the Word of God and keep it. (Luke 11:28)(Luke 11:28)
My first sermon as pastor was very easy to write, because in Mary, God has taught us much.  My prayer for you today is, as I preached 11 years ago, that God will bless you with ears to hear, a heart full of faith, and eyes focused on Jesus Christ, the same blessings which He gave to Mary.  I pray this so that with her we may receive Jesus Christ, and live with Him in joy and peace forever, Amen.

Sunday, July 26, 2015

¿Por Qué Andaba Jesús Sobre el Mar?

Sermon para el Noveno Domingo después de Pentecostés

Texto:  San Marcos 6:45-52
45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.  46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; 47 y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.
49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; 50 porque todos le veían, y se turbaron. 
  Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!  51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban.  52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.

     San Marcos, a diferencia de San Mateo, no incluyó en su versión de esta historia muy famosa el tema de San Pedro y su deseo de andar sobre el agua como Jesús.  Esta elección de San Marcos me parece bien, por nuestra tendencia de enfocar tanto en San Pedro y su deseo de hacer como su Señor.  De verdad, es un momento muy humano e interesante.  Creo que cada uno de nosotros hemos pensado en qué haríamos en la misma situación. 

     Pero esto no vale la pena, ni sirve a nuestra fe.  Debemos recordar que el punto de esta parte de la historia recordado por San Mateo es que Pedro no tuvo la fe ni el poder de hacer las cosas de Jesús.  Trató de andar sobre el agua como Jesús, pero no pudo.  Por su miedo y falta de fe, comenzó a hundirse en el mar, hasta que Jesús lo tomó por la mano. 


     Pedro no tuvo la fe ni el poder a hacerlo como Jesús.  Ni los tenemos nosotros.  El fin de nuestros propios esfuerzos es hundirnos en el agua.  Aparte de la presencia y ayuda del Espíritu Santo, también están endurecidos nuestros corazones. 

     Gracias a Dios, el punto de la  historia de Jesús andando sobre el mar no es demostrarnos las cosas que debemos hacer para ser discípulos de Cristo.  Al revés, el punto, quizás más fácil a ver en la versión de San Marcos, es enseñarnos que hace Jesús para tenernos y guardarnos en su Santa Iglesia. 

     No podemos dejar la tendencia de enfocar nuestros pensamientos espirituales en los requisitos de Dios.  Esta tendencia puede venir de nuestra criatura nueva, creado por el Espíritu Santo, que siempre quiere seguir la voluntad de Dios.  También la puede venir de nuestro hombre viejo, nuestra naturaleza pecaminosa, que, tentado por las mentiras de Satanás, cree que podemos ganar a salvación por nuestros propios esfuerzos.  Lo peor es la realidad que es muy difícil, a veces imposible para nosotros distinguir entre los deseos buenos de la criatura nueva y los deseos orgullosos y feos de la naturaleza pecaminosa, que coexisten en cada cristiano en este mundo. 

     Por esto, necesitamos siempre recordar que la vida de obras buenas es importante, pero para durar en la fe cristiana, debemos enfocar en las obras de Cristo.  Porque nuestra salvación no viene de nada que hemos hecho o vamos a hacer, sino que viene exclusivamente de las cosas Cristo ha hecho, y está haciendo, para nosotros.  Podemos ver esta verdad en la historia de Jesús, andando sobre el mar, algo que no podemos hacer excepto si el mar sea congelado.  Si fuera necesario andar sobre el agua para ser cristianos, tuviéramos un problema grande. 

     Aún más, vemos esta misma verdad en la cruz, dónde Cristo murió por los pecados de todo el mundo, llevándolos en su propio cuerpo, aceptando toda nuestra culpa y todo nuestro castigo, para darnos toda su justicia, santidad y vida.  Este hecho, lo más importante de todos los hechos desde la fundación del mundo, y el centro del evangelio, fue posible solo para una persona: el verdadero Hijo de Dios, hecho hombre para salvarnos. 

     Vamos a tener cruces en nuestras vidas cristianas, sacrificios necesitados por nuestros vecinos, o persecuciones del mundo por llevar el nombre de Cristo.  Pero nadie puede, ni debe, ni necesita llevar la cruz de Calvario.  Gracias a Dios, esta obra pertenece exclusivamente a Jesucristo.  Aún mejor, esta obra es completamente terminada, y es la obra por cual Dios nos ha dado el perdón de pecados, y la vida eterna. 

     Con esta verdad en mente, volvamos al texto, para entenderlo mejor.  Como siempre en la Biblia, la barca representa la Iglesia, llena de discípulos, puestos a dentro por la Palabra de Cristo.  Y aunque, como los discípulos en el medio del mar, no podemos ver a Jesús, sí podemos confiar en esto: Él siempre tiene sus ojos fijados en nosotros.  Él siempre está mirando a su Iglesia, para saber cómo remamos en el mar peligroso de este mundo pecaminoso.  Él está, mirándonos, o andando adelante, preparando nuestro camino.  De verdad, si pudiéramos ver la realidad del mundo espiritual, las cosas pasando alrededor de nosotros cada momento, también nos asustaría, como los apóstoles cuando vieron a Jesús, andando sobre el agua.  Somos todavía pecadores, sin derecho propio a estar en la presencia de la santidad del verdadero Dios.  La vista de la realidad espiritual sería demasiado para nosotros.       

     Por eso, para calmarnos, Jesús esconde su poder y majestad y viene a nosotros en formas simpáticas y graciosas.  ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!  Como habló a los apóstoles en la barca, también nos habla Cristo hoy, verdaderamente presente con  nosotros cada vez que un grupo de creyentes congregan alrededor de su Palabra, cada vez que acudimos a su santa altar para recibir el cuerpo y la sangre para el perdón de todos nuestros pecados, cada vez que, escuchando y confiando en su absolución gratuita, acercamos a Él en oración.


     Vamos juntos, entonces, en la barca de Dios, en la iglesia, no por nuestra santidad y amor, pero mucho mejor, por la santidad y amor de Él que dio su vida en la cruz, para que pueda darnos su paz.  Cristo Jesús, tu salvador, te dice hoy: ¡Ten ánimo; yo soy, no temas!  Tú puedes durar en esta paz de Cristo, que es la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, y que guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús, Amén.   

Thursday, June 25, 2015

When Jesus Comes to Your Wedding - Wedding Sermon for Jeremy and Teresa Warner

When Jesus Comes to Your Wedding.
Genesis 2:4-8, 18-24  Colossians 3:12-17 John 2:1-11

     Jesus was also invited to the wedding, …     and He brought strength, compassion, and great joy to the newlyweds, and to everyone gathered there. 

     Dearly beloved, we are gathered here in the sight of God and before His Church to witness the union of this man and this woman in holy matrimony.  That is good.  Even more, Jesus has also been invited to this wedding.  That is especially good. 
 
     This gathering, this wedding, is a good thing, a very good thing, not just for Jeremy and Tig, but for all of us.  The institution of marriage seems to be struggling today.  Some even claim that marriage is soon to be a thing of the past.  But today I have good news, for you, and for all people.  Marriage is a good thing, and a Christian marriage is very near to the very best thing.  And so today, we rightly gather with great joy. 

     Now, certainly, all marriages struggle, and many fail, with heartbreaking results.  This is nothing new.  Read your history.  Read your Bible.  Talk to someone who has been married for a while.  Marriage has always been difficult.  And there have been better times and worse times for marriage throughout history.  But how we fare in the task of marriage is not what makes marriage a bad or a good thing. 

     As strange as it may sound, the value of marriage doesn’t depend on us.  Because it is God who has made marriage a good thing, in the beginning, in the Garden.  God fulfills His desire to have a people of His own by working through the mystery of the one-flesh relationship between husband and wife.   

    It is God who made marriage and family holy, as well as the foundation of society, and the engine of education and economic prosperity.  We can hurt ourselves, and each other, by neglecting or rejecting marriage and family.  But we cannot destroy marriage, because marriage comes from God, belongs to Him, and is precious to Him.  So it is good to be gathered here for the wedding of Teresa and Jeremy.   

     And today is an even better day, because Teresa and Jeremy have invited Jesus to their wedding.        

     Do you know what happens when Jesus comes to your wedding?    

     When Jesus come to your wedding, compassion and forgiveness are at the center of everything.  At Cana, Jesus was still three years away from the Cross, His plan of salvation not yet fully revealed.  But today, as Jesus joins us at this wedding, He comes bearing scars that remind us of the rest of the story. 

     Jesus was happy to attend the wedding at Cana, and willing to show compassion for the fairly minor problem facing the newlyweds.  But His greater desire was to win forgiveness for all people.  Jesus’ glory was not to be acclaimed as a miracle worker, turning water into wine, but rather His glory was to be lifted up, on the Cross, for all of us. 

     To prove His priorities, after He rose from the dead, Jesus kept His scars.  As we see in the painting above the altar, Jesus kept the marks of the nails and the spear in His glorified body, as an eternal testimony to the compassion, to the forgiveness and grace, that He has for all people. 

     It would be great to have Jesus provide miraculous wine at the reception this evening.  I wish that I had this power.  But in truth, it is not so important whether the reception has good wine or bad, craft beer or domestic.  It is good to have a nice reception after the wedding.  But nothing is better for a marriage than when husband and wife know and trust the forgiving love of God, revealed in the compassionate scars of Jesus.

     It is very good to have Jesus come to your wedding, because problems will come to this marriage.  Problems will come because you are both sinners, and on top of that, Satan hates a Christian marriage.  But do not worry.  Instead, remember Jesus, God’s eternal Son, who become a man, and then started coming to weddings, in order to bless them. 

     Jesus doesn’t come to your wedding to prevent you from ever having problems.  Rather, He comes with compassion for today, and with His eternal compassion, for marital problems, and all the problems of life.  Ultimately, you can deal with the problems of life, because you already have His eternal solution, the compassion of His blood bought forgiveness. 

     So remember, you face the problems that come to your marriage as baptized believers in Christ.  You have developed the most excellent habit of gathering around God’s Word and Sacrament to be forgiven and restored again, and again.  Jesus rejoices to come to you with His compassion, poured out for you on the Cross, delivering it to you day by day through His Word and Supper.  Sunday after Sunday, and even in between, you draw on God’s well of forgiveness, through which God gives you strength and forgiveness to resolve the problems that will come.    

     As husband and wife bound together with Christ, you can share His compassion with each other.  You can, as Paul says, put on compassionate hearts, kindness, humility, meekness, and patience, bearing with one another and, if one has a complaint against another, forgiving each other; as the Lord has forgiven you.  This will bind you closer and closer to each other, and to God, throughout the years to come. 

     Jesus by the power of His Word, has come to your wedding, which is good for you, and which also makes you a blessing of strength to the rest of us.  A good marriage is strong, sometimes obviously, sometimes quietly.  A good marriage brings all kinds of material blessings, greater health and wealth, happy, productive children, good neighbors, couples committed to improving their communities.   

     Even more, a Christian marriage helps people learn about God’s grace and love.  For, as good as it is to find fulfillment in the partner God has made for you, as wonderful as having children can be, as valuable as strengthening our society is, God has an even higher purpose for marriage. 

     It was our human sin that brought problems to the first marriage, and to every marriage after.  But God, in His loving determination, still chose marriage to serve as a picture of the Gospel.  In the Old Testament, the Lord describes Himself as a loving Husband to His people Israel.  In the New Testament, Jesus is presented as the Bridegroom, the Head of His Bride, the Church.  Jesus, the one perfect husband, gave everything, to serve and protect His Bride. 

     Now, today, as husbands and wives love and serve each other, and as each of you puts the good of the other before your own good, the world sees an image of Christ’s love for His Bride, the Church.  Your example need not be prefect, nor will it ever be perfect.  But by teaching you to overcome imperfections with the forgiving love of Jesus, God works through you, powerfully.  For all the opposition and scorn that our society likes to heap on marriage, there still is no better witness to the Gospel than a Christian couple living out their faith together.


     Your friends and neighbors will see you sacrifice and serve and forgive and love each other, and the Spirit will prompt many to ask why, and how, and whether they might learn what you know of God and His love.  If God grants you children, you will have the Spirit of Christ with you, reminding you to do as your parents did for you, to bring them to Holy Baptism and Sunday service and catechism class, and to join you at the Altar.  The Spirit will use you to speak His Word to your children, in order to pass on the faith to them. 

     In many and various ways, God uses earthly grooms and brides to teach the world about Christ and His Church, bringing everlasting joy to all who trust in His forgiving love. 

     When Jesus came to the wedding at Cana, He blessed the newlyweds with great joy, the very best wine.  Everyone expected the fun was about to end, but Jesus saves the best for last, giving joy to the couple and their family and friends, and creating faith in His disciples.  This is also His desire for you, the joy that comes from faith in His promises.  With Jesus, your “now” is good, even when there are problems, and your eternal future is glorious, and guaranteed. 

     Today we rejoice, because Jesus, the risen Savior, has come to this wedding.  We rightly rejoice, because He is our promise of joy at the end, and strength for each day.  We rejoice, and face the difficulties that are sure to come, sharing the same forgiveness that Christ has won for all people. 

     Jeremy and Teresa, rest and rejoice in this peace, throughout your life together, Amen.