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Tuesday, July 23, 2019

Las Ovejas y el Pastor - El Tercer Domingo de la Pascua - Misericordias Domini 2019


Tercer Domingo de Pascua
Misericordias Domini
5 de Mayo, A+D 2019, Cartagena, España
Ezequiel 34:11-16, Salmo 23,
1 Pedro 2:21-25, Juan 10:11-16

Las Ovejas y el Pastor

Aquí estamos, en el Tercer Domingo de Pascua, el Domingo del Buen Pastor, con lecturas que conectan entre sí y hacen comentarios los unos a los otros, un domingo con un tema claro, fuerte y consolador. 

En cuanto a este tema, es bueno vivir en España, donde hay todavía muchas ovejas y pastores, cuidando a sus rebaños, en el campo, y en las afueras de las grandes ciudades también.  Todos los españoles entienden lo que es una oveja, un redil, o un pastor.  Que la gente conozca todo esto no es cierto en muchas otras partes del mundo. 

Vivir en un país con muchas ovejas nos da una ventaja, que nos ayuda comprender el mensaje de este domingo.  Para mí, y hay mucha evidencia para mi perspectiva en los relatos sobre ovejas en la Biblia, ser descrito como oveja no es un cumplido.  Por ejemplo, una oveja, en mi experiencia, y como se describe en la Biblia, no es tan inteligente.  Ovejas son propensas a perderse, y son indefensas contra los lobos y otros depredadores.  Sin un pastor, o varios pastores, cuidándolo, un rebaño es un blanco fácil y favorito para los enemigos. 

Pero, en una de mis congregaciones en Montana, otra comarca con muchas ovejas, tuve un miembro, una viuda que se llama Nancy, que era de otra opinión.  Ella me quejaba cada vez que mencioné en un sermón o estudio las características menos favorables de las ovejas.  El marido de Nancy fue un ganadero, y también ella trabajaba en el mismo, aunque menos después del fallecimiento de su esposo.  Ellos tenían vacas, y especialmente ovejas.  Y Nancy siempre me quería corregir cuando dijera que las ovejas no son inteligentes ni fuertes, un animal que necesita mucho cuidado para sobrevivir.  Me decía que eran más inteligentes que los perros, y valientes como padres de sus corderos…  

No sé.  Tal vez Nancy tiene razón.  Al menos es indudable que ella ama a las ovejas, que tienen un valor grande en sus ojos, y esto es bueno. 

Pero, al final, la naturaleza de las ovejas no importa hoy, en el Domingo del Buen Pastor, porque cuando la Biblia habla de ovejas y rebaños y pastores no quiere enseñarnos sobre la ganadería.  El Señor nos está enseñando sobre nosotros mismos.  Nosotros somos los que son poco inteligentes, propensos a descarriarnos, presa fácil para los lobos, en particular uno que se llama Satanás. Seguro, humanamente hablando, hay muchas personas muy inteligentes, con mucha destreza, capaces de hacer grandes cosas.  Pero para con Dios, en temas de la justicia, la moralidad y la espiritualidad, no tenemos sabiduría.  No somos capaces de hacer nada bueno por nuestra propia cuenta.  No podemos protegernos del peligro de pecado, ni continuar recto en el sendero del Señor.  Muy fácilmente nos descarriamos y nos perdemos en el desierto.  Esto es el testimonio bíblico sobre las ovejas, quienes somos nosotros. 

Como cristianos, como los bautizados viviendo la vida cristiana, asistiendo al culto público, intentando organizar nuestra vida según los Diez Mandamientos, tal vez leyendo la Biblia y orando al Señor cada día, es muy fácil que empecemos de pensar mejor de nosotros mismos.  Sí, un niño que traemos a la pila bautismal, y al que enseñamos orar, este encaja bien con la imagen de un cordero, dependiente 100% de Jesús.  ¿Pero nosotros, que llevamos años en la Iglesia?   Somos más capaces, ¿no?  Tal vez éramos ovejas una vez, ¿pero ahora?  No tanto, queremos pensar.  Somos soldados de Cristo, ¿no?  Nos estamos alimentando con la Palabra de Dios, la cual nos hace fuerte y nos engorda con la sabiduría de Señor, para hacer grandes cosas en el nombre de Dios ¿no?  Por supuesto, no decimos que ya seamos perfectos, sin necesidad de ayuda ninguna, pero seguramente no seamos tan débiles como una oveja descarriada y perdida.  Al menos, somos mejor que muchos, mejor que los pecadores fuera de la Iglesia.  ¿Correcto?

Hay dos problemas con tener esta percepción de nosotros mismos.

Primero, es falso.  Como dice Jesús, utilizando otra metáfora agricultora, “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:5)  O, como dice San Pablo en Romanos 14, en términos teológicos, “todo lo que no procede de fe (en Cristo), es pecado.”  Es verdad que Pablo también dice:  “Todo lo puedo.” Pero es imprescindible que terminemos el versículo: “en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13)  La actitud de la fe verdadera es humildad, porque el cristiano sabio entiende que, sin nuestro Buen Pastor, no podamos mantenernos en su rebaño, nos descarriemos muy pronto. 

Y esto nos dirige al segundo problema.  Si negamos nuestra naturaleza como ovejas, espiritualmente débiles e indefensas, al mismo tiempo nos rechazamos al Buen Pastor.  En dejar atrás el título, tal vez poco agradable, de ser una oveja, dejamos también a Jesús, el Pastor y Obispo de nuestras almas.  Si rehusamos ser ovejas, Él no pueda ser nuestro Pastor.  

En nuestra lectura de Ezequiel, Dios promete venir y ser sí mismo nuestro pastor, una promesa y presagio de la Encarnación del Hijo de Dios.  Pero, justo al final de la lectura, hay una amenaza fuerte contra las ovejas gordas y fuertes.  Dice el Señor:  mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia. 

Cualquier oveja del Señor que rechaza ser dependiente de Dios para todo, cualquier oveja orgullosa que quiere jactarse en cuanto a su destreza espiritual, vaya a recibir del Señor el alimento de justicia.  Y por nosotros mismos no podemos digerir la justicia del Señor.  Nos destruirá, porque todos tenemos pecado, todos somos espiritualmente débiles, aun perversos, aparte de Cristo. 

Ante Dios, siempre tenemos que admitir nuestra debilidad, nuestra naturaleza como ovejas débiles, propensas a descarriarnos.  Aunque nos humilla hacer esta confesión, es bueno confesar así.  Porque a cada oveja que confiesa así, nuestro Jesús tiene una buena noticia.  Al fin y al cabo, vas a comer justicia, pero no para castigo.  El Señor apacienta a sus ovejas arrepentidas con la justicia también, pero es la justicia de Dios cumplida en la Cruz.  Allí, nuestro Pastor y Obispo Jesucristo ya ha tragado toda la justicia de condenación y castigo.  Ya está pagado toda la deuda de nuestros fallos y pecados, nuestros y los de todo el mundo.

Ahora, resucitado y viniendo a su rebaño para congregar, apacentar y bendecirlo, el Buen Pastor nos alimenta con su Palabra, y con su Cena, en la cual nos da de comer de su santo cuerpo y santa sangre, dado y derramada para salvarnos.  Nos da para comer su justicia, que no nos daña, sino que nos cubre, convirtiéndonos en corderos amados del Padre, por causa del Cordero de Dios, que nos ha quitado todos nuestros pecados.   

Fíjate como el Buen Pastor nos cuida y nos apacienta.  Él viene para darse sí mismo a nosotros, para unirse con nosotros, y llevarnos en sus hombros a su Padre.  Porque el ama a sus ovejas, y esto es lo que somos, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. 
















Monday, December 24, 2018

¿Están Listos? Sermón de la Nochebuena, y de la Confirmación


El Nacimiento de Nuestro Señor         24 de diciembre, A+D 2018
Confirmación de Sebastián y Juan Miguel
¿Están listos?                 San Lucas 2: 1 - 20

¿Están listos?  No, no están listos.  Es obvio, ¿no?

      Quiero decir que los pastores, vigilando a sus ovejas por la noche en aquel Judea de hace dos mil años no estaban listos.  No estuvieron adecuadamente preparados para ser los primeros predicadores de la Encarnación, la buena noticia que, en el Bebé de Belén, Dios se hizo carne, para lograr la salvación del mundo.  Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, y a los hombres, buena voluntad…

     Tenían los pastores un sermón corto y bonito, que nos ha sido nacido hoy, en Belén, un Salvador, Cristo el Señor.  Fantástico.  ¿Pero no deberían haber sido los pastores más listos, más bien educados y cultos, con un aspecto mejor?   Aquí en España todavía se puede observar a pastores de ovejas y cabras en muchos lugares, en el campo, y en las afueras de las ciudades, cuidando sus rebaños.  Creo que la profesión no ha cambiado tanto en dos milenios, bueno, excepto que ahora los pastores llevan móviles.  Y no creo que muchos de los pastores actuales se sientan preparados para subir en un púlpito para predicar de Cristo.  Ni tampoco creo que hubiera mucha diferencia hace dos mil años en Judea.  No estaban listos.

     ¿Están listos Seba y Juanmi para la confirmación?  Es interesante hacer la confirmación en la Navidad, para mí la primera vez.  Siempre hay una preocupación, por parte de los catecúmenos, sus padres, y sus pastores, si ellos están verdaderamente listos para confesar su fe en Cristo y acceder a la Santa Cena, para comer y beber, en un misterio, el mismo cuerpo y sangre de Él que una vez reclinó en un pesebre, y luego colgó en una cruz.  Las lecturas asignadas hoy nos proveen un contexto bueno para meditar sobre la preparación de los catecúmenos, y de cada uno de nosotros. 

     Y, por un lado, no, Seba y Juanmi no están listos.  Hay un componente académico de la confirmación, una historia para conocer, una doctrina para entender, una presencia real de Cristo en la Santa Cena para confesar.  No es meramente un juego de niños, es el tema eterno, el asunto más importante de todos.  Y siempre hay más para aprender.  La Confirmación no puede ser la terminación de la Catequesis, porque siempre necesitamos continuar en la Palabra, para profundizar en la Fe, y para ser preparados para la lucha que es la vida cristiana.  También necesitamos continuar en la catequesis, porque somos olvidadizos. 

     Siempre hay algo que hacer en relación con la catequesis, lo que significa que la catequesis es de la Ley.  Y siempre con la Ley la realidad es que no hemos hecho todo, y no todo perfecto.  Como los pastores en Belén, nuestros chicos no están tan listos que podríamos preferir.  Ni estáis vosotros.  Ni estoy yo.  Así es el camino de la Ley: la expectativa es perfección, y no llegamos ni siquiera cerca de la perfección.   

     Pero, por el otro lado, es totalmente correcto hacer la confirmación de Juanmi y Sebas hoy.  Porque, al fin y al cabo, aunque no podemos ignorar la parte académica, la confirmación no es un logro nuestro, es un don recibido de Dios.  No es solamente Ley, es también Evangelio.  Confirmarse es simplemente confesar públicamente y personalmente el contenido de la fe bautismal, y la fe bautismal es un misterio, creado en nosotros por el Espíritu Santo.

     Hay contenido concreto, hechos y datos para aprender, pero al fondo, la confirmación no es alcanzar un determinado nivel de conocimiento.  La confirmación es nada más, y nada menos, que confesar públicamente tu fe en la persona y obra de Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo de María, y nuestro Salvador, una obra y fe recibida primeramente en el Bautismo, el lavamiento de gracia hecho por el Espíritu Santo. 

     Es importante que mantengamos un estándar, porque hacer diferente sería burlarse de Dios, y los cristianos no se burlan del Señor Todopoderoso.  Pero, al mismo tiempo, no es un título académico.  Los chicos no están terminando su educación, simplemente están confesando su fe, para acceder a la Santa Cena.  Y al fin, la capacidad de confesar la fe es un misterio, un misterio que nos da acceso a otro misterio, la Cena del Señor, donde recibimos todo el fruto de la obra de Dios hecho carne, Jesucristo. 

     Y estos son misterios que deberíamos poder entender mejor hoy, cuando celebramos de nuevo el Nacimiento de Nuestro Señor, el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, y colocado en un pesebre, una caja normalmente utilizada para alimentar a las ovejas y las vacas.   

     Nuestra falta de preparación adecuada no debería sorprendernos, porque nos parece claro que tampoco el Bebé de Belén estaba listo.  Este bebé, sin casa, sin poder, sin importancia, él no puede ser el Salvador, mucho menos el Dios encarnado; es incomprensible, ¿no?  ¿Cómo puede un niño, cien por ciento dependiente de su madre, defendernos del diablo, y de la propia justicia de Dios?  ¿Cómo puede un niño, sin la capacidad de hablar, ser a la vez el Verbo eterno, la Palabra del Padre, enviada para predicar buenas noticias de salvación a los pecadores?  No está listo, ¿verdad?  ¿Como pudiera ser?

     Pero este niño fue Dios hecho hombre.  Fue la Voz celestial, venido a anunciar el Evangelio, fue el creador y el sostenedor de toda la creación, y de toda vida.  Desde su nacimiento, y antes, aún en la matriz de María, nunca había un momento cuando Jesús no fuera Dios mismo.

     En un sentido, claro, el niño Jesús, recién nacido de María, no estaba listo para ser el Salvador.  Iba a necesitar la leche de tu madre, y el cuidado de su padre por adopción, José.  Tendría que fugarse con la Sagrada Familia a Egipto, y volver a Nazaret después de la muerte del rey Heródes.  Tendría que crecer, y esperar.  Pero al mismo tiempo, siempre fue el Todopoderoso.

     Y en esto, finalmente, vemos el amor de Dios, y su compromiso a nosotros, que el Padre quiso enviar su eterno y unigénito Hijo a pasar por toda esta humillación.  Vemos el amor de Dios en el hecho de que el Hijo quiso hacer todo esto, por amor a su Padre, y a nosotros pecadores.  Todo lo que experimentó, la humildad y la vergüenza, la necesidad y el cansancio, el sufrimiento, y la muerte, todo esto, y más, fue libremente elegido por Jesús, para servir… a ti.  Para hacerte listo para recibir su amor, su perdón, su justicia, y entrar finalmente en su reino celestial. 

     Al final, la confirmación, el acceso a la Santa Cena de los que fueron bautizados de niño, es muy sencilla.  Es la confesión de Jesús, la confesión de nuestra confianza, aunque a veces sea débil, de que, en Él, tenemos paz con Dios, a través del pleno perdón de nuestros pecados, logrado para nosotros en la Cruz.  La confirmación es la confesión que nunca pudiéramos lograr aun la mitad de lo necesario para ganar el perdón… por lo tanto, nunca pudiéramos hacernos listos.  Pero Jesús lo ha hecho completo, 100%, para nosotros. 

     Entonces sí, Seba y Juanmi están listos, porque Jesús ha puesto su nombre y su justicia sobre ellos.  Por ende, recibamos juntos hoy el mejor regalo de Navidad posible, el Bebé de Belén, quien es también el Hombre de Calvario, ya reinando encima del universo, quién también viene a nosotros en su Palabra, y bajo el Pan y el Vino, para hacernos preparados por su visitación,

en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.   



Sunday, July 1, 2018

Callaos; Echad la Red; No Teméis. (English version after the Spanish)


Quinto Domingo después de Trinidad
Callaos; Echad la Red; No Teméis.
     ¡Qué maravilla!  Durante muchos siglos el Espíritu Santo iba guiando a la Iglesia en la elección de nuestras lecturas de hoy.  Y todo el tiempo, tenemos que decir que el Señor tenía su ojo en este domingo, y en nuestra iglesia, para proveernos un conjunto de lecturas, lo cual llamamos “los propios del día,” que hablarían precisamente a nuestra situación actual.  
     No veo otra posibilidad.  Fíjate como nuestros “propios” de hoy aplican a nuestra actualidad como iglesia misional. 
     En nuestra lectura del A.T., tenemos a Elías, un predicador fuertísimo, audaz y poderoso en su ministerio, pero ahora agotado, desesperado, escondido en una cueva, buscando una salida de su vocación.  Elías solo pudiera ver su situación fatal; aparentemente no sabía que Dios estaba guardando todavía 7.000 Israelitas fieles. 
     Me pregunto si los 7.000 conocían los unos a los otros, o si ellos también, por causa de la soledad, apenas se aferraban a la fe.  Los 7.000 fueron unos pocos, esparcidos entre tanta gente, parientes y amigos, llamados igualmente por el Señor, pero gente que había salido del camino recto, siguiendo dioses falsos.
     Gracias a Dios, oímos también de las próximas generaciones de predicadores, de Eliseo, un joven que iba a continuar el trabajo, después de Elías.  Y, un milenio más tarde, de San Lucas, oímos de la vocación por Jesús mismo de Simón Pedro, un hombre maduro, que no buscaba una vocación nueva.  Oímos como el Señor escogió a este hombre común y simple, un hombre quien fue, según nuestro entendimiento, poco preparado para ser un predicador.  Pero, el Señor le escogió, y a sus compañeros, Juan y Jacobo.  “Te haré un pescador de hombres,” dice Jesús a Pedro, y por lo tanto, así es como es, no importa lo que pensemos.
     ¿Y qué de nuestra situación?  Seguramente, durante los 18 años de la misión, los luteranos en España se han regocijado en mucho; nunca deberíamos olvidar las alegrías.  Y no creo que queramos comparar nuestra situación a la de Elías e Israel, sufriendo bajo los ataques de los reyes malvados Acab y Jezabel.  No hemos sufrido así.  Pero la historia de la Iglesia Luterana en España tampoco ha sido fácil. 
     Creo que nuestros miembros, diseminado por todas partes de España, sepan algo de ser aislados y poco conectados. 
     También tenemos predicadores sirviendo en varias etapas del ministerio.  Tenemos por ejemplo: 
·       Un nuevo pastor, intentando descubrir el patrón de su ministerio, recientemente ordenado, pero a la vez, el hermano mayor de todos nuestros pastores. 
·       Un pastor con experiencia, que durante algunos años llevó mucha carga sin mucha ayuda, intentando servir entre golpes y fracasos fuera de su control.  Y estos dos, como San Pablo, realizan su servicio pastoral mientras también trabajan a tiempo completo.  
·       Para acompañarlos y ayudarlos, tenemos dos norteamericanos, todavía luchando para dominar el idioma, y comprender la cultura.  
     Finalmente, tenemos tres seminaristas, cada uno siguiendo un camino distinto al ministerio pastoral.  Tenemos:
·       Uno en formación “a distancia,” buscando tiempo para hacer las clases por internet, mientras trabajando, y siendo padre, y esposo… y catequista… y líder de una congregación. 
·       Otro hombre con mucha experiencia pastoral, pero en una iglesia distinta, un hombre familiarizado con luchas dentro del pueblo de Dios, entrando ahora mismo en un año más de formación intensiva, mientras continúa buscando opciones laborales que pudieran dejarle tiempo para servir a su nueva iglesia. 
·       Y finalmente, un joven, un hombre quien, para conseguir la mejor formación pastoral, está saliendo de su país, su cultura, y su entorno familiar, para realizar un vicariato con una congregación dominicana, y algunos estudios en el nuevo seminario luterano en Santiago.  
         Y todo este esfuerzo misional se ha realizado en España, donde mucha gente no quieren nada más que salir completamente de la iglesia, y otros que entienden un luterano como algo raro, pero más o menos igual a un pentecostal, un bautista, o aun igual a un mormón, o un testigo de Jehová.     
     Como decía el Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén, “nada hay nuevo debajo del sol.”  (Eclesiastés 1:9b)  El fiel predicador y los creyentes siempre van a recibir el rechazo de los sabios del mundo, que no quieren oír nada que no conforme a su entendimiento.  Más bien, demandan que la teología sometan a las últimas modas y los deseos bajos de los hombres, por ejemplo, cualquier de las muchas religiones de auto-justificación, o la religión secular de hoy, el cientificismo materialista y evolucionista, o la religión popular de la libertad sexual.
    El fiel predicador y los creyentes también sufrirán de los que solo quieren aceptar demostraciones de poder obvio, los que quieren encontrar a Dios en el viento que quiebra peñas, o en terremotos o en fuego ardiente, es decir, por ejemplo, ellos que buscan a Dios en grandes edificios, instituciones razonables y eficaces, o en movimientos populares. 
     Pero el Señor solo da a sus predicadores un silbo delicado, una predicación de locura.  Según las preferencias del mundo, la palabra de la Cruz, aunque la gritamos de las azoteas, no tiene más importancia que un susurro, menos poder que un murmullo de un niño.  Pero, lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.  Y por eso, predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.      
     Y, mientras predicamos y escuchamos a Cristo crucificado, aprendemos que nuestro Siervo Sufriente siempre ha sido con su iglesia, con sus creyentes, dondequiera se han sido encontrado.  El Señor siempre estaba con Elías y todos sus profetas, perseguidos por gobernantes viles y líderes religiosos diabólicos, hasta que Jesús mismo fue ejecutado por personas iguales. 
     El Señor estaba morando por la fe en el corazón de cada uno de los 7.000 fieles, agarrando a ellos en los momentos cuando su fe desmayaba, guardándolos para la vida eterna.  Fue el compromiso de Dios a ellos por la promesa de la circuncisión, y es su compromiso a vosotros, por la promesa mejor de vuestro bautismo, que es la circuncisión hecho no por manos humanas, sino la circuncisión del corazón, hecho por el Espíritu Santo. 
     El Cristo siempre estaba con Pedro, corrigiéndole y enseñándole como pescar, y al final, tomando su título de “hombre pecador,” colgando en la Cruz no como solo un pecador más, sino sufriendo allí como “el pecador de pecadores.”  Jesús fue completamente sin pecado, pero en amor, aceptó, para Pedro, y para nosotros, toda la deuda y todo el pecado que nos separaban de su Santo Padre.  No teméis: con, por, y en Cristo, tenéis pleno perdón y toda la bendición de Dios, eternamente. 
     Ciertamente hoy, por la Palabra designada, el Espíritu Santo tiene un mensaje particular para nosotros, los miembros y servidores de la Iglesia Evangélica Luterana Española:  Callaos; Echad la Red; y No Teméis.
     Callaos.  Cuando sentimos aislados, olvidados, o perseguidos, cuando dudamos nuestra vocación como cristianos, o cuando pastores actuales o futuros dudan la validez de su vocación para predicar, el Señor nos dice:  Callaos. Tranquilizaos. 
     Callaos, y escuchad mi voz apacible, la locura de la Palabra de la Cruz.  No es una palabra poderosa según el poder de hombres, pero tiene todo el poder de Dios, más que suficiente para llevarnos a la meta.  El Señor, crucificado y resucitado, es nuestra luz y nuestra salvación; ¿de quién temeremos?   
     Echad la red.  Cuando, por la falta del logro visible, lo cual nuestra carne pecaminosa siempre quiere ver, estamos tentados de diseñar un modo nuevo para crecer la Iglesia, el Señor nos manda:  Echad la red.  Echad la red que es red, es decir, echad la red que es la locura de la predicación de Cristo crucificado.  Echad la red del misterio de la promesa de la Santa Cena, y el lavamiento en agua que nos une a la muerte y la resurrección de Jesús.  Echad la red para el bien de los fieles creyentes, y también echadla a los perdidos.  Luego, dejad que el Señor llene su propio red, según su propio plan. 

     Y finalmente, no teméis.  El Señor, crucificado y resucitado, es nuestra luz y nuestra salvación; ¿de quién temeremos? Tendremos días de alegría, y días de lágrimas.  No os desmayéis ante dificultades, como si Cristo os hubiera abandonado.  Ni tampoco en los días buenos deberíais tener orgullo en vosotros mismos, como si habéis ganado algo por vuestro poder.  No teméis, sino recordad la Palabra de la Cruz, y hallad vuestro orgullo y confianza exclusivamente allí, porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios, y sabiduría de Dios.  Es nuestro sumo bien, y nuestra salvación completa, en el Nombre de Jesús, Amén.

Fifth Sunday after Trinidad
Be quiet; Throw the net; Do not fear.
     What a marvel! For many centuries the Holy Spirit was guiding the Church in the choice of our readings today. And all the time, we have to say that the Lord had his eye on this Sunday, and on our church, to provide us with a set of readings, what we call "the propers of the day," that would speak precisely to our current situation.

     I do not see another possibility. Look at how our “propers” today apply to our present reality as a missionary church.

     In our reading of the OT, we have Elijah, a strong preacher, audacious and powerful in his ministry, but now exhausted, desperate, hidden in a cave, looking for a way out of his vocation. Elijah could only see his fatal situation; apparently he did not know that God was still guarding 7,000 faithful Israelites.

     I wonder if the 7,000 knew each other, or if they too, because of loneliness, barely clung to the faith. The 7,000 were a few, scattered among so many people, scattered among relatives and friends, also called by the Lord, but people who had strayed from the straight path, following false gods.

     Thank God, we also heard from the next generations of preachers, of Elisha, son of Safat , a young man who was going to continue the work, after Elijah. And, a millennium later, from St Luke, we heard about the calling by Jesus himself of Peter, a mature man, who was not looking for a new vocation. We hear how the Lord chose this common and simple man, an man who, according to our understanding, was unprepared to be a preacher. But the Lord chose him, and his companions, John and James. I will make you a fisher of men, says Jesus to Simon Peter, and so, that's how it is, it does not matter what we think.

     And what of our situation? Surely, during the 18 years of the mission, the Lutherans in Spain have rejoiced in much; we should never forget the joys. And I do not think we want to compare our situation to that of Elijah and Israel, suffering under the attacks of the evil kings Ahab and Jezebel. We have not suffered like that. But the history of the Lutheran Church in Spain has not been easy either.

     I believe that our members, scattered throughout Spain, know something about being be isolated and barely connected. 

     We also have preachers serving in various stages of the ministry. We have for example:
  • A new pastor, trying to discover the pattern of his ministry, recently ordained, but at the same time the older brother of our pastors. 
  • An experienced pastor, who for years carried a lot of burden without much help, trying to serve between blows and failures beyond his control. And these two, like Saint Paul, doing their pastoral service while also working full time.
  • To accompany and help them, two Americans still struggling to master the language, and understand the culture.
     Finally, we have three seminarians, each one following a different path to the pastoral ministry.
  • One in formation "at a distance," looking for time to do the classes online, while working, and being a father, and husband ... and catechist ... and leader of a congregation.
  • Another one with a lot of pastoral experience, but in a different church, a man familiar with struggles within the people of God, entering now in another year of intensive formation, while continuing to look for work options that could leave him time to serve his new church.
  • And finally, a young man, a man who, to get the best pastoral formation, is leaving his country, his culture, and his family environment, to make a vicariate with a Dominican congregation, and some studies in the new Lutheran seminary in Santiago.
     And all this missionary effort has been carried out in Spain, where many people
want nothing more than to leave the church completely, and others that understand a Lutheran as something strange, more or less equal to a Pentecostal, a Baptist, or even the same as a Mormon, or a Jehovah´s Witness.

     As the Preacher, son of David, king in Jerusalem, said, "there is nothing new under the sun." (Ecclesiastes 1: 9b) The faithful preacher and the believers will always find the rejection of the wise men of the world, who do not want to hear anything that does not conform to their understanding.  Rather, they demand that theology submit to the latest fashions and the base desires of men, for example, any of the many religions of self-justification, or the secular religion of today, the materialistic and evolutionary  scientism, or the popular religion of sexual freedom.

     The faithful preacher and the believers will also suffer from those who only want to accept demonstrations of obvious power, those who want to find God in the wind that breaks rocks, or in earthquakes or in burning fire, that is, for example, those who seek God in great buildings, reasonable and effective institutions, or popular movements.

    But the Lord only gives his preachers a delicate whistle, a preaching of madness. According to the preferences of the world, the word of the Cross, although we shout it from the rooftops, has no more importance than a whisper, less power than a murmur of a child. But the foolishness of God is wiser than men, and the weakness of God is stronger than men. And so, we preach Christ crucified, for the Jews a stumbling block, and for the Gentiles foolishness; but for those who are called, both Jews and Greeks, Christ the power of God, and the wisdom of God.      

     And, as we preach and listen to the crucified Christ, we learn that our Suffering Servant has always been with his church, with his believers, wherever they had been found. The Lord was always with Elijah, persecuted by vile rulers and diabolical religious leaders, until Jesus himself was executed by equals.

     The Lord was dwelling by faith in the hearts of each of the 7,000 faithful, holding on to them at those times when their faith fainted, saving them for eternal life. It was His commitment to them by the promise of circumcision, and it is his commitment to you, by the better promise of your baptism, which is the circumcision made not by human hands, the circumcision of the heart, made by the Holy Spirit.

      The Christ was always with Peter, correcting and teaching him, and in the end, taking his place, and his title of sinful man, hanging on the Cross not as just another sinner, but suffering there as a sinner of sinners. Jesus was completely without sin, but in love, he accepted, for Peter, and for us, all the debt and sin that separated us from his Holy Father. Do not fear: with, for, and in Christ, you have full forgiveness and all the blessing of God, eternally.

     Today, by the appointed Word, the Holy Spirit has a particular message for us, the members and servants of the Evangelical Lutheran Spanish Church: Be Quiet; Cast the Net; and Do not Fear.

     1. Be Quiet:  When we feel isolated, forgotten, or persecuted, when we doubt our vocation as Christians, or when current or future pastors doubt the validity of their vocation to preach, the Lord tells us: Be quiet. Calm down.
     Be still, and listen to my peaceful voice, the madness of the Word of the Cross. It is not a powerful word according to the power of men, but it has all the power of God, more than enough to take us to the goal. The Lord, crucified and risen, is our light and our salvation; Whom shall we fear?  

     2. Cast the Net:  When, because of the lack of visible achievement, which our sinful flesh always wants to see, we are tempted to design a new way to grow the Church, the Lord commands us: Cast the net. Cast out the net that is my net, that is, cast the net that is the folly of the preaching of the crucified Christ. Cast out the net of the mystery of the promise of the Holy Supper, and the washing in water that unites us to the death of Jesus, and also to his resurrection. Cast out the net for the good of the faithful believers, and also cast it out to the lost. Then, let the Lord fill his own net, according to his own plan.


     3.  Do not fear. The Lord, crucified and resurrected, is our light and our salvation; Whom shall we fear? You will experience days of joy, and days of tears. Do not lose heart in the face of difficulties, as if Christ were leaving you. Nor in the good days should you take pride in yourself, as you have gained something by your own power. No, remember the Word of the Cross, and seek your pride and confidence exclusively there, because the word of the cross is madness to those who are lost; but to those who are saved, that is, to us, it is the power of God, and the wisdom of God. It is our highest good, and our complete salvation, in the Name of Jesus, Amen.