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Tuesday, July 23, 2019

Orar en el Nombre de Jesús - Sexto Domingo de Pascua – Rogate


Sexto Domingo de Pascua – Rogate
Orar en el Nombre de Jesús
Recitamos juntos del Catecismo Menor: La introducción y primera petición del Padrenuestro, con explicaciones, (página C-6 del himnario).

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

     Orar en el nombre de Jesús es orar como el bautizado. Porque fue en y a través del agua que él puso su nombre en ti, reclamándote como suyo, un hijo o una hija de su padre, incluso invitándote a orar a su padre como tu padre. ¡Y cuan grandes son las promesas que Jesús hace con respecto a tus oraciones!

     Este domingo, el sexto después de la Pascua, se llama en latín “Rogate,” el único domingo en la Pascua o la Cuaresma que no toma su nombre de las primeras palabras del Introito.  Rogate” viene del evangelio de hoy.  Significa “rogad,” o como tenemos en nuestra traducción, “pedid.” Pedid, y recibiréis.  

     Pero, quizás las promesas de Jesús te parecen demasiado Bueno para creer.  Tal vez tu experiencia en la oración te hace dudar lo que Jesús de verdad quisiera decir acerca de la oración en su nombre.  O peor, tal vez tus oraciones te conduzcan a dudar tu fe, tu lugar en el reino de Dios, puesto que tus oraciones no parezcan ser respondidas.

    Entender la oración, especialmente como Jesús la describe, es difícil. 

    Hace siete años, tuve un vicario quien, predicando en el mismo texto, confesó en el sermón su propia lucha en oración.  Él fue un buen hombre y tenía muchos talentos, pero había estado orando muchos años que el Señor le provea una esposa.  Se fue de su año con nosotros todavía soltero.  Pero, la próxima primavera, al mismo tiempo que estaba graduando de seminario y recibiendo su primera vocación al ministerio sagrado, a través de un sitio web para luteranos también conoció, se enamoró y fue comprometido a su futura esposa.  De su experiencia aprendemos dos realidades, primero, que el Señor normalmente responde a nuestras oraciones a través de medios comunes.  El rol del cristiano es orar, y es también trabajar, hacer lo que sea bueno y lógico en búsqueda de tus deseos.  Segundo, hace falta la paciencia.  El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza.  Pero nuestro horario no es suyo, ni es nuestro el mejor.  El Señor es fiel, cumplirá sus promesas, en su tiempo.

     Al mismo tiempo, es cierto que el Señor no nos vayan a dar cada cosa que tú y yo pudiéramos pedir.  Hay otro posible problema, que debemos considerar. 

     Orar en el nombre de Jesús, quien es Dios, es orar como los bautizados, puros y santos, renacidos de Dios, con corazones nuevos que desean todo lo que Dios desea.  Por ende, si estamos pidiendo algo malo, hay que decir que tal oración no sale de ti como un santo, de la nueva persona que Dios ha creado, sino esta petición viene de ti como todavía pecador.  Tal petición no es de verdad una oración en el nombre de Jesús, ni es santificar al nombre de su Padre. 
     Sencillamente, podemos decir que Dios no responde a nuestros rezos si son malos.  Si mis oraciones son motivadas por la codicia, el egoísmo o la lujuria, entonces ciertamente no son hechas en el nombre de Jesús, aunque yo diga esta frase para terminar mi oración.   Por lo tanto, un rezo habitual que necesitamos es que el Padre nos ayude para que no oremos palabras desconsideradas o perversas, para que nuestras oraciones de verdad santifiquen al Nombre de Dios.  

Recitamos juntos del Catecismo Menor: La segunda y tercera peticiones del Padrenuestro, con explicaciones. (página C-7 del himnario).

     Orar en el nombre de Jesús es orar por la Misión de Dios.  Como nos dice San Pablo hoy:  Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.  Y la verdad en la que nos regocijamos es que, en Cristo, hay salvación para todos, la que ha llegado a nosotros, y que Dios sigue ofreciendo a todos.  Venga a nosotros tu reino.  

     Orar en el nombre de Jesús es orar en unidad con Cristo.  Vosotros, los bautizados, habéis sido crucificado con Cristo, os habéis sido revestidos de Cristo, y habéis sido sellado con su Espíritu.  Por lo tanto, como Jesús ora, así también nosotros oramos.  Y la oración por excelencia de Jesús fue ofrecido en el Jardín de Getsemaní, cuando Jesús pidió a su Padre, que le quitara la Copa de Ira, la cual fue su sufrimiento inminente.  Pero, Jesús no terminó su oración allá. Continuó: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”  Hágase tu voluntad.  Por mucho que Jesús temía sufrir por los pecados de todo el mundo, todavía sometió su voluntad a la voluntad de su Padre.  Así también para nosotros, orar en el nombre de Jesús es siempre de acuerdo con la voluntad de Dios, y no la nuestra.  Hágase tu voluntad. 

     Oración en el nombre de Jesús es oración fiel que sabe que el Padre ha dado Jesucristo a la Cruz, para rescatarnos de una eternidad en el infierno.  Tal Padre, y tal Salvador, ahora resucitado y sentado a la diestra de su Padre, tal Dios nunca nos abandonará.  Nos dará su mejor, a pesar de que, como en la imagen de Cristo agonizando en la Cruz, muchas veces es difícil ver el bien en la forma externa de una cosa.  Pero, descansad tranquilos.  Así como la Cruz es de verdad un cuadro del amor de Dios para con toda la humanidad, así también la voluntad de Dios es siempre mejor para ti que la tuya.  Dios nos puede llevar a situaciones desconocidas y temibles, pero estará con nosotros, y nos llevará a su hogar celestial, pase lo que pase.

     Orar siempre “hágase tu voluntad” es realmente muy libertador.  Orar así es reconocer que somos al mismo tiempo santos y pecadores, que de vez en cuando erraremos con nuestras peticiones, debido a nuestra debilidad, o simplemente nuestra falta de entendimiento.  Al mismo tiempo, estamos libres para pedir cualquier cosa buena, confiando que al Padre le encanta dar regalos buenos.  ¡O él nos dará lo que pedimos, o algo mejor!  Después de todo, él ya nos ha dado a Jesús.  Orar en el nombre de Jesús nos ayuda mirar al futuro con confianza, y vivir con alegría, no importa si hoy vivamos en riqueza o pobreza, salud o enfermedad, porque ya sabemos como la historia de Jesús termina, la cual es también nuestra historia.

Recitamos juntos del Catecismo Menor: La cuarta y quinta peticiones del Padrenuestro, con explicaciones. (página C-7, 8 del himnario).

     Orar en el nombre de Jesús es orar honestamente.  Esto es bastante fácil en relación con nuestro pan de cada día, puesto que estamos siempre llegando a tener hambre.  Desde luego, necesitamos ayuda para que recordemos dar gracias a Dios, de quien recibimos cada bien, material, emocional o espiritual. 

     Pero más difícil es ser honestos sobre nuestro pecado.  Por esta razón, justo en el centro del Padrenuestro, Jesús nos enseñó a decir, “perdónanos nuestras deudas,” nuestros pecados.  Perdónanos Señor, porque todavía somos pecadores.  Orar en el nombre de Jesús en esta vida, como santos-pecadores, es siempre orar en arrepentimiento.  Oración en el nombre de Jesús es siempre humilde, nunca orgullosa, nunca es auto promoción, más bien es siempre como oró el publicano:  Señor, ten piedad de mí, el pecador.” 

     ¡Y lo tiene!  El Señor siempre tiene piedad de nosotros, por el amor de Jesús.  Siempre debemos orar en arrepentimiento, y podemos orar en arrepentimiento, y al mismo tiempo con confianza y gozo, porque Dios nos ha quitado todos nuestros pecados, en Jesús. 

Recitamos juntos del Catecismo Menor: La sexta y séptima peticiones del Padrenuestro, con explicaciones.  (página C-8 del himnario).

Esta vida está llena de tentaciones.  Satanás quiere que sometamos al mal, que entraríamos en el mal como si nunca fuéramos bautizados y rescatados por Cristo.  El Señor nos deja pasar por las tentaciones, con la esperanza y expectativa que se conviertan en pruebas leves, porque Él está con nosotros, y siempre nos ofrece la vía de escape, la cual es Cristo mismo, nuestro defensor.  Esta lucha diaria, contra el diablo, el mundo y contra nuestra restante pecaminosidad, es más que demasiado para nosotros.  Por esto Jesús nos enseña orar por la ayuda de su Padre, que no nos deje caer.  Esto es orar en el nombre de Jesús. 

     Y gracia sobre gracia, que bondad sin fin: aunque no deberíamos caer en la tentación, aunque Dios sería totalmente justo si nos rechazara por nuestras caídas diarias, el Señor no es así.  Aun conociendo nuestra debilidad y el hecho de que no íbamos a parar pecando, sin embargo, Jesús nos enseña orar: “mas líbranos del mal.”  Como al principio, igual cada día y hasta la línea de meta, nuestra salvación es obra divina, un rescate que Dios mismo lleva al cabo, o nunca llegaremos.  No somos inertes, como una piedra o un tronco que no contribuyen nada a su movimiento.  No, en Cristo vivimos, y participamos activamente en la vida cristiana, luchando cada día.  Pero nuestra salvación no viene de nuestra lucha.  Alabanzas a Dios por esto, porque nuestra lucha no es tan impresionante. 

     No, nuestra victoria sobre el mal es ya terminado, en y por Cristo.  Su vida de amor y buenas obras es nuestro mérito ante el Padre.  Su sacrificio y sufrimiento en nuestro lugar es nuestra absolución y justicia ante el Padre.  En Él, por Él, y con Él, el diablo, el mundo y nuestra carne pecaminosa son derrotados, y nuestro futuro es seguro.  Mientras vivimos aquí, en un mundo que proclama cada día un mensaje completamente opuesto a este Evangelio, necesitamos oír la promesa una y otra vez.  Nuestra petición para libertad del mal es un sermón pequeñito cada vez que la rezamos, porque esta libertad ya es un hecho, en Él que nos enseño orar en su nombre, Cristo Jesús.   

Recitamos juntos del Catecismo Menor: La conclusión del Padrenuestro, con explicación.  (página C-9 del himnario).

     Orar en el nombre de Jesús es dar el “Amén” a todo lo que Él ha hecho y dicho.  Amén es una palabra hebrea, que ha venido al latín, el griego, el inglés, y el español con un sonido más o menos igual como era en hebreo.  Dependiendo en el contexto, “Amén” significa “de cierto, de cierto” o aun “yo creo.”  Es la respuesta de fe a la Palabra de Dios, la afirmación alegre del Pueblo de Dios al Evangelio.  Es el privilegio de la congregación de decirlo, varias veces en el curso de la liturgia, y en cualquier momento cuando algo verdadero ha sido proclamado.  Cuando el pastor distribuye el cuerpo y la sangre de Cristo, el comulgante puede decir: Amén.  Igualmente, en la despedida de la Santa Cena, cuando el Pastor dice “El cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo os fortalezca y os guarde en la verdadera fe, en cuerpo y en alma, id en paz,” es el privilegio de los fieles responder con un fuerte “Amén.”    

     Así también, terminamos el Padrenuestro con “Amén,” confiando en todo que nuestro Jesús nos ha dado a orar, en su Santo Nombre, Amén. 


Monday, October 29, 2018

La Historia de la Libertad - Sermón para la celebración de la Reforma


Día de la Reforma 2018
La historia de la Libertad
Juan 8: 31-36                           

     Cada uno de nosotros tiene una historia que contar acerca de nuestras vidas.  Tal vez el punto de incepción de mi historia sería el día, unos días antes de la boda de mis padres, cuando mi padre fue bautizado por el pastor de mi madre, en la Iglesia Luterana San Juan, en South Branch, Minnesota.  El Señor llevó a cabo este bautismo y matrimonio hasta los días en que mis progenitores, primero mi padre, y 15 años después mi madre, se fallecieron en la fe.  Mi historia, y la de mi familia es inseparable de la historia de la iglesia luterana.  A veces mi participación fue con alegría, a veces con poco afán y consciencia.  En otros momentos mi vida fue definida por un cierto rechazo y distancia de la iglesia luterana, y, eventualmente, llegué a ser un servidor de la misma.

     Tengo preocupaciones sobre cómo mis hijos van a contar nuestra historia a mis nietos.  La fe tiene que ser transmitido de generación a generación, siempre hay riesgo de fracaso. 

     Además, la historia no es muy de moda hoy.  Como alguien dijo - "Parece como si el mundo hubiera perdido su historia."  Bueno, el diablo siempre ha estado intentando distorsionar la verdad de la historia, pero hoy parece que el maligno ha logrado mucho en este ataque.  ¿Cuántas personas entienden de verdad la historia española, o la de la iglesia cristiana?  ¿Cuántas puras falsedades están aceptados por la mayoría?  Hoy, más que nunca, practicamos una idolatría del momento, es decir, que ahora mismo y el nuevo son nuestras únicas intereses, hasta el próximo momento y la próxima novedad. 

     Pudiéramos culpar al internet por esta tendencia.  Pero, al final el mundo ha perdido su historia porque ha perdido su conexión con la historia bíblica - la historia de la fe.  Un ateo puede creer que la historia relacionada en la Biblia es una fábula, pero, esto no cambia la realidad de que toda la historia de la raza humana, de toda la creación, viene de Dios y sus acciones. 

     Aun muchos cristianos han perdido su identidad porque no conocen la historia de la Biblia.  ¿Podría ser que la iglesia está en peligro de perder su historia?  Tal vez.  En este día en el que celebramos la Reforma, este es un pensamiento serio.

     Martín Lutero ciertamente conocía la historia bíblica - una de las razones principales por las que comenzó la Reforma fue la discordancia que Lutero vio entre lo que leía en las Sagradas Escrituras y lo que enseñaba la iglesia romana.  Conocer y proclamar fielmente la historia de salvación es fundamental a la Reforma Luterana.  ¿Pero, han olvidado los luteranos de hoy su historia, de dónde vienen, y quiénes son?  ¿Estamos manteniendo, con Lutero y la iglesia de todas las edades, la confesión verdadera de Cristo?  ¿Qué creemos sobre Jesús, de quién es este Nazareno, y de cómo nos salva de nuestros pecados?  ¿Creemos que Cristo está de verdad presente entre nosotros en el mundo de hoy, en la predicación, en los sacramentos, con los ángeles y arcángeles y toda la congregación de los cielos, regocijándose en la salvación de Dios?

     Como luteranos tenemos una historia distinta para proclamar al mundo - una historia sangrienta - una historia sobre una cruz - una historia acerca de una tumba vacía.  Es la historia de la libertad.  El Evangelio de San Juan es la historia de Jesús - la historia de la iglesia - la historia del mundo -- nuestra historia.  ¡Verdaderamente, Juan tenía una historia fantástica para contar!

     Su Evangelio cuenta una historia controvertida - sobre el escándalo de Dios que se hace carne – que fue una tontería al mundo greco-romano, y una historia sobre la vergüenza de la crucifixión – difícil para todos, pero especialmente para los judíos.  ¿Cómo pudiera ser que el Salvador, el Mesías enviado de Dios mismo, sufriría y se muriría?  ¡Y por el modo peor de todos!

     Juan cuenta una historia sobre el milagro de la resurrección - una historia de perdón – la que es la historia de la libertad de la esclavitud, ganada para nosotros, por un adalid quien no quisimos.

     Es como cuando Jesús dijo a los judíos, que habían creído en Él - " Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres."  Pero los judíos no aceptaron la historia de Jesús acerca de la libertad, porque no quisieron aceptar que eran esclavos.

     ¿Y quién querría confesar ser un esclavo?  Siempre que podamos fingir ser libres, sin amo, jefes de nuestro propio destino, lo haremos, ¿no?  ¿Cómo puede Jesús liberar a esclavos que niegan su propia esclavitud?  Primero, tendrá que proclamar la realidad de nuestra esclavitud.

     Los judíos rechazaron rotundamente su proclamación de la libertad:  "Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie.  ¿Cómo dices tú: Seréis libres?"  Los judíos estaban pasando por alto la realidad de que los Romanos ejercían una autoridad autocrática sobre Israel, y los Romanos fueron solamente el último de una serie de amos extranjeros.  En el curso de su historia, los judíos había sido esclavos más tiempo que no, empezando en Egipto. Además, Jesús no estaba hablando de esclavitud terrenal. 

     Por lo tanto, para intentar rescatar a los judíos, y a nosotros, Jesús tiene que declarar una palabra durísima:  De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.  Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.

     Es la cuestión crucial para los judíos, y para nosotros.  ¿Vamos a vivir en la esclavitud, o vamos a invocar a Jesús, quien vino para rescatarnos de nuestros pecados?  El perdón de nuestros pecados es la única fuente de liberación de la esclavitud.  Y este perdón está hallado solamente en la carne de Cristo mismo - esto es la historia que Jesús proclama.

     Los judíos estaban contando, y creyendo, una historia diferente - que ellos eran ya los hijos de Abraham - que su historia era la historia más antigua del mundo - que la libertad vino de su identidad como judíos, a través de la genealogía, por derecho de nacimiento y sangre humana. 

     Los judíos creían una historia falsa.  La salvación es la obra de Dios, es un don.  Por nuestra parte, por causa de nuestro pecado, no contribuimos nada.  Tristemente, creyendo una historia falsa, los judíos quedaban fuera de la casa del Padre.    

     Jesús, el Mesías prometido, también contaba la historia del mundo a través de Abraham - que el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham fue Jesús mismo - que la salvación estaba abierta a todos, judíos y gentiles, que los hijos verdaderos de Abraham no fueron por sangre humana, sino más bien por compartir la fe de Abraham, su fe en la promesa del Cristo porvenir, quien ahora había llegado, en la persona de Jesús.

     Creer que Jesús es el Cristo te hace un hijo de Dios, y cualquier hijo o hija de Dios permanecerá en su casa para siempre.

     La historia de Jesús es difícil de entender y aceptar, por un lado, porque esta historia nos acusa de ser pecadores sin ningún mérito propio, y por el otro, porque la culminación de esta historia es la Cruz. 

     Pero para todos que continúan mirando y escuchando a Jesús, queda el descubrimiento que la Cruz, la que es el momento de lo peor agonía y sufrimiento, es también el momento en que Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, revela su gloria, a través de revelar su amor, amor aun para sus enemigos, incluso hasta el sacrificio del Hijo eterno, para conseguir la libertad de todos.

     Nuestra libertad se produce en el punto más bajo de la humillación de Jesús – lo que para Dios es el momento de gloria.  Por ende, el evento de la cruz y la resurrección es el corazón de nuestra historia - la historia de la libertad.

     La libertad viene a través de la sangre, pero no cualquier sangre.  Solo viene a través de la sangre derramada en la madera de ese árbol, la sangre restaurada en la tumba vacía, la sangre de su cuerpo roto en la muerte y su sangre derramada para el perdón de nuestros pecados.  Como dice San Pablo -- "Porque todas las veces que comáis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga."  Fijaos:  Proclamáis juntos, en el acto de comulgar en la Cena del Señor, que Dios en Cristo ha liberado al mundo de la esclavitud eterna.

     Las últimas palabras de Jesús a nosotros hoy son un lema de la Reforma:  "Por lo tanto, si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres." La libertad es la historia de la Reforma - la historia que los luteranos tienen para compartir con el mundo - la libertad a través de la carne y sangre de Jesucristo, la libertad que es un don sin precio para nosotros pecadores.  Esta bella historia de la salvación se cuenta aquí en esta iglesia.  Aquí es donde Dios habita con su libertad.

Hoy, Jesús tiene un mensaje para cada uno de vosotros –
          "He quitado de tus hombros la esclavitud de tus           
               pecados."         
"¡Te he hecho libre con el perdón de los pecados!"
          "Este pan es mi cuerpo,
               esta copa es el nuevo pacto en mi sangre"
          "Come, bebe y recibe la liberación de sus pecados"
          "Come y bebe -- eres libre."

¡Qué historia que contar - la historia de libertad para todos,
     en Jesucristo nuestro Señor! Amén

Wednesday, July 26, 2017

Libro de Odio y Amor, Muerte, y Vida

Libro de Odio y Amor, Muerte, y Vida

     Una pregunta:  ¿Odias el Catecismo? 

     Siempre hay enlaces entre las lecturas de un domingo en el calendario litúrgico y el Catecismo de Lutero.  Pero hoy, con los Diez Mandamientos desde Éxodo 20, el discurso de San Pablo sobre el Bautismo en Romanos 6, y las enseñanzas de Jesús en Mateo 5 sobre el entendimiento correcto de la Ley, los vínculos con el Catecismo son más que obvios.  

     Nuestras lecturas de hoy van bien con mis actividades recientes.  El fin de semana pasada, hablé por 3 o 4 horas sobre el Catecismo con una familia peruana que ha sido asistiendo al culto con la congregación Emanuel en Madrid.  Ayer hablaba con Seba y JuanMi, para probar su entendimiento del Catecismo Menor, para que Antonio y yo podamos planificar los próximos pasos en su enseñanza.  Es normal que yo esté ocupado con el Catecismo; es una herramienta básica de un pastor luterano, porque el Catecismo viene de las Escrituras, la fuente de toda enseñanza en la Iglesia.  El Catecismo tiene su valor en que nos ofrece un resumen fiel de las doctrinas fundamentales de Cristo. 

     Me encanta conversar y estudiar la Palabra de Cristo a través del Catecismo.  Excepto cuando lo odio. 

     Siempre nuestra relación con el Catecismo es una de amor y odio.  Y no es simplemente porque a veces los pastores y catequistas no presentan el material en un modo perfectamente dinámico e interesante, aunque a veces sí, esto puede ser un problema.  Los maestros deberían hacer su trabajo bien, y los alumnos deberían tener paciencia, y buscar más allá de lo superficial, recordando que estudiar el Catecismo es algo importantísimo.  Pero, aun cuando la presentación del Catecismo es fenomenal, pedagógicamente, todavía vayamos a tener una relación de amor y odio con él.  O mejor, por la gracia de Dios, tendremos una relación de odio, y entonces amor. 

     La razón está dentro del texto de los Diez Mandamientos:  Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. 

     El Señor nos habla de dos opciones, el camino del aborrecimiento, u odio, y el camino del amor.  A nosotros, los días son siempre una mezcla de odio y amor:  Yo odio despertarme por la mañana, pero siempre me ha gustado mucho ver a mis amigos, sea en el trabajo, o en el mercado, en el cole, o en la universidad.  Por eso salgo de la cama.  Odio fregar los platos, pero me encanta comer una comida buena, así entonces acepto el mal con el bien.  Pero Dios no quiere mezclar odio y amor.  Él dice, “O me amas, o me odias, y volveré lo mismo a ti.” 

     Pues, a Dios amemos, hermanos, para vivir.  Sin problema, ¿no?  Excepto que Dios ata el amor a Él con el cumplimiento de sus mandamientos.  Hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.  Ahora vemos el problema.  Puedo concordar en el valor y la justicia de los mandamientos.  En mis mejores momentos, quiero seguir en su camino recto.  Pero no puedo cumplir los mandamientos, especialmente en el modo que Jesucristo nos demanda.  Porque el Hijo de Dios, enseñando a las multitudes en Galilea, hace muy clara que su estándar es uno de cumplimiento por afuera, en las acciones visibles, y por adentro, en la mente y el corazón. 

     Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 

    Según este estándar, soy asesino, todos los días.  ¿Y vosotros?  Cada vez que pensamos mal de nuestro esposo, de nuestros padres, hermanos, o de un vecino, según la ley, somos culpables de matar.  Si continuamos leyendo en Mateo 5, vamos a ver que Jesús hace lo mismo, subiendo el estándar de la ley, con todos los mandamientos. 

     Por ejemplo, el Señor dice:  Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.  28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón…
    También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.  32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio…
   Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.  44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos…

     La Palabra de Cristo es demasiado para nosotros.  Por eso, es normal que, junto con el aprecio por la sabiduría, utilidad y hermosura del Catecismo, y de toda la Palabra de Dios, también sentimos miedo y malestar por estudiarlos.  La ley, es decir, los mandamientos, siempre nos acusan, porque siempre fracasamos en cumplirlos.  Moisés nos dio una lista de leyes que realmente no podemos guardar.  Jesús las eleva a un nivel que destruye cualquier esperanza que tuviéramos para ser justos por la obediencia. 

     Es natural que, enfrentando estos requisitos radicales, sentimos mal, y empezamos de odiar a esta Palabra.  Si me vas a matar, ¿cómo no te odiaré?  Yo odio a mi situación miserable, y temo que mi aborrecimiento podría llegar a ser dirigido al Señor mismo.  Me gustaría vivir, pero por mi pecado, que recibe poder desde la Ley, estoy destinado a morir. 

     La Ley de Dios es imposiblemente exigente.  Como dice Jesús, os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.  Entonces, por la ley, y por nuestra incapacidad de cumplirla, tenemos que morir.  No hay otra opción. 

    Pero ¡ánimo! ya habéis muerto.



     ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nuevaRecurrimos en fe a la obra de Jesucristo, quien murió y resucitó logrando el perdón y salvación de todo el mundo.

     A nadie le gusta la desesperación que nos viene cuando la Ley de Dios nos está amenazando.  ¿Pero sabes que a Dios tu situación es aún más inaceptable?  Eres su favorito, de todas las criaturas, y el Señor no acepta que seas perdido. 

     Nosotros pensamos de cómo podamos evitar la Ley y nuestra culpa.  Cristo Jesús no vino para evitar nada, más bien para cumplir su propia Ley y tragar nuestra culpa en su propio cuerpo.  Nuestro viejo hombre, es decir nuestra naturaleza pecaminosa, que nos hace incapaces de cumplir la ley, fue crucificado juntamente con JesúsÉl no estaba colgando en el madero cruel para sí mismo, porque nunca pecó.  No tenía ningún culpa.  Estaba en la Cruz en nuestro lugar, por nuestra culpa, y para nuestro bien. 

     Así, el cuerpo del pecado ha sido destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.  Dios nos ha salvado, no para vivir en pecado, sino para que vivamos como Cristo, como cristianos.  Y esto podemos hacer no de nuestra propia fuerza, pero únicamente a través de una conexión íntima a Él, a Cristo.  Porque solamente Cristo murió para los pecados del todo el mundo.  Solo Cristo ha resucitado para revelar la justicia de Dios, que es su regalo a los pecadores. 

     Esto es una Palabra salvadora, porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.  En Cristo, hemos sido declarado inocente, por Dios.  Si morimos con Cristo, y ya lo hemos hecho en nuestro Bautismo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él, ni de nosotros

     Porque, como es para Cristo, también es para los suyos.  Porque en cuanto Jesús murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.



     La meta de la fe es Cristo, es decir, la vida cristiana en este mundo caído no es el último, sino el penúltimo.  Los cristianos, porque somos vinculados al Crucificado, llevamos varias cruces en esta vida, por la buena voluntad de Dios.  Y la primera cruz de cada creedor bautizado es nuestro propio pecado, que todavía agarre a nosotros.  Cuanto más cerca a Cristo estamos, lo más sentimos nuestro pecado.  Porque ahora, en Cristo, tenemos un amor verdadero, aunque todavía imperfecto en nosotros, un amor para nuestros prójimos, y también para los mandamientos de Dios, que son justos y buenos.     

     Entonces, esta es la forma de la vida nueva:  un recorrido diario al bautismo, hecho por la Confesión y Absolución, que es la práctica del Bautismo, el ahogado diario del hombre viejo, para que el hombre nuevo, la nueva persona cristiana, pueda salir y resucitar, para vivir ante Dios en la justicia de Cristo Jesús.  

     Viviendo en arrepentimiento, a la misma vez nos regocijamos, porque la Ley ya ha sido cumplido, en Cristo Jesús, en su vida perfecta de amor a Dios y a sus prójimos, y en su muerte expiatoria, en nuestro lugar.  Consumado es, dijo Jesús desde la Cruz.  Es decir, la Ley de Dios es cumplido perfectamente, en Cristo, Dios hecho hombre.  Ahora, el Amor y la Vida de Dios son nuestros, revelados en su gloriosa resurrección. 

    Viviendo en Cristo, todo es diferente.  La vida cristiana es la vida de amor, la vida sin temor.  Es solo posible cuando practicamos el Bautismo, pero en este, es garantizada.  Como bien sabemos, si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.  Pero, si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.  1 Juan. 1:8-9

     Siempre dentro de nosotros existe la tendencia de evitar la Palabra, en la Biblia, y en el Catecismo.  Porque sí, siempre la Ley nos acusa.  No es cómodo de ninguna manera.  El mundo, evitando cualquier cosa desagradable, y también sirviendo las metas de Satanás, siempre nos dice que la Biblia está equivocada.  El mundo nos dice que, por si acaso hay un Dios, seguramente no sea tan exigente. 

     Pero ya sabemos esta prédica es mentira, porque en Cristo vemos que la Ley de Dios es bueno y nos sirve.  Además, sabemos que siempre vale la pena de oír y estudiar y orar y meditar sobre la Palabra, porque, junto con la Ley que nos acusa, presente en la Palabra está Cristo mismo, listo para rescatarnos, una y otra vez.  

     ¿Necesitas más fuerza para la vida cristiana?  Jesús ya lo sabe.  Por esta causa, nos dio la Santa Cena también.  O mejor decir, por esta causa Cristo nos da la Cena, hoy, la Cena en que Él es anfitrión, y también en que nos ofrece su propio cuerpo y sangre, para perdonarnos y darnos fuerza, hasta que nos otorgue liberación, paz y salud perfectas.  Esto es la meta que ya podemos ver en Cristo, crucificado, resucitado y ascendido a los cielos:  Liberación final y perfecta del pecado y la culpa y el odio; la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento; y la salud perfecta y eterna, viviendo en su santa y amorosa presencia, por los siglos de los siglos, Amén.   




Wednesday, November 18, 2015

Nuestra Voz Contra el Mal


Rouault - Jesús antes Pilato
  Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí.   Pilato entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. San Juan 18:36-37

     Los atentados en Paris nos ofenden, nos confunden, nos asustan, y, nos exigen una respuesta.  Como dijo el mensaje que Erica compartió con nuestro grupo WhatsApp que se llama Luteranos en Madrid, (se puede ver el mensaje abajo, al fondo de este ensayo), no es correcto que seamos silenciosos en frente de estos actos salvajes.  Como humanos, como ciudadanos de países democráticos y libres, y especialmente como cristianos, viviendo libre en la gracia de Cristo, queremos y debemos, al menos, hablar contra este malvado. 

     No tengo una solución sencilla.  No sé el camino que deben seguir los líderes nacionales, ni como cada cristiano debe responder.  Pero sí tengo algunos pensamientos, algunas doctrinas bíblicas, que nos pueden ayudar pensar en lo que debemos hacer en este momento, y en cada día que nos da Dios en nuestras vidas. 

     Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo.  Sería fácil decir que las palabras de Jesús, dicho al gobernador Poncio Pilato, nos dan la regla que los cristianos no deben pensar o actuar en los asuntos de los reinos de la tierra.  Pero esto sería un error, porque también en la Santa Biblia Dios nos enseña: Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación.Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella, pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. Romanos 13:1-4 

     También en Mateo 22 leemos: Entonces [Jesús] les dijo: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.  Y otra vez, San Pablo dice: Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad. 1 Timoteo 2:1-4

     Claramente, hay una diferencia grande entre el reino de dios y los reinos, o las autoridades, de este mundo.  Pero ambos son dones de dios, y como cristianos todavía viviendo en este mundo, tenemos responsabilidades a cada uno.  Podríamos estudiar esta doctrina por años, pero por ahora, intentaré a explicarla sencillamente.  Como Lutero enseñó, en el universo hay dos gobiernos, el gobierno de la mano derecha de dios, que es el reino de gracia que manifiesta en la iglesia de cristo, y el gobierno de la mano izquierda de Dios, que es su medio de limitar al mal en el mundo y proveer bienes a la gente.  Dios los completa por las autoridades gobernantes legítimas.  No hay salvación en el gobierno de la mano izquierda, solo limitación del mal y suministro de bienes al mundo.  Pero estos sirven al gobierno de la mano derecha, que es la Iglesia, porque la Iglesia puede proclamar el evangelio más cuando hay orden y paz.

     Entonces, es un deseo correcto cuando queremos que los gobiernos tomar decisiones y acciones para controlar entidades malvadas como el Daesh, (el Estado Islámico).  Y todos los ciudadanos cristianos, de acuerdo con su vocación, puede servir en este esfuerzo.  Un soldado cristiano puede servir en una guerra justa para controlar el malvado.  También, como ciudadanos en países democráticos, tenemos cada uno un papel en nuestro gobierno.  Es recto que usamos nuestra voz para llamar a los líderes que tomen acciones correctas.  Solo debemos tener cuidado que nuestras palabras y acciones en el servicio de las autoridades mundiales no rompen o deniegan la Palabra de Dios, y que no empecemos pensar que nuestra salvación depende en las cosas de este mundo.  Debemos orar para el gobierno, servirlo, y como ciudadanos en democracias, participar en el debate.  Pero nunca debemos engañar a nosotros mismos para pensar que vamos a quitar el mal del mundo.  Es posible limitar el mal con las fuerzas de hombres, pero no es posible quitarlo del mundo.  Esto no es posible porque dentro de todos nosotros hay deseos malvados, hay pecado.  Podemos y debemos luchar contra el pecado que todavía existe en cada uno de nosotros, pero tenemos que confesar que no tenemos el poder para destruirlo.  Solo hay uno que puede destruir el pecado y el mal.  Y Él ya lo ha hecho, para nosotros, en su propio cuerpo, en la cruz.    

     Esto es el mensaje que pertenece solamente a la Iglesia de Jesucristo.  Él es el hombre poderoso quien ha entrado en la casa de Satanás para atarle, y le ha quitado todo su poder.  Esto es la razón que Jesús no dijo nada en su propia defensa en el corte de Pilato: la cruz fue su objetivo.  Solo Jesús, el Hijo de Dios, tenía el poder de recibir todo el mal del mundo.  Solo Cristo tenía el poder de llevar todo el pecado del mundo a su cruz.  Y ya su objetivo está logrado.  Nuestra deuda está pagado, completamente.  La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado.  El reino de Dios es algo completamente diferente, un reino ganado por muerte, un rey que ofreció a sí mismo como sacrificio, para salvar a sus enemigos.  Todos que oigan y crean las buenas noticias del perdón en su sangre reciban este perdón, y con perdón, también la justificación, el juicio de ser inocente, y la promesa de vida eterna.    

     El reino de Dios, el gobierno de su mano derecha, es solamente por la gracia.  La única arma que tiene la Iglesia es la Palabra de Dios, la Ley que nos revela nuestros pecados y nuestra necesidad de un Salvador, y el Evangelio, que nos da Cristo Jesús por fe.  La tarea de la Iglesia, y la primera preocupación de cada cristiano, es que este mensaje sea declarada, para mantener nuestra fe, y para que el Espíritu Santo puede usar la proclamación de Cristo para convertir y salvar aún más pecadores. 

     Entonces, como ciudadanos del reino de Dios, bautizados y creyentes, cada uno de nosotros tiene un papel, de acuerdo con nuestras vocaciones, en esta tarea de la Iglesia. Cada uno de nosotros necesita recibir los dones de Cristo, y por eso congregamos en torno a la Palabra y los Sacramentos, los medios de gracia por cuales Dios nos entrega el evangelio.  Cada uno de nosotros tiene una parte de la responsabilidad de mantener el trabajo de la iglesia, con nuestras oraciones, ofrendas, tiempo, y capacidades. Cada uno de nosotros también tiene oportunidades, para amar, y confesar la fe, a las personas con quien Dios nos da la oportunidad.    

     En el mundo de hoy, es más importante que nunca que la Iglesia rellena su papel para amar a nuestros prójimos, como individuos, y colectivamente.  Es siempre importante, porque es la voluntad de Dios.  Pero también es especialmente importante hoy, porque en este mundo de guerra y violencia y desconfianza entre pueblos y naciones, nadie quiere oír en mensaje de la Iglesia.  Especialmente hoy, es por actos de amor que ganaremos oportunidades de confesar la esperanza que tenemos en Cristo.  Y solamente en Cristo hay una solución al malvado, muerte, y violencia. 

     Rogamos, entonces, que Dios nuestro Padre, por causa de su amado Hijo, nuestro Señor, nos dé paz, en el mundo, sí, pero aún más en nuestros corazones, la paz de Cristo que sobrepasa todo entendimiento, y que nos da ánimo para amar y confesar, a nuestros vecinos, y aún a nuestros enemigos.  Al fin, solo esta voz, la voz de la Iglesia, la voz de gracia, tiene el poder de perdón y salvación.  Que Dios nos dé esta voz, por Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos, Amén   

Abajo está el mensaje que motivó mi respuesta.  Espero que mis palabras nos ayuda comprender correctamente el mensaje abajo, y aún más nos ayuda entender nuestra vida cristiana en todos los días.


EL SILENCIO

(El autor de este mensaje es el Dr. Emanuel Tanay, nacido en 1928, judío sobreviviente del Holocausto, y conocido y muy respetado psiquiatra forense radicado en los EUA).

Un hombre, cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial, fue propietario de una serie de grandes industrias y haciendas. Cuando se le preguntó ¿cuántos de los alemanes eran realmente nazis?, la respuesta que dio puede guiar nuestra actitud hacia el fanatismo.
"Muy pocas personas eran nazis en verdad" dijo, "pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que sólo pensaba que los nazis eran un montón de tontos.
Así, la mayoría simplemente se sentó a dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo. Terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas...

Se nos dice que la gran mayoría de los musulmanes sólo quieren vivir en paz. El hecho es que los fanáticos dominan el Islam, tanto en este momento como en la historia. Son los fanáticos los que marchan. Se trata de los fanáticos los que producen guerras. Se trata de los fanáticos los que sistemáticamente masacran cristianos o grupos tribales en África y se van adueñando gradualmente de todo el continente en una ola islámica. Estos fanáticos son los que ponen bombas, decapitan, asesinan. Son los fanáticos los que toman mezquita tras mezquita.

Se trata de los fanáticos los que celosamente difunden la lapidación y la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. Se trata de los fanáticos los que enseñan a sus jóvenes a matar y a convertirse en terroristas suicidas. El hecho cuantificable y duro es que la mayoría pacífica, la "mayoría silenciosa" es intimidada e imperceptible.

La Rusia comunista estaba compuesta de los rusos, que sólo querían vivir en paz. Sin embargo, los comunistas rusos fueron responsables por el asesinato de cerca de 50 millones de personas. La mayoría pacífica era irrelevante

La enorme población de China era también pacífica, pero los comunistas chinos lograron matar la asombrosa cifra de 70 millones de personas.

El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un belicista sádico. Sin embargo, Japón asesinó y masacró, en su camino hacia el sur de Asia Oriental, en una orgía de muerte que incluyó el asesinato sistemático, a 12 millones de civiles chinos, la mayoría muertos por espada, pala y bayoneta.

Y, ¿quién puede olvidar Ruanda, que se derrumbó en una carnicería?... ¿Podría no ser dicho que la mayoría de los ruandeses eran amantes de la paz?

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y contundentes. Sin embargo, a pesar de todos nuestros poderes de la razón, muchas veces perdemos el más básico y sencillo de los puntos:
Los musulmanes amantes de la paz se han hecho irrelevantes por su silencio. Los musulmanes amantes de la paz se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque al igual que mi amigo de Alemania, se despertarán un día y encontrarán que los fanáticos los poseen, y el fin de su mundo habrá comenzado. Los alemanes, amantes de la paz, japoneses, chinos, rusos, ruandeses, serbios, afganos, iraquíes, palestinos, somalíes, nigerianos, argelinos, y muchos otros han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que fue demasiado tarde.
En cuanto a nosotros, que somos espectadores ante los eventos en desarrollo, debemos prestar atención al único grupo que cuenta: los fanáticos que amenazan nuestra forma de vida.
Por último, cualquiera que duda de que la cuestión sea grave y elimina este mensaje sin reenviarlo, está contribuyendo a la pasividad que permite a los problemas expandirse. 
Esperemos que miles de personas, en todo el mundo, lean y piensen sobre él, antes de que sea demasiado tarde.

Profesora Claude Benoit
    Facultad de Filología
    Departamento de Filología francesa    
    Blasco Ibáñez 32
    46010 - Valencia - España