Showing posts with label Navidad. Show all posts
Showing posts with label Navidad. Show all posts

Sunday, June 24, 2018

¿Por qué estamos celebrando?


Nacimiento del Juan el Bautista            
24 de junio       
¿Por qué estamos celebrando?

     ¿Por qué estamos celebrando el Nacimiento de Juan el Bautista hoy?  Pues, ¿por qué no?  ¿No queremos aprovechar de la oportunidad de cantar villancicos en el verano, dándonos un recuerdo aural de las fechas invernales, los días fríos, llenos de luz y esperanza, especialmente en este día en que un infierno de calor nos está abrumando?  ¡Buena noticia, solo seis meses hasta la Nochebuena!

     Pronto después de recibir en su matriz la concepción inmaculada del Hijo de Dios, la Virgen María fue al campo, para visitar a su prima Elizabet, que estaba en su sexto mes de embarazo con Juan el Bautista.  Por eso, entendemos que Juan nació más o menos seis meses antes de su primo y Señor, Jesucristo.  Por ende, hoy, seis meses antes de celebrar la Nochebuena, celebramos el Nacimiento de Juan el Bautista, el Precursor del Cristo, quién preparó sus caminos, y anunció la llegada del Reino de Dios en la persona de Jesús, Dios hecho hombre. 


     De verdad, hay muchas razones fantásticas para celebrar este acontecimiento.  Por ejemplo, el nacimiento de Juan, junto con lo de Jesús, nos recuerdan el gozo de ser pro-vida. 

     Sin duda, hay una ley que nos enseña ser pro-vida: el quinto mandamiento: no matarás, lo cual Lutero explica así:  Debemos temer y amar a Dios de modo que no hagamos daño o mal material alguno a nuestro prójimo en su cuerpo, sino que le ayudemos y hagamos prosperar en todas las necesidades de su vida. 
     Seguro que el aborto, junto con el eutanasia, son mucho más que un simple daño a nuestro prójimo.  Y es un daño a los prójimos más vulnerables, de cierto.  El Señor Dios es la fuente de toda vida, y como sus criaturas, no tenemos derecho de determinar quien vive y quien muere.  No importa si la vida tiene solo unos días en la matriz del madre, o si es de un anciano, o una persona discapacitada, deberíamos proteger y celebrar la vida, desde la concepción hasta la muerte.

      Muy bien, sabemos la ley, y sabemos nuestra culpabilidad, como una sociedad y como individuos, en relación con este tema.  Pero, con la concepción y nacimiento de Juan y Jesús, aprendemos la razón mejor para ser pro-vida:  el gozo, el gozo de entender, aunque solo en parte, el gran valor que cada vida humana tiene en los ojos de Dios.  Que alegría saber, desde la visita de María a Elisabet, que Dios puede y quiere dar fe en Cristo, aun a un bebé en útero.  Porque Juan, dentro de su mamá, saltó por gozo por oír la voz de la madre de su Señor, dándose cuenta del hecho que estaba por primera vez en la presencia cercana de Dios.  Que gozo oír en el Gradual de hoy la promesa de Dios a Jeremías, que nos indica quien es el Autor de vida, y también nos habla de la importancia de cada vida a Dios, aun antes de su concepción: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué. 

     Dios ama a la vida humana.  El Señor ama a tu vida, aún más que tú.  Él tiene tanto amor para tu vida, que el Mesías, el Salvador, ha pasado por cada etapa de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte, para redimir cada etapa.  El amor del Creador para las vidas humanas es tan profundo que provee perdón y salvación en la sangre de Cristo, poderosa para limpiarnos del pecado, incluso el pecado de matar sin justicia.  En Cristo, no tenemos que vivir con la culpa y el miedo de la justicia de Dios por haber participado en matar o adelantar la muerte.  Este pecado también Cristo ha pagado y superado.  Arrepiéntete, tus pecados contra la vida humana son perdonados. 

     Celebramos el Nacimiento de Juan por el gran poder de Dios, realizado a través de criaturas indefensas.  Después de nombrar a su hijo con el nombre “Juan,” como el ángel le había indicado, su padre Zacarías cantó:
Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo,
69 Y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo,
70 Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio;
71 Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
72 Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto; 

      Todo esto, la llegada de un Salvador poderoso, el cumplimiento de todas las profecías mesiánicas, la victoria sobre los enemigos, la misericordia y el cumplimiento del pacto de Dios con Israel, todo esto, ya realizado en el bebé todavía creciendo en la matriz de María. 

     Luego Zacarías canta del futuro y la misión su propio hijo:
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos;
77 Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados,
78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora,
79 Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.  
     Impresionante futuro previsto para Juan. 

     Nuestra nieta Heather es muy bonita y muy capaz.  Si todavía no lo sabéis, yo pudiera compartir algunos fotos y videos con vosotros después de la bendición final.  Creo que el futuro de mi nieta Heather será brillante. 

   Pero no tengo expectativas por ella tan altas como las que tenía Zacarías por Juan.  Sobre estos dos bebés, Juan y Jesús, que en el momento de su cántico solo tenían entre los dos un año de vida terrenal, quedaba el cumplimiento y la revelación de toda la Ley y los Profetas y de todas las promesas de Dios a su pueblo, y a toda la raza humana.  Por causa de Juan y Jesús, los primos más importantes de toda la historia, mi nieta, y todos nosotros, de verdad tenemos un futuro brillante, por el perdón de los pecados y el camino de paz que Cristo nos ha construido.  El poder de Dios lo ha conseguido, a través de estos niños, nacidos para compartir amor y misericordia. 

     Celebramos el Nacimiento de Juan por la humildad.  Aunque Juan fue elegido por Dios para realizar un ministerio único y sumamente importante, todavía Juan sabía quién era: un pecador con gran necesidad de un Salvador.  Cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies.  El profeta del altísimo no tenía orgullo en si mismo, todo su orgullo fue en su primo Jesús. 


    Y milagro de humildad, Jesús mismo demostró la humildad por excelencia de toda la historia.  El rey de los cielos, el unigénito Hijo de Dios, se humillo a sí mismo, para cumplir su misión salvadora.  No fue que simplemente bajo del cielo y vivió una vida pobre y dura.  Es que él, que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.

     Hoy celebramos por la consolación: Porque hemos recibido doble por todos nuestros pecados.  ¿Cómo hemos recibido doble?  ¿Tal vez por las dos naturalezas en Cristo, que en Jesús, Dios y hombre son unidos eternamente, y por lo tanto, nuestra seguridad es eterna?  ¿O es porque Cristo se hizo nuestro  sustituto, activo y pasivo, activamente cumpliendo los requisitos de su propia ley en nuestro lugar, y luego pasivamente sufriendo todo nuestro castigo merecido, para liberarnos completamente de la acusación de Satanás?  ¿O quizás es doble por el paz de hoy y la esperanza brillante para mañana que tenemos en Jesús?  ¿Cuál es la razón correcta?  Yo digo “sí” a todas estas posibilidades.   


     Celebramos porque la predicación de Juan continúa, la predicación del arrepentimiento para el perdón de pecados, vinculado al Bautismo, la predicación de la Ley y el Evangelio, culminando hoy en la Santa Cena, donde acercamos confesando nuestro pecado, y confiando que en el Cuerpo y Sangre de Jesús tenemos plena redención. 

      Juan el Bautista predicó con los ojos al futuro, esperando la culminación de la misión de su primo.  Juan predicó, sufrió y murió antes de la Pasión de Jesús, que es la plena revelación de todo el misterio de la salvación.  Por haber muerto antes, a veces la vista de Juan no estaba completamente clara.  Pero los predicadores, y los oyentes de hoy, ya sabemos la plenitud del Evangelio.  Nuestra predicación hacemos con los ojos al pasado, lo que vemos con mucha más claridad que Juan, una claridad recibida por ver todo a través de la Cruz y la Resurrección de Jesucristo.  Y predicamos con los ojos al futuro de gloria y paz eternal, que Él ha ganado para nosotros.

    Entonces, sí, celebremos hoy, y cada día, los niños y primos, Juan el Bautista, y su Señor y Dios, Cristo Jesús, la Palabra de Salvación, en quién tenemos vida, gozo, paz, poder, humildad y la vida eterna, Amén.
         

Sunday, July 2, 2017

La Visitación – Salvador del Mundo Ven – San Lucas 1:39 - 56

La Visitación - Salvador del Mundo Ven

     Siempre me gusta cuando el leccionario nos da la oportunidad de volver al Adviento y la Navidad en medio del verano.  Hoy la tenemos, con la celebración de la Visitación de María a su prima Elisabet, justo después la Anunciación, cuando el ángel Gabriel vino a María para anunciar la maravilla que ella iba a ser la Madre de Dios.  La Encarnación, la muy buena noticia que el Hijo de Dios fue hecho carne para salvarnos, es nuestro enfoque hoy.  La canción de su Madre María, cantada en el momento de su visita a Elisabet, nos va a servir un poco como nuestro lente a través de que vamos a considerar la buena noticia, que Dios en Cristo fue hecho hombre. 

     Junto con el Cántico de María, que se llama el Magníficat, vamos a usar nuestro himno del día, Salvador del Mundo Ven, un himno muy anciano del Adviento y la Navidad, como esqueleto del sermón.  Fue escrito en el siglo cuatro por Ambrosio, Obispo de Milano, y es una joya de la Iglesia.  Así, vamos a cantar una estrofa, oír algunos comentarios sobre el tema del día, entonces la segunda, comentarios, la tercera, etc.  Vamos entonces a la primera estrofa del himno. 

1. Salvador del mundo, ven,
Hijo de la Virgen es,
Maravilla sin igual
Nacimiento virginal.

     Ciertamente hay demasiado para considerar en la Visitación.  Hoy, cuando el gobierno británico está planificando la muerte del niño Charlie Gard, aunque sus padres quieren llevarlo a los EEUU para un tratamiento nuevo, y tienen el dinero para hacerlo, sería apropiada que hablemos del valor de la vida, desde la concepción hasta la muerte.  También desde el vientre de Elisabet, Juan el Bautista nos enseña que no solamente son los niños en útero personas, seres humanos creados por Dios, pero también pueden tener fe, saltando en alegría al saber que la madre del Señor está llevando el Cristo a medio de nosotros.  Además, Dios en Cristo ha honrado a todos los seres humanos por convertirse en uno.  Por todo esto, cada vida individual es preciosa, y merece nuestra protección.    

    Por otro lado, podríamos hablar del honor que anuncia Elisabet, exclamando como María es “Bendita entre las mujeres” y llamándola “Madre de mi Señor.”  Es justo que celebramos y honramos a María hoy, porque Dios lo ha hecho, y porque a través de ella, el Cristo ha venido a nosotros.  No puede ser un mejor honor dado a ninguna persona.

     El Cántico de María, el Magníficat, es uno de los primeros y más importantes canciones de la Iglesia.  Y de verdad, Ambrosio y María tratan en gran parte de los mismos temas.  María, en las primeras líneas del Magníficat, dice:

Engrandece mi alma al Señor;
Y mi espíritu se regocija
en Dios mi Salvador. 
Porque ha mirado la bajeza de su sierva. 

     Buenas noticias, Dios es el Salvador del mundo lleno de las personas bajas.  Es decir, aunque es temeroso considerar que cualquier persona lleva el Hijo de Dios hecho carne dentro de su propio cuerpo, no obstante, es una buena noticia, porque Dios ha venido para salvar, para rescatar a los hombres, que son todos bajos, todos pecadores, todos en necesidad de salvación.  ¡Y el Salvador ha venido! 

2. Carne no lo concibió,
Del Espíritu nació.
Hombre vino Cristo-a ser
Nace fruto de mujer.

     Carne no lo concibió.  Como nos enseña San Juan en el primer capítulo de su Evangelio, la concepción y el nacimiento de los hijos de Dios vienen de la concepción y el nacimiento de Cristo, el Hijo Unigénito de Dios.  Como es Cristo, también son los cristianos, en el sentido derivativo y apropiado: no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

     Esto, entonces, es el significado de que el nacimiento del Cristo fue virginal:  Salvación pertenece a Dios, y viene de Dios, cien por ciento.  Porque, desde el fracaso de Adán en no proteger a su esposa del ataque de la serpiente, todos los descendientes de Adán han sido pecadores, sin la capacidad de contribuir a su propio rescate.  La culpa pertenece a todos, porque somos todos sus descendientes, todos somos pecadores.  Pero la transmisión del pecado y de la culpa a los hijos es por parte de los varones, no las madres, porque Dios originalmente le dio la responsabilidad a Adán, y él fracasó. 

     Pero Dios no aceptó nuestro fallecimiento.  Desde la Caída en Pecado, Dios ha sido anunciando su intención de corregir el fracaso de Adán.  Moisés nos dio una predicción del nacimiento virginal en Génesis capítulo 3, en la promesa de “la simiente de la mujer”, que vendría para derrotar a la serpiente.  Ahora, en la Encarnación, vemos que el fracaso del primer Adán ya ha sido asumido por el nuevo Adán, el Nuevo y Único Hombre capaz de salvar al mundo.

     Por eso es apropiado e importante reconocer y honrar a la nueva Eva, María, madre del Nuevo Adán.  Pero necesitamos cuidado, porque es muy fácil enfocar demasiado sobre su persona, dado que su vida y experiencia son absolutamente únicas.  Sobre todo, siguiendo sus propias palabras, la Iglesia se junta a María en confesar que el Niño engendrado en ella es el Señor y Salvador, vino para ayudar a la bajeza de nosotros, empezando con María misma, la sierva baja de Dios.  Ella confiesa su necesidad de un Salvador, y en fe recibe a Él, porqué Él recuerde su misericordia, que es de generación en generación. 
    Que el Espíritu nos ayude hacer lo mismo siempre.    

3. En el vientre concibió,
Virgen casta-ella quedó.
La virtud resplandeció,
Dios, su trono, reveló.

     El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. (Apoc 21:3)  Empezando  con el sueño de Jacob, cuando se dio cuenta que el Señor estaba presente en el mismo lugar que él, y Jacob no lo sabía, y continuando durante los años del Tabernáculo en el desierto y el Templo en Jerusalén, la promesa que Dios moraría con su pueblo fue repetido y revelado un poco más y un poco más.  Pero ahora, en la Encarnación, Dios reveló su trono, que siempre ha estado en los cielos.  Ahora también, en el momento de la Visitación, su trono fue María misma.  El Señor exaltó a esta humilde joven, haciendo en ella durante un tiempo el trono de su Hijo. 

      Por eso, por causa de Emanuel, Dios con nosotros, Juan el Bautista y su madre Elisabet se regocijaron, y también María brotó en canción.  Aunque todavía quedaba la pregunta de cómo pudiera ser que el Santo Dios morara con pecadores, la buena noticia es indiscutible:  en el Hijo de María, quien es también el Hijo de Dios, el Señor mora con nosotros, acordándose de la misericordia, y las promesas que hizo a Abraham y su descendencia para siempre.

4. De la-altura descendió
Para darnos salvación.
De la muerte infernal,
Volvió-al trono celestial.

     Para solucionar un problema, es necesario enfrentarlo directamente.  Todo el mundo le gusta celebrar la Navidad, no importa la fe personal que se tiene, especialmente porque en el norte nos da una excusa para una celebración en medio del invierno.  Pero sin una conexión a la finalidad del camino del Niño Jesús, la Navidad es una fiesta vacía, sin el poder de ofrecer una esperanza cierta.

     Es importante que la Iglesia siempre recuerde lo que también supo María, que una espada iba a traspasar aun su propia alma, que la madera del pesebre se convertiría en la madera de la Cruz.  Nuestra amenaza principal siempre ha sido la muerte causada por nuestro pecado.  Por consiguiente, el Hijo de Dios entronizado temporalmente en el matriz de María siempre estaba andando al Calvario. 

     También siempre estaba en camino a su trono celestial, que implica que la Cruz no sería la palabra final.  Pero allí está, no podemos ignorar la Cruz.  Más bien, considerémoslo diariamente.     

5. ¡Oh Santísimo de Dios!
Lo que-el hombre mereció,
Soportaste-hasta la cruz,
Para darle gracia-y luz.

     Nunca queremos considerar que un niño sufra del mal de los hombres.  Por eso el caso de Charlie Gard en Inglaterra está en las noticias, y debe darnos mucha preocupación.  Aun menos queremos pensar que el Santísimo de Dios, el Hijo Jesucristo, tuvo que sufrir no solo por el pecado de los hombres, pero por mi pecado, y vuestro pecado.  “Lo que el hombre mereció” no refiere a una persona anónima, refiere a mí.  Refiere a vosotros. 


     Una de las varias paradojas de la vida cristiana es que, aunque vivimos en y desde el perdón de los pecados, nos sentimos nuestros pecados más y más con el paso del tiempo.  Se puede parecer a otros que un buen cristiano está creciendo en santidad todos los días de su vida, pero la realidad es que, cuanto más que un cristiano acerca a Dios a través de Cristo, cuanto más grave sus propios pecados le van a parecer.  Pero, aunque difícil, esta realidad es también una bendición, porque esta paradoja nos fuerza depender más y más en Cristo, y no en nosotros mismos.  Y la dependencia en Cristo es buena, es la vida, es el lugar de donde vemos su gracia y luz.  Entonces, los cristianos viven día tras día en arrepentimiento, en oración, … y en alegría, porque el Padre siempre está listo de perdonar, en el nombre de Jesús, quién soportó a todo, para redimirnos de todo pecado.     

6.  Tu pesebre-en esplendor,
Da-en la noche resplandor.
Las tinieblas huyen ya,
Pues la fe ha de brillar.

   La fe ha de brillar.  Aunque todavía hay muchos desafíos en la vida cristiana, la fe tiene que brillar, porque su objeto es Cristo, Dios hecho hombre.  Cristo es la luz del mundo, y aún más, junto con su Padre, Jesús es la luz de los cielos, la fuente de toda luz y vida. 

     Esta luz brilló desde el mismo cuerpo del Cristo resucitado, durante los cuarenta días entre la Resurrección y la Ascensión, y todavía lo hace.  En Cristo, la misión de salvación ya está completado.  Por eso, Elisabet se regocijó.  Por eso María cantó, y también nosotros. 

     Como escribió San Pablo a Timoteo, “indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne,  Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria. 
     Entonces, con María y Elisabet, con todos los ángeles, con la Iglesia triunfante, y la Iglesia militante en toda la tierra, cantemos la última estrofa de nuestro himno, exaltando al Santísimo Trinidad, en quien tenemos perdón, salvación, y vida eterna, Amén. 

7. Gloria-al Padre eternal,
Gloria-al Hijo Redentor,
Gloria-al Santo-Espíritu, 
Será por eternidad.  

Friday, December 25, 2015

Que Tú Recibas Mas Esta Navidad

El Nacimiento de Nuestro Señor – Día de Navidad, Servicio Matutino
Que Tú Recibas Mas Esta Navidad - San Lucas 2:1-20

     Que tú recibas más esta Navidad.  Esta frase me suena como un anuncio de una tienda, un eslogan, quizás de Corte Ingles, Fnac, o MediaMarkt.  Y de verdad, aunque el Nacimiento de Jesucristo es la fundación para la fiesta más grande en todo el mundo, para la mayoría, la fiesta no tiene mucho que ver con la verdadera historia de Jesús.  Realmente, el modo común de celebrar la Navidad tiene mucho que ver con el ocio, los placeres, y las compras, mucho de consumismo. 


     La comercialidad de la temporada causa otra tradición anual: las quejas sobre el hecho que, para demasiada gente, la Navidad es solamente una excusa para recibir regalos.  Pastores, sacerdotes, y probablemente rabinos también protestan porque debemos simplificar y hacer algo diferente con la temporada navideña.

     Muy bien.  Las quejas sobre el comercialismo y consumismo son válidas, en un sentido.  Es posible que muchos de tus deseos sean pecaminosos y egoístas. Yo no sé.  Pero realmente, “que tú recibas más esta Navidad” no es un eslogan de una tienda.  Esto es mi deseo para ti, en esta Navidad.  Bueno, mis deseos no importan tanto.  Pero tengo buenas noticias.  Dios quiere “que tú recibas más esta Navidad.” Esto es su voluntad, para ti. 

     Que tú recibas más esta Navidad.  Realmente, no es el caso de que tú esperas demasiado.  Es mucho más probable que estés esperando muy poco, que solamente quieras cosas pequeñas.  Debes desear y esperar regalos más grandes.  Porque necesitas regalos más grandes.  Mucho más grandes, y mejores. 

     Todo el mundo sabe cómo la mayoría de los regalos de la temporada no duran.  Las baterías se gastan, los juguetes se rompen, y después de poco tiempo, los nuevos videojuegos y móviles de Samsung cambiarán a ser viejos, fuera de moda.  No hay un fin de nuestros deseos para cosas materiales, porque no hay nada de este mundo que puede durar y no envejecer. Quieres cosas buenas que no envejezcan, pero no las encuentras.  Verdaderamente, necesitas las cosas que duran, las cosas que realmente mejoran la vida.   

     Que todos nosotros recibamos más esta Navidad.  Como un fin a la violencia y la guerra.  Hay mucho odio en nuestro mundo de hoy.  Cada domingo, tenemos otra atrocidad por lo que necesitamos orar: la guerra civil en Siria, los asesinatos de cristianos y otras minorías por el Daesh, los sufrimientos de los refugiados, o los atentados en París, Mali, y California.  Sin duda, sería un deseo mejor si pudieras pedir y recibir paz en el mundo como tu regalo.  Seguramente, debemos rogar al Dios y exigir a nuestros gobiernos que las fuerzas de mal sean parados, para que tengamos paz en el mundo, como cantaron los ángeles.    

     Pero, de la propia boca de Jesús, sabemos que no vamos a conseguir una paz perfecta en este mundo.  El nivel de paz puede ser mejor o peor, y ciertamente estamos listos para una situación mejor.  Pero la paz en este mundo pecaminoso nunca será perfecta, porque cada uno de nosotros destruimos la paz con nuestros propios hechos.  Todos nosotros tenemos una parte de la responsabilidad para el ciclo del mal en el mundo.  Porque, como nos recuerda San Pablo, nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros.  En otro tiempo fuimos así, y, a nuestra vergüenza, todavía hoy, tenemos que confesar que pecamos mucho cada día, si no en nuestras actos y palabras, al menos en nuestros pensamientos.  Queremos ver paz entre los hombres.  Pero necesitamos algo mejor esta Navidad.  Necesitamos recibir la paz entre los hombres y Dios.  Necesitamos recibir a Dios mismo.  
  
     Que tú recibas más esta Navidad.  ¿Pero, deseas a Dios mismo, de verdad?  Nuestro impulso, aun como cristianos, es huir de Dios, es evitar a Dios.  Cada vez que Dios le aparece a una persona, o aun solamente uno de sus ángeles, la reacción es siempre la misma: temor. Temor, y a veces terror.  Recuerda Moisés y la zarza ardiente, cayendo en su rostro lleno de miedo, al oír la voz del Señor.  O a Isaías, llevado al corte celestial del Señor, gritando: “¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos… porque han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos.”  La primera palabra del ángel a los pastores fuera de Belén tenía que ser: “No temáis,” porque los pastores tuvieron gran temor.  Es temeroso encontrar a los seres celestiales, y aún más a Dios mismo.  Dios es santo, y todopoderoso, completamente opuesto al mal, contra el pecado, un fuego consumidor.  Sabemos solo un poco de cómo es Dios, y sin embargo, cuando tenemos el coraje para considerar nuestra vida honestamente, la idea de encontrar a Dios nos da miedo. 

     Por miedo de nuestros pecados, y por nuestra vergüenza de ser pecadores, muchas veces no queremos las cosas mejores, no queremos recibir a Dios mismo.  Es más fácil distraerse con divertimiento, con juguetes para nuestros niños y comidas buenas para nuestras familias.  Hemos vivido en esta manera desde siempre.  Pero, sin embargo, Dios quiere que tú recibas más esta Navidad, que tengas el único regalo que puede darte paz, salud y alegría, para siempre.  Por eso, Dios vino.

     Dios vino, para que tú puedas recibir los mejores regalos.  Él vino con un propósito, el propósito de salvarte.  Dios vino, en la forma de un niño, para redimir cada etapa de tu vida.  Como San Pablo dice en Gálatas, capítulo 4, “Cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,  a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos.” (Gálatas 4)  Esto es la Navidad.  Y es buenas noticias para ti, porque, como oímos en la epístola de hoy, “cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros  abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador,  para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.”   


     Que tú recibas más esta Navidad.  No hay necesariamente un problema con las compras y los deseos de recibir juguetes o ropa o coches o cualquier otro bien de este mundo.  Todos los bienes verdaderos vienen de Dios.  El dar regalos puede ser una celebración buena del nacimiento de Cristo, y para que podamos dar regalos, alguien necesita recibirlos.  Seguramente, necesitamos cuidado en esto, para que no hagamos un Dios del consumismo, un ídolo de las cosas materiales.  Porque hay solo un Dios verdadero, Él que ha venido a nosotros, durmiendo en un pesebre, esperando el Día en el que haría el Sacrificio que te salva.  Las compras y los los regalos no hacen la Navidad.  La Navidad es Dios dándote el regalo mejor, que es sí mismo, como tu Salvador. 

     Es maravilloso, de verdad.  Para tenerte como su propio hijo, Dios Padre nos dio su único Hijo, el Hijo de la eternidad, quién hace 2000 años nació de la Virgen María.  Cristo Jesús vino, para llevar toda la violencia, todo el odio, todo el egoísmo y todo el mal en el mundo.  Jesús, que recordamos hoy como un niño, creció al ser el Hombre de Sufrimiento, para que tú no necesitas sufrir el castigo justo contra tus pecados.  Esta historia, sin los detalles claves, puede parecer como una historia muy fea.  Sin embargo, es la mejor historia de amor, y de paz.  Porque, aunque parecía tan pequeño y débil, de verdad, este Jesús, desde su concepción hasta su muerte en la Cruz, ha sido el todopoderoso Dios, el Dios de toda la riqueza, el Dios de toda la gloria.  Pero aún más que el poder o la riqueza o la gloria, este Niño en el pesebre es el Amor de Dios.  Él quiere darte el regalo mejor de todos, el regalo de sí mismo, como tu Salvador, tu Amigo y Buen Pastor, hoy, y hasta siempre. 
  
     Para que tú recibas más esta Navidad, hoy Jesús envía su Espíritu Santo, para revelar estas buenas nuevas, para que tú confíes en ellas, y puedas descansar en las promesas.  Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo constantemente, porque la salvación es por fe, y no es muy fácil creer el evangelio, especialmente en este mundo violento y lleno de pena.  No podemos ver las pruebas, y por eso no es fácil creer que vayas a recibir todos los regalos prometidos, como vida y paz eterna, como una existencia completamente libre de mal.  Es aún más difícil creer que tus propios pecados son perdonados.  Por tus dudas y por las mentiras del mundo y de satanás, quizás tu corazón está muchas veces lleno de duda.

     Por eso, Jesús te dice hoy: todos tus pecados son perdonados por mí Padre, porque todos tus pecados están perdonados, en mí, en mí propio cuerpo.  Todo esto es verdad, es mi evangelio para ti. 

     Las promesas de Cristo son verdaderas.  Y para que tú puedes creer y empezar regocijándote, aunque todavía vives en este mundo, Jesús ha dado a su iglesia las siguientes tareas: “Proclamar todos los días que yo he cambiado la madera de mi pesebre para la madera de mi cruz.” “Proclamar sin cesar que he quitado los pecados del todo el mundo, y que vengo todavía, en mi Palabra, en mi Bautismo, y en mi Cena, para quitar todos tus pecados, y darte mi justicia, santidad, y paz.”  “Aquí,” promete Jesús, “tú recibes los mejores regalos, directamente de Dios.”   


     Cuando la iglesia proclama este mensaje buenísimo, Jesús ha prometido que estará allí, con su iglesia, para entregar los regalos.  Y además, en los rebaños de Cristo, en la congregación, sea grande o pequeñita, también Jesús te regala una familia, hermanos verdaderos, unidos contigo, por la misma fe en el Evangelio de perdón y paz. Estas son las promesas del Niño de Navidad, su mejor regalo, para ti, hoy, y todos los días, en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén. 

Sunday, November 29, 2015

La Llegada de Nuestro Paz - The Arrival of Our Peace

Below are two sermons, the first in Spanish, the second in English, for the First Sunday in Advent.  

Abajo hay dos sermones, el primero en Español, y la segundo en Íngles, por el Primer Domingo en Adviento.  

Primer Domingo de Adviento, 29 de Noviembre, A+D 2015
La Llegada de Nuestra Paz:  San Lucas 19:28 – 40  Iglesia Evangélica Luterana Española

En estos días, cuando movemos desde el fin del año litúrgico a la temporada de Adviento, enfocamos en las llegadas de Jesús.  Es lógico que, en el fin del año, consideramos el retorno de Cristo, en el día final.  Pero también en Adviento, la temporada antes de la Navidad, tenemos el día final en mente, justo con el advenimiento de Cristo en Belén.  De verdad, en la temporada de Adviento meditamos en cuatro llegadas diferentes de Jesús.  El tema de la temporada es menos la preparación para la Navidad, y más la preparación para dar la bienvenida a Jesús, todas las veces que Él nos viene.  

Todo eso tiene razón, creo yo, porque Adviento significa llegada, venida, un advenimiento, y para la Iglesia la llegada más importante es siempre la llegada de Cristo.  Debemos saber todo lo posible a cerca de la llegada de Cristo, porque es solo en Él que Dios nos revela su amor.  Encontramos el amor de Dios en la obra de salvación que Dios ha hecho para nosotros en Cristo.  Por eso, durante todo el año las lecturas bíblicas nos muestran aspectos diferentes de las llegadas de Cristo, como la intención de Dios a llegar al día en que los seres humanos vivan con Él en gloria, o como el problema de pecado hizo necesario una llegada de Cristo en forma humilde, para ser nuestro Salvador. 

Hay cuatro llegadas de Jesús.  La primera fue su llegada a través de la nación de Israel.  Su
humanidad vino físicamente por los hijos de Abraham, por la tribu de Judá, y por la casa real de David.  Además, por la proclamación de los profetas, y por la promesa de los sacrificios en el Templo, Cristo vino espiritualmente para crear la fe salvadora en los Israelitas.  Los profetas y los fieles de Israel buscaron al futuro, tratando de ver la llegada prometida del Salvador, que iba a ser revelada en la historia de Jesús, desde Belén al Calvario.

Nos encanta la historia del nacimiento de Jesús, como debe ser.  Todas personas deben amar a una vida nueva.  Debemos amar a todos los bebes.  Pero en el nacimiento de Jesús hay más, mucho más.  Dios llegó a nosotros, y para nosotros, en Belén.  El eterno Hijo de Dios se hizo también el hijo humano de María.  Por el poder de Espíritu Santo, empezó desde de una célula en el seno de la virgen, creciendo al bebé cuyo nacimiento celebraremos dentro de unas pocas semanas.  En Belén recibimos la segunda llegada de Jesús, cuando Dios llego en carne humana. 

Ahora, en este día, Jesús viene, todavía, viniendo a nosotros en la Palabra y en el Sacramento. Como Él nos prometió, “He aquí, yo estaré con vosotros todos los días,” y también “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy.”  Jesús nos anima con estas promesas: “Dondequiera mi Iglesia bautiza, predica el arrepentimiento y la fe en mi Evangelio, dondequiera que mi gente se reúnen alrededor de mi mesa, allí estoy, para servir a todos. Jesús hace su advenimiento hoy, para ofrecer consuelo, para perdonar, restaurar y renovar.  Jesús viene por su Palabra y su Sacramento, su tercera llegada.  

Algún día, tal vez mañana, tal vez en mil años, pero seguramente algún día Jesús llegará nuevamente, la cuarta vez.  Él vendrá otra vez, visiblemente a todos.  Esta cuarta llegada será su vuelta en poder y gloria para juzgar a los vivos y a los muertos. Jesús vendrá de nuevo, para reunir a los suyos en sus mansiones eternas. 

Las lecturas del Domingo de Ramos, que usamos en este primer domingo de Adviento, también marcan un advenimiento de nuestro Señor, un parte importante de su advenimiento como Dios encarnecido para salvar.  El Señor se acercó a Betfagué y  Betania justo fuera de Jerusalén, preparándose para su entrada triunfal en un burro humilde.  Su entrada real pondría en marcha las maquinaciones finales de sus enemigos, que temieron a este Rey de la Paz, y quisieron verle muerto.

La historia del Domingo de Ramos toca todas las facetas diferentes del Adviento. El Monte de Olivos sería la colina de donde pronto Jesús ascendería al cielo, y también el monte donde se espera que Jesús vuelva en la gloria, en el Último Día. Igualmente, la predicación del advenimiento del Salvador, que hicieron los profetas, está claramente presente ya que la gente proclama el saludo del Antiguo Testamento al Mesías: ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!

De verdad, la iglesia del Nuevo Testamento está presente, ya que los discípulos de Cristo le rodean y alaban los trabajos fuertes de Dios.  Es igual como cuando nos juntamos en torno a la Palabra de Cristo para dar la alabanza a Su Padre por todo que ha hecho para nosotros. 

Por último, hay un poco de la Navidad el domingo de Ramos, como la gente canta la canción de los ángeles en el campo fuera de Belén: “Paz en el cielo y gloria en las alturas! " Bueno, la canción en el Domingo de Ramos es casi como la de Navidad. La canción de los ángeles de Belén es un poco diferente. Normalmente la recitamos como parte de nuestro liturgia de la Santa Cena: “Gloria a Dios en las alturas, y paz a su pueblo en la tierra.”  Durante el Adviento, dejamos de cantar esta canción, que se llama en latín “Gloria en Excelcis.”  La idea es incrementar nuestra anticipación para la Nochebuena, cuando la volvemos a cantar con los ángeles.  Pero tenemos hoy un eco de esta canción en el Domingo de Ramos: “Paz en el cielo y gloria en las alturas!"

Es como la canción de Navidad, pero con una gran diferencia. En Belén fue gloria en las alturas, y la paz estuvo en la tierra, con buena voluntad a los hombres. En el Domingo de Ramos la paz está en el cielo.  

¿Por qué la diferencia? ¿Por qué la paz está en la tierra en Navidad, sino la paz está en el cielo en el Domingo de Ramos?   Bueno, la diferencia en el lugar nos ayuda a entender lo que está sucediendo en la historia de Jesús y sus llegadas.

En la Navidad los ángeles proclaman que la paz ha llegado a la tierra, porque el hijo de Dios ha entrado en nuestra historia humana.  Esto fue necesario, porque nuestra historia humana no es pacífica. Adán y Eva establecen el modelo para matrimonios después de la Caída en el Pecado.  Todavía hicieron su vida junta, pero no sin lucha.  Todos los matrimonios también tienen sus luchas, sus problemas.  Pero, quizás no hacemos tanto mal como Caín, el primer hijo de Adán y Eva.  Caín mató a su hermano Abel, y la humanidad ha estado en guerra desde entonces.

Pero Jesús vino para llevarnos la paz.  Mejor, Él es nuestra paz.  Los ángeles cantan de la paz en la tierra en la noche de la venida del niño Jesús, porque esto era algo nuevo.  La situación había cambiado en la tierra, porque Jesús había llegado.  Paz en la tierra.

Pero ahora, en el Domingo de Ramos, la canción cambia porque el lugar de la paz, está a punto de cambiar otra vez.  Paz en el cielo, la multitud cantaron, pero no creo que entendieran el significado de lo que declararon. El hombre de la paz está a punto de regresar al cielo, y así la canción de las multitudes es profética, profetizando el trabajo próximo de Jesús, su muerte, su resurrección y su ascensión. Llegando en Jerusalén sobre un burro, Cristo está en la etapa final de su viaje. La paz que vino a la tierra en Navidad está a punto de regresar al cielo. Paz en el cielo y gloria en las alturas!"

Sin embargo, la paz de Cristo viene con un precio. De hecho, Jesús mismo parece contradecir esta idea de una vía pacífica desde el cielo a la tierra y otra vez al cielo.  Durante su ministerio terrenal Él declara: ¿Piensan que vine a dar paz en la tierra? No, os digo, sino más bien división.  ¿Qué significa Jesús, que Él no viene a dar paz?   Tal vez quiere decir que no vaya a dar paz en esta vida terrenal, pero ciertamente él dará paz a su pueblo, en el cielo. Muy bien.  Pero creo que hay más, que Jesús está hablando aún más profundamente, y creo que la clave es la palabra "dar".   Es que Jesús no vino para darnos paz, más bien Él es nuestra paz, y solo Él puede separarnos del pecado y muerte eternal.

Lo que quiero decir es que la paz no es una mercancía que Jesús está distribuyendo, como un amuleto de buena suerte. No, Jesús mismo, en su carne y sangre, es nuestra paz. No podemos tener la paz con Dios aparte del Señor que entró en Jerusalén montado en un burro.  La paz sólo se encuentra en Él;  debemos ser uno con Él, ser unido con Él, para tener paz.

Jesús no podría ser nuestra paz desde lejos.  Él tenía que venir a la tierra.  Aún más, para ser nuestra paz, Jesús tuvo que convertirse en un ser humano, porque la culpa que nos separa de Dios tenía que ser pagado por los humanos.  No fue posible un rescate desde una distancia.  Jesús fue completamente comprometido.

Y en los días después del Domingo de Ramos, en la Semana Santa original, nos enteramos de cuánto Jesús tenían que hacer, hasta sufrir el infierno que merecemos por nuestros pecados. No haría mera representación dramática de la ira de Dios contra el pecado, no solo pasar por los movimientos. No, Jesús tuvo que sufrir verdaderamente, en la cruz, llevando nuestros pecados en su propio cuerpo.  Este es cómo Él ha ganado nuestra paz.

Ahora, Jesús es nuestra paz, en los cielos, preparando un lugar para nosotros.  Debido a nuestros pecados, que todos nosotros todavía tenemos, Dios por su justicia es naturalmente en guerra contra nosotros. Nuestros pecados merecen la ira de Dios. No podemos llegar ante su trono todavía llevando nuestra pecaminosidad.  Sin embargo, ahora tenemos un lugar en el cielo.  Este lugar está en Jesús, en su propio cuerpo.  En su Ascensión, Jesús entró en el cielo con su cuerpo, crucificado y resucitado.  Su presencia como ser humano en la presencia de Dios Padre es nuestra entrada.  Por eso, todos los fieles, unidos a Cristo a través de la fe en el perdón de pecados, tienen ya su lugar en el cielo reservado, en Cristo. 

Nuestra paz es Jesús, en su cuerpo sin pecado, sentado a la diestra de Dios. Él es la Paz entre Dios y el hombre, porque Él ha hecho la paz entre Dios y el hombre, en el Calvario.  Ahora Él es nuestra garantía de paz eterna, en la gloria de Dios.


La paz es tener a Jesús resucitado en medio de nosotros, como en la noche después de la Resurrección.  Jesús apareció en el aposento alto, en medio de los discípulos.  Aunque habían oído las buenas noticias varias veces, todavía los 11 discípulos se escondían, llenos de miedo.  En este momento Jesús se puso en medio de ellos. Allí estaba, en medio de ellos, Dios mismo, en el hombre Jesús.  La paz del cielo había llegado a ellos, milagrosamente.  Y Jesús les dijo: Paz a vosotros.

Jesús ha venido. Jesús vendrá de nuevo. Y Jesús viene, ahora, incluso en medio de nosotros, reunido en su Nombre hoy. Jesús os dice: Paz a vosotros.  Esto es la temporada de Adviento. Dios quiere que encuentres la paz en esta temporada.  Por eso, Jesús, viene a ti, para ser tu paz, la Paz que sobrepasa todo entendimiento, y que guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús, hoy, hasta su llegada final, y por los siglos de los siglos, Amén.

1st Sunday of Advent, November 29th, anno + Domini 2015
Luke 19:28 - 40
The Arrival of Our Peace

     Advent, this early winter season before Christmas, traditionally begins with the Palm Sunday story, which happened a week before the Resurrection, in the Spring.  Which may seem strange, but actually makes sense, when you consider that Advent is not just the season leading up to Christmas.  It is also the beginning of the Church Year.  Every twelve months we take a journey that moves us from the beginning of time, when God created the heavens and the earth, to the End, the return of Christ, the end of this age and the beginning of the New Heaven and the New Earth.  As we hear the entire story of God’s love toward us each year, beginning in the middle, near the climax, is actually a reasonable place to start. 

     It makes sense because Advent means the Coming, and during the year we have four different Comings of Christ to consider.  First Jesus advented, He came, in the preaching of the Prophets.  Jesus came to the faith of all the Old Testament saints who heard the Promise of a Savior and believed. 

     Then Jesus advented, He came in Bethlehem.  The Son of God became also the Son of Mary, growing by the power of God’s Word from one cell in her virgin womb to the Baby whose birth we will celebrate in a few weeks.  God came into human flesh.

     Now Jesus advents, He comes to us in Word and Sacrament.  Lo, I will be with you always, Jesus promised, wherever two or three are gathered in my Name, wherever my Church baptizes, preaches repentance and faith in the Gospel, wherever my people gather around my table, there I am, to serve.  To comfort, forgive, restore and renew.  Jesus comes in Word and Sacrament. 

     Someday, maybe tomorrow, maybe in a thousand years, someday Jesus will advent again.  He will come again, visibly, to all, returning in power and glory to judge both the living the dead.  Jesus will come again to gather His own into His eternal mansions. 

     So there are four Advents of Christ for us to consider, and so Palm Sunday is also a reasonable place to begin our Advent journey, for Palm Sunday also marks an advent of our Lord, as he drew near to Bethphage and Bethany, just outside Jerusalem, preparing for His triumphal entry on a lowly donkey.  His kingly entry which would set in motion the final machinations of His enemies, who feared this King of Peace, and wanted to see Him dead. 

     The Palm Sunday story itself touches on all the different facets of Advent.  The Mount of Olives figures prominently, the hill where Jesus would soon ascend into heaven, the mount where Jesus is expected to return in glory, on the Last Day.  Likewise, the advent preaching of the prophets is present as the people proclaim the Old Testament greeting:  Blessed is the King who comes in the name of the Lord! 

The New Testament Church is present, as the disciples of Christ surround Him and praise the mighty works of God, just as we gather around the Word of Christ to give praise to His Father for all He has done for us. 

Finally, there is a bit of Christmas on Palm Sunday, as the people sing the song of the Angels outside Bethlehem:  Peace in heaven and glory in the highest!"         Well, almost like Christmas.  The angels song from Bethlehem is a little different.   We normally sing it as part of our divine service, at the beginning of our liturgy, Glory to God in the Highest, and peace to His people on earth.  We set aside this Gloria in Excelcis during Advent to build our anticipation for Christmas Eve, but we get an echo of it in Luke’s Palm Sunday story:  Peace in heaven and glory in the highest!" 

It’s like Christmas, but with one big difference.  At Bethlehem it was Glory in the Highest, but the peace was on earth, with goodwill to men.  On Palm Sunday it is Peace in Heaven. 

Why the difference?  Why peace on earth at Christmas, but peace in heaven on Palm Sunday? 

The difference in the where helps us understand what’s going on in the story.  At Christmas the angels proclaim that peace has come to earth, for God’s Son has entered into our human story. 

Our human story is not a peaceful one.   Adam and Eve set the model for marriages after the fall, as they made their life together, but not without struggle.  Most of us do not do as well in our marriages as Adam and Eve.  But perhaps we also don’t go as far as Cain.  For the first son of Adam, Cain, killed his younger brother Abel.  Humanity has been at war ever since. 

But Jesus is at peace.  He is the who of peace, for He is our peace.  The angels sing of peace on earth at the coming of the Christ Child because this was a new thing.  Things were changing on earth, because Jesus had come.  Peace on earth. 

But now, on Palm Sunday, the song changes because the location, the where of peace, is about to change.  Peace in Heaven, the crowds sing out, but I don’t think they understood the full import of what they declared.  There has always been Peace in heaven, that is God does not allow sin and strife in His presence.  But the Man of Peace is about to return to heaven, and so the crowds song is prophetic, of Jesus’ upcoming trials, His death, His resurrection and His ascension.  Riding into Jerusalem on a donkey, Christ is on the final stage of His journey.  The Peace that came down to earth at Christmas is about to return to heaven.  Peace in heaven and glory in the highest!"

Yet, the Peace of Christ only comes at a cost.  Indeed, Jesus Himself seems to contradict this idea of a peaceful pathway from heaven to earth and back to heaven when, in the middle of His earthly ministry He declares:  I did not come to give peace, but rather division.  What does Jesus mean, He does not come to give peace?  Perhaps this is an instance of our Lord using radical language that He doesn’t mean to be taken literally to drive home a point.  In this case Jesus goes on to detail how the message of His cross will divide people, even family members. 

When Jesus says He does not give peace, we could understand that He means He does not give peace in this earthly life, but certainly He does give peace to His people, in heaven.  Jesus seems to use this kind of hyperbole in other places.  The passage, “If your eye cause you to sin, gouge it out,” comes to mind. 

But I am not sure.  Jesus could be speaking more deeply, and I think the key may be the word “give.”  Luke may be making the point that Jesus does not give us peace, but rather He is our peace.  What I mean is that peace is not a commodity that Jesus passes out, like a good luck charm.  No, Jesus Himself, in His flesh and blood, is our peace.  We cannot have peace apart and independently from Him.  Our peace is found only in Him; we must be one with Him, joined to Him, in order to have peace. 

This perspective fits with Luke’s words of peace at Christmas, and at Palm Sunday.   Jesus could not be our Savior from afar, He needed to come to earth, and even more, to be our peace, Jesus had to become a human being.  No arms distance rescue, Jesus was all in.  And in Holy Week we learn just how far Jesus had to go, all the way to suffering the hell that our sins deserve.  No mere dramatic portrayal of God’s wrath against sin would do, no mere going through the motions.  No, Jesus had to truly suffer, for our sins, in His own body.  This is the How of our peace. 

Jesus’ Ascension into heaven is similarly physical and concrete.  He goes to prepare a place for you, that is His humanity being welcomed into heaven is the only way our humanity can hope for heaven.  Because of our sinfulness, God is naturally at war with us.  Our sins deserve God’s attack.  And attack us He will, if we seek to come before His throne still bearing our sinfulness.  But our place in heaven is Jesus, in the flesh.  He is, literally, in His sinless body sitting at God’s right hand, our peace.   He makes peace between God and man, or rather He has made peace between God and man, at Calvary, and now He is our eternal peace treaty, holding our place in glory. 

Jesus Himself is our peace.  We see this once more in Luke’s Gospel, in his last use of the Word peace.  In the upper room, on the night of the resurrection, when the Good News had been told the 11 Disciples by many, and yet they still doubted and feared.  The two from Emmaus came and told them again of Jesus rising from the dead and appearing to them, but still they didn’t believe.  Then Jesus stood in their midst.  Right in the middle of them, God Himself, in the Man Jesus.  Peace from heaven had arrived, miraculously,  right in the midst of them all.  And Jesus said:  Peace to you.   Peace is having the resurrected Jesus in our midst. 

Jesus has come.  Jesus is coming again.  Jesus comes, now, even to us.  This is what Advent is all about.  God grant that you find Peace this season, by sending you His Son, Jesus, who comes to you to remind you of God’s love, and to be your peace, which passes all understanding, and which will keep your heart and mind, unto life everlasting, through Christ Jesus our Lord, Amen.