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Sunday, November 18, 2018

Las Buenas Noticias de las Águilas y el Cuerpo Muerto - En Español e Inglés


Vigésimo Quinto Domingo después de Trinidad, 
18 de noviembre de 2018
San Mateo 24:15-28, 1 Tesalonicenses 4:13-18, Job 14:1-6

Sermón en inglés después del sermón en castellano.  

     ¡Buenas noticias! Dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.  Qué bien, ¿no?  Podemos confiar y estar tranquilos, porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. 

     ¿Qué es el problema?  No me parece que estéis alegres por oír esta buena noticia.  ¿Por qué?  ¿No es obvio que las águilas juntadas alrededor del cadáver sea buena noticia?

     De verdad, por escucharlo sólo una vez, hay mucho preocupante en nuestro evangelio de hoy.  Por ejemplo, Jesús predijo que la abominación desoladora iba a volver al lugar santo, es decir, al Templo de Jerusalén.  El Señor hace referencia a la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, la profanación del Templo por los soldados griegos en el año 167 a.C., cuando sacrificaron un cerdo a Zeus, dentro de la casa del verdadero Dios.

     También Jesús advierte que una tribulación terrible iba a caer sobre los judíos.  Estas profecías se cumplieron en el año 70 d.C., cuando los legionarios romanos arrasaron el Templo, y destruyeron a Jerusalén, matando a miles de judíos, y dispersando miles más.  Esta prédica de Jesús fue dura, es cierto.

     Además, hemos oído el lamento de Job sobre la futilidad de la vida humana:
El hombre nacido de mujer, Corto de días,
  y hastiado de sinsabores, 
Sale como una flor y es cortado,
  Y huye como la sombra y no permanece. 

     Una lectura temerosa, otra deprimente.  Es fácil entender porque el tema del fin de la edad, el juicio de Dios y el regreso de Cristo siempre ha dado dudas y miedo a casi todos. 

     Sin embargo, no es así, o al menos no es necesariamente así.  Es mi papel y mi privilegio, en este día cuando el invierno y la oscuridad avanzan en el calendario y en las noticias, es mi privilegio anunciarte que el propósito de Dios con nuestra lectura de San Mateo hoy es darnos alegría y confianza, confianza en su amor, y gozo sobre nuestro futuro. 

     Es verdad que las amenazas de Cristo sobre el fin de la edad, en San Mateo y en otros textos, son fuertes, e importantes.  No quiero decir que los eventos hablados por Jesús no son riesgos verdaderos.  El Espíritu de Cristo, con estas amenazas, quiere captar la atención de cualquier persona que esté ignorando la realidad del Fin, del Último Día, y el retorno de Cristo.  Es una advertencia para el mundo, que un juicio, el Juicio Final, viene, y cualquier persona que no se arrepienta de sus pecados vaya a ser perdida, condenada, y separada eternamente de Dios y de toda cosa buena. 

     Es una advertencia para el mundo, para los no creyentes, y también para nosotros.  Es para nosotros una advertencia al pecador, al hombre viejo, que sigue existiendo en cada cristiano durante su vida terrenal.  Nuestro hombre viejo quiere desviarnos del camino de Cristo, quiere que no prestemos atención a la venida del Señor.  Las palabras de Jesús nos recuerdan de la realidad de esta lucha interno que vivimos, la lucha entre la fe y la incredulidad.  Hay muchas cruces en la vida cristiana, pero la primera y muchas veces la más difícil es esta lucha interior contra nuestra propia pecaminosidad e incredulidad.  Hay que luchar, y aún más confiar que el Espíritu, por el amor de Jesús, nos guardará, con su Palabra poderosa. 

     Las amenazas sobre el Último Día son reales.  Pero, como creyentes bautizados, es decir para la nueva criatura que Dios ha hecho de nosotros por su Palabra recreadora, verdaderamente las palabras de Jesús deberían darnos paz y alegría, aun esta frase extraña: Dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.     

     Desde nuestros textos de hoy, podemos confiar, primero, que no vamos a perder el regreso de Cristo.  Esta es la promesa más fácil de entender.  Dice Jesús repetidamente: si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. 
     Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.  Nadie va a perderla. 

     Segundo, tenemos otra promesa de San Pablo.  Cuando pensamos en los fines, el fin del mundo, o el fin de una vida humana, nuestra vida o la de un querido, es muy común tener dudas y aprehensiones.  Pero, como cristianos, escuchemos lo que dice Cristo, a través de San Pablo.  En relación con la muerte terrenal, porque confiamos en Jesucristo, crucificado, resucitado y ascendido a la diestra del Padre, Pablo nos consuela así:  Acerca de los que duermen, no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 
     Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él… el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.  Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

     El regreso de Cristo es buena noticia para cristianos, y la muerte terrenal es sólo un traspaso para vivir con Dios.  Pero ojo:  Escuchemos a Cristo y sus apóstoles.  Siempre que miramos por alrededor, cuando escuchamos las noticias, o pasamos tiempo en Facebook o Twitter, vamos a ver muchas razones para dudar las promesas de Dios.  Además, escucharemos muchas voces negando la Palabra de Dios. 

     Escucha a Cristo.  La sabiduría cristiana es saber que el mundo no puede aceptar la Palabra de Cristo, que nos da perdón y salvación.  Entonces, nuestra tarea no es escuchar la palabra del mundo, más bien es recibir la Palabra de Cristo diariamente, y luego compartir esta Palabra salvadora con nuestros vecinos, para que el Espíritu haga su obra de salvación en ellos.        

     Finalmente, tenemos que resolver el misterio del cadáver y las águilas.  Cierto, no parece que las águilas alrededor del cuerpo muerto sean predicadores de buenas noticias.  El cuadro que nos describe Jesús es extraño, con estas águilas juntadas.  O, pudieran ser buitres, porque la palabra en griego del texto original significa ambas, águila y buitre.  Sean lo que sean, allí están, congregados alrededor del cadáver.  Ambas aves son carroñeras, y es fácil imaginar una escena distópica al extremo, algo de una peli de horror.   

     Pero no es así.  Bueno, es verdad que Jesús está refiriendo a un momento terrible, cuando las águilas se juntaron alrededor de su propio cuerpo muerto.  Es que el águila fue el símbolo de las legiones de Roma.  Cada soldado romano la llevaba en su ropa y armadura.  Jesús con esta frase está hablando de su propia muerte en la Cruz, donde sufrió, rodeado de legionarios, sufriendo para quitar los pecados de todo el mundo.

     Es cierto que con esta frase Cristo estaba siendo misterioso.  Pues, recordemos que su sermón que oímos hoy fue predicado primero durante la Semana Santa original, solo unos días antes del Viernes Santo.  Nadie, ni incluso sus discípulos más cercanos, pudiera entender lo que iba a pasar, que el unigénito Hijo del Padre, el Señor Dios encarnado, iba a sacrificarse, para salvar al mundo, a sus enemigos, a los soldados romanos, y a nosotros.  Pero, hasta que fuera cumplido, fue necesario hablar en enigmas.  El que lee, entienda.

    Fue el momento peor de todos, cuando se murió el único hombre verdaderamente santo e inocente.  Pero, por la voluntad y misericordia de Dios, también fue un momento bueno, lo mejor de toda la historia.  Porque, en su cruz, bajo el poder de Poncio Pilatos y sus soldados, Jesús ganó nuestra salvación, nuestro perdón gratuito y la garantía que, en Cristo, nuestro futuro eterno es seguro, y glorioso. 

     Imagínate, con esta frase tan extraña, que donde estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas, Jesús nos está confortando.  Aun el Centurión, comandante de los soldados romanos, fue movido por el Espíritu a predicar.  Mirando al cuerpo muerto de Cristo, el Centurión declaró:  Verdaderamente este fue un Hombre Justo, este fue el Hijo de Dios.

     Y gloria sea al Señor Dios, la muerte no pudo prohibir que el Autor de Vida se resucita.  ¡Cristo resucitó!  ¡Jesús vive!  El cuerpo una vez muerto ya está glorificado, reinando sobre todo el cielo y la tierra.  Por lo tanto, podemos estar tranquilos.  Siempre que, como hacen creyentes bautizados, vivimos conectado a Él a través de su Palabra y Sacramentos, dependiendo no en nosotros mismos ni en nuestras obras o santidad.  Bien arraigados en la Buena Noticia de Cristo y su perdón y amor, podemos estar tranquilos sobre el Último Día y el fin de esta edad. 

     Porque en Cristo, el Último Día ya está cumplido; ya hemos pasado desde la muerte a la vida eterna.  Su victoria ya es nuestra victoria, su vida es nuestra vida, y su regreso es nuestra esperanza. 

Entonces oremos:  Ven, Señor Jesús, ven, Amén.

Twenty-fifth Sunday after Trinidad, 

November 18, 2018
Matthew 24: 15-28 1 Thessalonians 4:13-18, Job 14:1-6

     Good news! Wherever the corpse is, there will the eagles be gathered together. That´s great, no?  We can trust and be calm, because wherever the dead body is, there the eagles will gather.

     What´s the problem? I do not think that you are glad to hear this good news. Why? Is it not obvious that the eagles gathered around the corpse is good news?

     Really, to hear it just once, there is much that is concerning in our Gospel today. For example, Jesus predicted that the Abomination of Desolation was going to return to the holy place, that is, to the Temple of Jerusalem. The Lord refers to the Abomination of Desolation, spoken of by Daniel the prophet, the desecration of the Temple by the Greek soldiers in 167 BC, when they sacrificed a pig to Zeus, inside the very house of the true God.   

     Jesus also warns that a terrible tribulation was going to fall on the Jews. These prophecies were fulfilled four decades later, in 70 AD, when the Roman legions razed the Temple, and destroyed Jerusalem, killing thousands of Jews, and scattering thousands more. This sermon from Jesus is difficult, it´s true.

     In addition, we have heard Job's lament about the futility of human life:
The man born of woman, Short of days,
   and weary of sorrows,  
He comes out like a flower and is cut off,
   and he flees like a shadow and does not remain.  

     One fearful reading, another depressing one. It is easy to understand why the theme of the end of the age, the judgment of God and the return of Christ has always given doubts and fear to almost everyone. 

     Nevertheless, it is not like this, or at least not necessarily so. It is my role and my privilege, on this day when winter and darkness advance in the calendar and in the news, to announce to you that God's purpose with our reading of St. Matthew today is to give us joy and confidence, confidence in his love, and joy about our future.

     It is true that the threats of Christ about the end of the age, in St. Matthew and in other texts, are strong, and important. I do not mean that the events spoken of by Jesus are not real risks. The Spirit of Christ with these threats wants to capture the attention of anyone who is ignoring reality of the End, the Last Day, and the return of Christ. It is a warning for the world that a judgment, the Final Judgment, is coming, and anyone who does not repent of their sins will be lost, condemned, and separated eternally from God, separated from every good thing.  

     It is a warning to the world, to non-believers, and also to us. It is a warning to us, to the sinner, the old man, who remains in every Christian during his earthly life. Our old man wants to lead us astray from the way of Christ. The words of Jesus remind us of the reality of this internal struggle which we live, the struggle between faith and unbelief. There are many crosses in the Christian life, but the first and often the most difficult is this inner struggle against our own sinfulness and unbelief. We must fight, and even more trust that the Spirit, for Jesus´sake, will protect us with His powerful Word. 

     The threats about the Last Day are real. But as baptized believers, that is to say, for the new creature that God has made of us by His recreative Word, these words of Jesus should truly give us peace and joy, even this strange phrase: wherever the dead body is, there the eagles will gather.  

     From our texts today, we can trust, first of all, that we will not miss the return of Christ. This is the easiest promise to understand. Jesus says repeatedly: if anyone says to you: Look, here is the Christ, or look, there he is, do not believe it.   For there will arise false Christs, and false prophets, and they will do great signs and wonders, in such a way as to deceive, if possible, even the elect.  I've told you beforehand.  
     So, if they tell you: Look, he´s in the desert, do not go out; or look, he's in the upper rooms, do not believe it.   For like the lightning that comes from the east and flashes to the west, so will also the coming of the Son of Man.   Nobody is going to miss it.

     Second, we have another promise from St. Paul. When we think about the “ends”, the end of the world, or the end of a human life, be it our death, or that of a loved one, it is very common to have doubts and apprehensions. But, as Christians, let us hear what Christ says through St. Paul.  Regarding earthly death, because we trust in Jesus Christ, crucified, risen and ascended to the right hand of the Father, Paul, comforts us in this way: About those who sleep, do not grieve like the others who have no hope.  Because if we believe that Jesus died and rose again, so will God bring with Jesus those who have fallen asleep in him ... the Lord Himself with a voice of command, with the voice of an archangel, and with the trumpet of God, will descend from heaven; and the dead in Christ will rise first.   Then we who live, who are left, will be caught up together with them in the clouds to receive the Lord in the air, and so we will always be with the Lord.  Therefore, encourage one another with these words.

     Christ 's return is good news for Christians, and physical death is only a transport from this fallen world to live with God. But beware: Listen to Christ and his apostles. Whenever we look around, when we hear the news, or spend time on Facebook or Twitter, we will see many reasons to doubt the promises of God. In addition, we will hear many voices denying the Word of God. 

     Listen to Christ!  Christian wisdom is knowing that the world cannot accept the Word of Christ, which gives us forgiveness and salvation.  So, our task is not to listen to the word of the world, rather it is to receive Christ daily, through receiving His Word, and then to share the saving Word with the world.    

     Finally, we must solve the mystery of the dead body and the eagles. True, it does not seem that the eagles around the corpse are preachers of good news. The picture that Jesus describes to us is awful, with those eagles gathered.  Or, they could vultures, because the word in Greek of the original text means both eagle and vulture, two types of scavengers, carrion birds. Whichever they are, eagles or vultures, these birds are there, gathered around the corpse. It is easy to imagine an extreme dystopian scene, something right out of a horror movie.  

     But it is not like that. Well, it is true that Jesus is referring to a terrible moment, when the eagles gathered around his own dead body. You see, the eagle was the symbol of the Roman legions.  Each Roman soldier wore the eagle on his clothes and armor.   Jesus with this strange phrase about “eagles gathered around the corpse” is speaking of his own death on the Cross, for the sins of the whole world. 

     Truly, Christ is speaking mysteriously. Well, let´s remember that his sermon which we hear today was first preached during the original Holy Week, a few days before Good Friday. No one, not even his closest disciples, could understand what was going to happen, that the only begotten Son of the Father, the Lord God incarnate, was going to sacrifice himself, to save the world, to save his enemies, to save us. So then, it was necessary to speak in enigmas. Let the reader understand.

    It was the worst moment of all, when the only truly holy and innocent man died. But, by the will and mercy of God, was also a good moment, the best of all time. Because, on his cross, under the power of Pontius Pilate and the Romans, Jesus won our salvation, our free forgiveness, and the guarantee that, in Christ, our eternal future is safe, and glorious. With this strange phrase, that where the corpse is, there the eagles will gather, Jesus is comforting us. Remember how the Centurion, the commander of those Roman soldiers who crucified Jesus, was moved by the Spirit to preach.  Looking at the dead body of Christ, the Centurion declared: Truly this was a Just Man, this was the Son of God.

     And glory be to the Lord God, death could not forbid that the Author of Life should rise from the dead.  Christ is risen!  Jesus lives! His body, once dead, is now glorified, reigning over all heaven and earth.  Therefore, we can be calm. As long as we live in the way baptized believers live, connected to Him through His Word and Sacraments, depending not on ourselves or our works or holiness, we can be reassured about the Last Day and the end of this age. Because in Christ, the Last Day is already fulfilled; we have already passed from death to eternal life. His victory is already our victory, his life is our life, and his return is our hope.

So then let us pray: Come, Lord Jesus, come, Amen. 


Tuesday, November 24, 2015

El Fin Viene. ¿Qué Debemos Hacer?

Último Domingo del Año Litúrgico, 22 de noviembre, A+D 2015
El Fin Viene, ¿Qué Debemos Hacer?  San Marcos 13:24 – 37

Ercole Ramazzani, The Last Judgement, 1597
     Mirad, velad, y orad. Hemos llegado al fin del año litúrgico, cuando en las lecturas concentramos en los fines: el fin del mundo, el fin de este tiempo, los últimos días.  Consideramos el fin de esta edad, cuando Jesús va a venir otra vez, visiblemente, cuando Él venga por la última vez, viniendo en las nubes, como si montado en un caballo, el Rey del Cielo, viniendo para juzgar a todo el mundo e inaugurar visiblemente el reino de Dios.  No sé cómo os lo parece este tema, quizás increíble, o temeroso, espantoso.  O quizás os lo parece irreal, como un sueño.  Pero no importa cómo nos parece la vuelta de Jesús, cuando Él venga, necesitamos estar listos.  Si no estamos, no tendremos tiempo para preparar.  Será demasiado tarde.    

     No estuvimos listos para los atentados en París.  Esto no debería haber sido.  Tuvimos bastantes advertencias, amenazas de violencia de los hombres malvados y violentos de Daesh, el supuesto estado islámico.  Además hemos visto varias acciones violentas en los últimos meses, acciones hecho fuera de su territorio controlado.  Pero no estuvimos preparados, y los actos terroristas en Francia nos impactan como presagios del fin del mundo, como el fin de la edad, o al menos, como el fin de un modo de vida.  Queremos que los culpables sean castigados y que se detenga el mal.  Lo peor es que el 13 de noviembre fue un fin muy inesperado para más que 120 personas.  Nuestra vida buena y suave en el mundo del siglo 21 nos hace creer que la muerte normalmente no sea una sorpresa, y una muerte violente es casi impensable.  Ahora pensamos un poco diferente.

     Los atentados en París no son el fin del mundo, pero ellos nos recuerdan que, para cada persona en el mundo, hay un fin personal, para que debemos estar listos.  Las instrucciones de Jesús para ser preparados para su vuelta sirven también para cada persona en relación con nuestro fin personal: Mirad, velad, y orad. 

     El consejo es igualmente apropiado, no importa si la causa del fin sea atentados terroristas, la muerte causada por cáncer, o la vuelta de Cristo.  Necesitamos mantener la vigilancia, porque no sabemos cuándo vengan los eventos inesperados.

     Cuando Shelee y yo vivimos aquí en España en los años noventa, la misión de mi unidad fue seguridad.  Tuve la responsabilidad de guardar y proteger las instalaciones militares en nuestra zona.  Y os puedo decir que mantener la vigilancia es muy difícil.  Cuando hay una amenaza clara, todo el mundo quiere hacer lo que es necesario para ser preparado.  Pero después de poco tiempo, si los eventos esperados no vienen, entonces la voluntad de todos, incluyendo ambos los guardias y las personas bajo su protección, flaquea mucho. 

     Yo espero fervientemente que los líderes de las naciones mantengan su nueva postura contra el Daesh.  Pero será difícil a mantenerlo.  La voluntad de la población y de los políticos es fuerte hoy.  Pero necesitaremos resolución y tenacidad para soportar todo lo que es necesario para mantener la seguridad y luchar contra los terroristas.  Tenemos la voluntad hoy. ¿Pero en dos semanas, dos meses, dos años?  Vamos a ver.  Y orar.

     La situación actual en Europa y en el mundo a cerca del terrorismo islámico es serio, un tema muy importante.  Pero el tema de la vuelta de Cristo es aún más serio e importante.  Un hombre malvado puede herirte, o aún matarte.  Sería horrible, pero estos males no tocan la eternidad.  Espiritualmente, y con la eternidad en vista, vivimos hoy en un tiempo de riesgos, y también en un tiempo de oportunidad.  Hoy el pecado y el mal tienen mucho control en el mundo.  Pero también, hoy existe la oportunidad para hombres y mujeres pecadores arrepentirse y recibir el reino de Dios a través del perdón de pecados.  Todavía hay tiempo.  Pero cuando Jesús vuelva, no habrá más tiempo.  Todos los pecadores serán castigados, y Dios detendrá todo el mal, para siempre.  Por eso, lo que dice Jesús a los Apóstoles, también dice a todos nosotros, Velad.  Estad alerta.

     Muy bien, tenemos un consejo directamente de Jesús.  ¿Pero exactamente qué quiere decir este mandato: “Velad, estad alerta?”

     Las instrucciones de Jesús, que seamos preparados para su vuelta son: Mirad, velad y orad.  Bueno, creo que entendemos como orar.  Si no, vamos a practicar en unos momentos.  ¿Pero qué quiere decir el Señor cuando dice: “Mirad y velad?”  ¿Qué acciones debería ser visible en nuestra vida cotidiana?

     Cuando nuestro Señor ascendió a los cielos, como leemos en el libro de Hechos, capítulo 1, los Apóstoles quedaron en el Monte de Olivos, mirando fijamente al cielo dónde una nube le había recibido a Jesús y le ocultó de sus ojos.  Pero, mientras los discípulos estaba mirando al cielo, dos hombres en vestiduras blancas les aparecieron y les preguntaron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo.  Entonces regresaron los Apóstoles a Jerusalén. 

     Se puede decir que los Apóstoles estaban mirando y velando, como les instruyó Jesús.  Pero, los dos mensajeros del cielo les corrigieron, enviándolos a Jerusalén, enviándolos a su tarea en el mundo.  De San Lucas capítulo 24, sabemos qué, justo antes de su Ascensión, Jesús también les había dado la instrucción a regresar a Jerusalén  para esperar el don del Espíritu Santo, que sería su señal para empezar la evangelización del mundo.  Los mensajeros en vestidura blanca no estaban equivocados.  Los Apóstoles no tenían un mandato a mirar al cielo.  Entonces el mandato “Mirad y velad,” que Jesús dio en relación con su vuelta, debe tener otro significado.

     Jesús no quiere que los cristianos pasan los días literalmente mirando al cielo, velando para ver su vuelta.  Es natural que los creyentes tienen curiosidad sobre su regreso y la venida del reino nuevo.  De verdad, entre la Resurrección y la Ascensión, los Apóstoles preguntaron a Jesús sobre la venida de su reino.  “Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?”  Y Él les dijo: “No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad, pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” 

     Entonces, debemos mirar y velar para el fin, pero no debemos intentar saber la fecha, ni tampoco debemos dejar de la vida cotidiana para pasar nuestro tiempo mirando al cielo, esperando su venida.  Pero todavía tenemos este mandato, no solo a los Apóstoles, pero a todos vosotros: Velad.  Estad alerta. ¿Qué quiere decir Jesús con este mandato? 

     Voy a empezar mi respuesta con otra pregunta: Confesamos que tenemos comunión con Cristo hoy.  ¿Cómo experimentamos esta comunión? ¿Cómo “vemos” a Jesús hoy?  ¿Cómo experimentamos la presencia de Dios en el siglo 21?  Bueno, es muy común hoy que los cristianos refieren a las emociones como prueba de la presencia de Dios.  Se dice frases como: Puedo sentir al Espíritu… o Puedo sentir a Jesús en mi corazón.  También es natural pensar que donde haya mucha gente y actividad religiosa, allí esté Dios.  ¿Pero, que es la verdad? 

     Claramente, hay muchas emociones en la vida cristiana, y todos queremos ver la Iglesia crece.  Pero hay muy pocas referencias bíblicas que nos apuntan a las emociones o a las apariencias como pruebas de la presencia de Dios.  De verdad, es al revés.  Hay muchísimas promesas en la Biblia, pero estas no nos apuntan a dentro de nuestro ser, ni tampoco a lo que podemos ver. 

     Sino más bien, nos apuntan afuera, a la Palabra de Dios que recibimos por los oídos, y que crea la fe salvadora en nosotros.  Como dice San Pablo, Andamos no por la vista, pero por la fe.  O como Jesús dijo a Tomás en el octavo día de la Resurrección: ¿Por qué me has visto has creído? Bienaventurados los que no vieron y sin embargo creyeron. Y además en Romanos capítulo 10 oímos: Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo. 


     A veces en la historia del mundo, Dios quiso comunicar con su pueblo directamente, cara a cara, y en el Último Día, todos nosotros le veremos a Dios cara a cara.  Pero normalmente, desde la Creación hasta hoy, Dios está comunicando con nosotros, y de verdad está con nosotros, por medio de su Palabra.  Dios eligió a profetas, Apóstoles y pastores para proclamar su Palabra públicamente.  Dios causó que su Palabra fue grabado, escrito, en el libro que llamamos la Biblia.  Y Dios está metiendo su Palabra en los oídos de más y más gente cada día a través de la confesión de los miembros de su Iglesia, confesando Cristo en su vida cotidiana.

     Y precisamente cuando estamos oyendo la Palabra, cuando estamos meditando y orando y compartiendo la Palabra, entonces somos mirando y velando para el retorno de Cristo.  Porque hay solamente una cosa que nos prepara para el fin de días, y esto es una fe viviente en Cristo, nuestro Salvador, crucificado y resucitado.  Y la fe viene por oír la Palabra de Cristo, las buenas noticias que Él ha quitado todo el pecado del mundo, y ha derramado su preciosa sangre para ganar perdón y salvación para todos.        

     Pero espera, ¡hay más!  Cuando estamos escuchando y meditando en la Palabra habitualmente, Dios nos ayuda también con las dudas y los miedos que nos molestan cuando pensamos en el Fin, o en los peligros y males de la vida.  El mensaje de la Biblia nos hace libre del miedo.  ¿Como?  A través de las promesas, y  por el poder del Espíritu.  Podemos afrontar los peligros y las amenazas del mundo de hoy, no porque somos tan fuertes o tan valientes, pero porque somos tan perdonados, y tan bendecidos. 
     No quiero decir que los cristianos nunca deben sentir miedo.  No, pero cuando estamos viviendo continuamente en y con la Palabra de Dios, Dios va a recordarnos que nadie nos puede arrebatar de sus manos. Porque las manos de Dios son las manos de Cristo, y sus manos son todavía marcados con cicatrices.  Las manos de Jesús llevan para siempre las marcas de los clavos, que proclaman que Cristo te ha redimido y elegido, para siempre.

     Por la Palabra, por las cicatrices lleno de amor que la Palabra nos muestra, ahora podemos vivir en la libertad, la libertad de eternidad, que es nuestro, en Jesús.  Podemos vivir en el amor, compartiendo con nuestros vecinos el amor de Jesús, que hemos recibido, y que nunca se agota, porque es el amor del eterno y todopoderoso Dios.  Y aunque la muerte y la violencia y la enfermedad y el Fin nos dan miedo, podemos buscar más allá de todos estos males con esperanza y confianza. 

     Podemos mirar y velar al retorno de Cristo con expectación y alegría, porque nuestro día más importante ya ha pasado, hace 2,000 años, en una cruz afuera de Jerusalén.  Por nuestro bautismo hemos pasado por el último Día de Cristo, cuando Él detuvo todo el mal, recibiendo en su propio cuerpo todo el castigo merecido por nosotros.  Ahora, vivimos ya en la eternidad, por el poder de su resurrección, y por nuestra fe en Él. Cuando recibimos la Santa Cena, recibimos hoy en día la presencia corporal de su sangre y cuerpo, por cual Dios nos entrega perdón y fuerza para vivir.  No tened miedo ni tampoco duda, el Señor esté con vosotros.

     Por todo esto, sabemos que cuando Cristo venga visiblemente, vendrá para bendecirnos.  Su cara va a tener una sonrisa para todos los creyentes que anticipan con gozo su vuelta.  Y por eso oramos, con todos los fieles de cada tiempo y sitio, Amén, ven Señor Jesús, Amén.