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Tuesday, July 31, 2018

Jugar según las Reglas: Noveno Domingo después de Trinidad


Noveno Domingo después de Trinidad
Jugar según las Reglas
San Lucas 16:1-13

     ¿Estáis preparados a jugar según las reglas?  Hoy, dos días después de que celebramos la confirmación y la primera comunión de dos nuevos miembros de la Iglesia Luterana en España, nuestro texto, del mayordomo malo, es muy apropiado.  Porque el viernes escuchamos a Carlos y Elke confesando públicamente su acuerdo con la doctrina cristiana, como está explicada por la iglesia luterana, en el Catecismo Menor de Martín Lutero.  Y aunque seguramente la vida cristiana no es un mero juego, según una manera de hablar, ellos, como nosotros,  han prometido a jugarla según la regla de Dios.  Por ende, debería ser servicial que consideremos un rato esta parábola, en que Jesús nos habla del conducta recta, en el reino de la luz, y, sorprendentemente, también en el reino de la oscuridad, es decir, el reino del mundo, lo que es gobernado por Satanás. 



     Debería ser servicial estudiar esta parábola del mayordomo malo.  Pero no es fácil de entender.  Porque al primer vistazo parece que Jesús está instruyéndonos a mentir y hurtar para ganar nuestro acceso a su reino.  El hombre rico, el amo, cuando supo que su mayordomo le había defraudado, alabó a él por haber hecho sagazmente.  Y luego nuestro Señor añade:  porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. 

     Normalmente ser llamado sagaz es bueno, ¿no?  ¿Está Jesús invitándonos a engañar y defraudar? Entonces el Salvador dice:  Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.  ¿Defraudar y ser deshonesto nos ayudarán acceder al cielo eterno?  No puede ser.  Pero, Jesús dice…. ¿Qué pasa aquí? 

     Escuchar y considerar la parábola del mayordomo malo cada año es un gran don para la Iglesia, porque nos ayuda recordar las reglas, reglas importantes acerca del plan de salvación de Dios, que es su plan, no nuestro, y su plan funciona según su entendimiento, y no según nuestro. 

     Esta historia del mayordomo malo nos ayuda recordar que Cristo y su Evangelio del perdón de pecados, ganado en su muerte y resurrección, y dado a pecadores gratuitamente a través de la fe, es el centro y la clave de toda la doctrina, toda la Biblia, toda la vida cristiana.  Además, esta historia nos recuerda que el Evangelio de Cristo es radical, que él es completamente contrario de nuestra forma de pensar y actuar en este mundo. 

     Jesús usa el ejemplo del mayordomo malo para mostrarnos la importancia de vivir y actuar según las reglas, aunque las reglas del mundo del mayordomo son malos.  En este mundo, la meta de todo es construir tu propio camino a la vida buena.  En este mundo, no importa la ley, no importa la honestidad, en el mundo del hombre rico y su mayordomo, la victoria va a él que halla el método de conseguir más dinero, más bienes materiales, una vida más cómoda. 


     Según las reglas de este juego, hurtar, mentir, y defraudar son aceptables.  También, en el momento adecuado, ofrecer misericordia está lícito, siempre que des descuentos a los deudores del hombre rico para ganar el favor de ellos para el futuro.  El mayordomo malo gana amigos por medio de perdonar las deudas, para uno, 20%, para otro 50%.  Su generosidad, generosidad deshonesto, compartiendo la riqueza de su amo, fue sagaz, según las reglas del mundo, tan sagaz que el amo tuvo que alabarle. 

    Y, dentro de las reglas de su reino de la luz, Jesús nos exhorta que también seamos sagaces.  ¿Esto quiere decir que es lícito que hurtamos y mentimos y defraudamos para ganar acceso al reino de Dios?  ¡De ninguna manera!  Nunca jamás. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?  Pero, el punto principal que deberíamos sacar de la parábola del mayordomo malo es la necesidad de seguir las reglas de nuestro juego, es decir, seguir la doctrina de Cristo y su Salvación. 

    Y aquí hallamos la cosa verdaderamente asombrosa.  El mundo rechaza al Cristo porque la asunción de los incrédulos es que la regla de su juego es seguir la Ley.  Y la Ley es importante a Cristo; pero no es céntrico a su reino.

    Las reglas del juego para los hijos de la luz son mucho más radicales que las reglas del juego del mundo.  En términos de otorgar regalos inmerecidos, el mayordomo juega en la cuarta o quinta división, no se acerca a los estándares de la primera, de la liga teológica de Santander, la liga de Cristo.  El mayordomo malo es de baja división, porque el perdón de solo 20% o 50% de la deuda es, según las reglas de Dios, muy tacaño.  El centro céntrico de las reglas del juego del Reino de Dios es que solamente hay un tipo de perdón aceptable: 100%. 


     Perdonar menos, 20, 50, aun hasta 99%, sería un insulto al Árbitro, quien hace 2 mil años declaró una vez y para siempre que todos los pecados de todos los pecadores ya son expiados en la Cruz.  Consumado es.  Entonces, los mayordomos buenos en la casa de Cristo no pueden hacer menos que compartir este cien por ciento perdón, en conformidad con la regla de Cristo. 

     La idea de que el mayordomo malo es alabado por su deshonestidad nos parece un escándalo.  Que Jesús usa este ejemplo es difícil para nosotros.  Pero el escándalo mas fuerte es la regla de Dios sobre el 100% perdón.  Aunque somos hijos e hijas de la luz, elevados de las divisiones bajas a través del Evangelio de Cristo, todavía por naturaleza entendemos mejor las reglas del juego del mundo, donde nada es gratuito, y todo tiene que ser comprado o merecido o robado, no hay otra forma de ganar.  Pero no es así en el Nuevo Reino de la Luz, el Reino de Cristo.  Porque a él que no conoció pecado, [Dios] le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él.  Cien por cien.   

     El perdón pleno y gratuito por causa de Cristo es la regla central, la cosa que Jesús siempre estaba enseñando a los Apóstoles, como en Mateo 18 cuando Pedro quería saber el límite del perdón:    Entonces Pedro se le acercó a Jesús, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? 
     Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.  Es decir, que el tiempo de descuento del partido va a ser terminado por el pito del Árbitro mucho antes de que lleguemos al fin del perdón. 

     Es como dice el Rey David en Salmo 32:  Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.  Los hijos e hijas de la luz son honestos acerca de su pecado, y por ende no obstaculizan la gracia de Dios.  Como confesamos cada domingo en los primeros momentos de la Eucaristía:   Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.  (1 Juan 1:8-9)  Cien por ciento perdonado.  Cada vez.  Es la regla del juego. 

     En el juego de la oscuridad, la regla principal es conseguir todo que tú puedes, sin escrúpulos, porque nadie va a rescatarte, tu futuro depende en ti.  En el juego del reino de la luz, los bienes de este mundo caído son todos riquezas injustas, no porque toda riqueza es mala en sí, sino porque nuestra codicia y mal uso los contaminan.  Pero, la centralidad del perdón en las reglas de Cristo es tan potente que aun las riquezas injustas pueden servir el reino de la luz.  Jesús dice:  Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.  No dice que accederemos al reino eterno por causa de los amigos que ganamos con riquezas.  No, pero ganar amigos significa, para un hijo de la luz, ganar otro hermano o hermana en Cristo, y la riqueza injusta puede tener un rol en esto. 


     El uso adecuado de los bienes terrenales para nosotros cristianos es para amar a nuestros prójimos, cristianos o no.  Amamos a los prójimos libremente, sin deseo de avanzar nuestra posición, porque ya tenemos todo en Cristo.  Y cuando amamos así, algunos que juegan en las divisiones bajas van a preguntarnos por qué jugamos diferentemente que el mundo.  Y entonces tendremos la oportunidad de explicar la regla diferente de Jesús, la regla de perdón, pleno y gratuito, ganado por todos los pecadores en la Cruz de Jesús, perdón que nos hace participantes en la vida resucitada y eterna de Cristo mismo.  Y así ganaremos más amigos en las moradas celestiales. 

     Por lo tanto, sigamos hasta el pito final la regla del juego de Cristo, la regla de perdón y salvación, en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.

Sunday, February 4, 2018

El Sembrador Loco y su Santa Semilla

Sexagésima 2018                          Sola Escritura

     Sola Escritura.  Sola Escritura, una de las Cinco Solas de la Reforma Luterana, quiere decir que la Santa Palabra de Dios es la única fuente de doctrina en la Iglesia.  Además, es sólo por la proclamación de la Palabra de Dios que la salvación viene a los pecadores.  La Palabra es la autoridad, y la herramienta, de la redención. 


     Hoy tenemos ante nosotros la parábola del sembrador, el sembrador loco y derrochador, como cualquier granjero podría llamarlo.  No nos sorprende que la semilla sea la Palabra de Dios.  Porque, desde el principio, Dios dice: “Sea” y ahí está: Luz, cielo, tierra, criaturas.  La Palabra de Dios es creativa, causando que las cosas que dice existen.  La Palabra de Dios crea y sostiene nuestra realidad, y todo el universo.  La semilla es la Palabra de Dios. 

     Lo que nos sorprende es cómo se siembra esa semilla.  El granjero de Jesús la lanza por doquier, sin cuidado, un método de siembra que resulta en el aparente fracaso de su propósito, con demasiada frecuencia.  Parece una lección extraña para los discípulos, aprendiendo día a día en su camino hacia el apostolado.  Es lógico que se preguntaban, ¿a quién deberíamos predicar, y cómo?  ¿Y cómo deberíamos juzgar su éxito?  Preguntas cruciales, para ellos y para nosotros.  Entonces Jesús les dice esta parábola.

     El sembrador salió a sembrar su semilla, y en su siembra, esto es lo que sucedió.  Las palabras sembrador, sembrar y semilla nos indican que esta parábola no se trata de los suelos, ni de la lluvia o el sol, sino de la Semilla y su Sembrador.  La Palabra de Dios, la Escritura sola, y cómo Dios la proclama, esto es el tema principal de la parábola.



     Por supuesto, ningún agricultor planta de la manera que Jesús describe, ni en aquel entonces, ni hoy.  Sería como transmitir semillas por un esparcidor montado en un helicóptero:  Unas caen en los campos, otras en el río, en la carretera y sobre las azoteas de los bloques de pisos.  ¡Qué derroche! 

     Hoy hay toda una ciencia para descubrir y mejorar la calidad de los diversos suelos para que las semillas crezcan, y toda una ciencia para adaptar las semillas a los suelos particulares.  El agricultor compra las semillas correctas para sus diversos suelos, y planta esas semillas preciosas ordenadamente en hileras, justo donde la ciencia le ha dicho que las ponga. Si él arrojara la semilla en cualquier lugar, su negocio agrícola sería arruinado.   Seguramente los granjeros en los días de Jesús, mientras que ellos no tenían la ciencia de hoy, todavía sabían que no podían cultivar de la manera que Jesús sugería.

     La forma en que Jesús quiere sembrar la semilla de su Palabra es sorprendente.  Esparce la misma semilla en todas partes, sin mirar el suelo primero para ver qué puede crecer allí, sin comprobar si está demasiado rocoso o demasiado compactado o si ya ha echado semilla allí.  La Palabra de Dios es para todos, y para todos lo mismo: arrepentirse y creer el Evangelio; Jesús el Hijo de Dios es crucificado por tus pecados y tu pecaminosidad, y ha resucitado para darte perdón completo, y vida eterna. 

     Esta predicación no es el "plan B" de la misión de Dios.  Es el "plan A", y no hay ningún "plan B".  La predicación de Cristo es una parte esencial del plan de salvación de Dios.  “Así está escrito, ", dice Jesús, acerca de todas las Escrituras, "que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” 

     La Palabra es el medio por lo cual Dios salva, específicamente la Palabra de Jesús, quien es la Semilla que debía morir y caer en la tierra para poder llevar una abundante cosecha de creyentes.


     La Palabra salvadora de Dios es para todos, y los apóstoles y pastores y todos los creyentes deben sembrarla en todas partes, al igual que Jesús, el Sembrador que salió a sembrar.  En este sentido, hay un himno cantado en Misuri, que va así:
"Predícales la Palabra con toda fuerza,
a los hombres a quienes les gusta o no les gusta,
La Palabra que perdurará y se mantendrá,
Cuando las flores y los hombres serán olvidados.
¿Y si en un momento dado pareciera
que no está dando frutos? 
¿Qué hay de eso, qué hay de eso? "

     Muy bien, tal vez es fácil para Jesús y el autor de este himno decirlo, pero ¿cómo afrontamos tú y yo el aparente fracaso de la Palabra?  
     Protestamos como granjeros ordenados a utilizar un esparcidor de helicóptero. La difusión de la Palabra de Dios tiene un costo, y esperamos que funcione, de una manera consistente y predecible.  No queremos malgastar; nos parece vergonzoso, como si fuéramos tontos.

     Incluso hay un costo para recibir la Palabra de Dios en nosotros mismos. Podríamos estar haciendo otra cosa con nuestro tiempo, en lugar de estar sentados aquí para tenerla implantada dentro de nosotros. Podríamos estar satisfechos por un tiempo con recibir las otras semillas del mundo, que podrían brotar.  Pero ¿brotar en qué fruto?  ¿Quién sabe?  Pero sí sabemos que las semillas del mundo y de nuestros deseos solo pueden crecer por un tiempo.  Todos ellos perecerán al final, y nosotros junto con ellos, si confiamos en ellos.  Solo la Palabra del Señor perdura para siempre.

     Aun cuando estamos recibiendo la Palabra verdadera para nuestra salvación, todavía existe el costo de diseminar esa semilla. Y en esto somos propensos a mirar a los suelos que nos rodean, es decir las personas a quienes pudiéramos proclamar la Palabra, e intentamos averiguar si vale la pena.

     Ese suelo, ese pecador, se ve bastante rocoso.  Antes él solía molestarme y golpearme.   ¿Qué va a hacer ese tío con la palabra del perdón de Dios?  Es probable que él vaya a pensarme un tonto, listo para otra paliza.

     Y conozco bien a este.  Está bastante asfixiado con las malas hierbas de los placeres de este mundo. No va a aceptar la semilla santa.  Tal vez yo preferiría disfrutar algo de las hierbas malas con él, en lugar de plantar la semilla buena allí.

     Aquel otro es un camino bastante usado. Todo lo que podría ser probado, ya ha hecho él; está endurecido.  ¿Qué uso tendrá para la Palabra de Dios?  Mejor salvar mi aliento, probablemente no vaya a funcionar.  Si lo intento y no funciona de inmediato, me avergonzaré.  Voy a aferrarme a la semilla.  No lo arrojaré sobre él.

     Hermanos, no estamos llamados a ser frugales con la Palabra de Dios, y especialmente no debemos ser tacaños.  Desgraciadamente, a menudo lo somos, por nuestros temores, debilidad de fe, y pecado. Señor, perdónanos por nuestra mezquindad con tu Palabra.

     Perdónanos, e, igual que los apóstoles, enséñanos aplicar generosamente la semilla, incluso cuando no creemos que funcione, incluso donde no ha funcionado antes, incluso cuando creemos que podríamos estar desperdiciando nuestro aliento. Es imprescindible recordar que, a través de ese aliento que nos parece tan desperdiciado, el Espíritu de Dios respira vida eterna, donde y cuando le plazca.

     Por supuesto, esperando ver el "dónde y cuándo" del Espíritu puede ser frustrante para nosotros. Sabemos que Dios habló en el principio, y el mundo fue creado.  Por lo tanto, pensamos que nuestra proclamación de la poderosa palabra de Dios debería producir resultados inmediatos y espectaculares. Si la Palabra de Dios es una espada viva y efectiva de dos filos, que penetra hasta partir el alma y el espíritu, entonces esperamos ver resultados ya.  

     Pero Jesús preparó a sus discípulos para la realidad que conocemos tan bien: algunas semillas caen en el camino y las aves se las comen. O más bien, el diablo viene y la arrebata la Palabra de los corazones duros, sin que la palabra penetre, para que no se arrepientan ni crean.


     Otras semillas caen sobre las rocas, donde brotan bajo el sol y el rocío de la mañana, pero mueren cuando no logran echar raíces. Estos escuchan el Evangelio con mucho gusto en un buen momento, pero en un momento de prueba, apártense y se sequen.

     Y luego hay una semilla que cae entre las espinas, la Palabra estrangulada en el corazón de un creyente, estrangulada por todos los cuidados y riquezas y placeres de esta vida, con el fin de que la Semilla buena no brota en la vida eterna, más bien la semilla mala produzca el pecado y la muerte.

     Conocemos estas historias.  Conocemos a esta gente. Vemos un grado de cada uno en nosotros mismos. Esta es la realidad del mundo en el que los Apóstoles fueron enviados a predicar, y es la realidad de nuestro mundo, un mundo que naturalmente ignora o incluso desprecia la Palabra de Dios. Este mundo necesita redención.

     Nosotros, que hemos sido llevados por la gracia a la fe en la Palabra de Cristo, queremos ver la salvación de todos, ahora mismo.  Pero, como Jesús nos recuerda, la Misión no funciona de esta manera. Se predicará la Palabra, y quizás solo una pequeña parte de los oyentes brotará con fe.  Esto no significa que la Palabra no funciona como debería. Esto no significa que la Semilla es sospechosa o que el plan de Dios es débil.  Ciertamente, no significa que debemos manipularlo hasta que funcione mejor.

     No, lo que significa es que la antigua trinidad impía, el diablo, el mundo y nuestra carne, se oponen ferozmente a la Palabra.  También significa que la Misión pertenece a Dios, no a nosotros.  Sea como sea, la respuesta de Dios a todo esto no cambia:  Permaneced en mi Santa Palabra, y compartidla.  Es sencillo:  la Escritura sola es nuestra autoridad, y también nuestra herramienta para comprender y participar en la enseñanza y la misión de Cristo.

     No hay ciertas personas para quienes la gracia y el perdón de Dios están destinados, y otros no. El sembrador siembra en todas partes, y no es tonto por hacerlo. Porque en el día de la cosecha veremos una vasta multitud, de toda tribu y nación, que han creído en la palabra de Jesús y han sido salvos en él. No olvidéis a Saulo, también llamado Pablo, el perseguidor de la iglesia, a quien Jesús trajo a la fe y perdonó e hizo su apóstol especial para las naciones. Recordad a Pedro, quien negó a Cristo tres veces, y siempre quiso las cosas a su manera, pero de quien no obstante Jesús hizo un fiel pastor. Recordad a los pecadores groseros en Corintio, todavía llamados hermanos en Cristo por Pablo.


     Sobre todo, recuerda lo que el Espíritu a través de la Palabra ha hecho en y para ti.   A pesar de lo que eras por naturaleza, un enemigo de Dios, fuiste lavado, fuiste santificado, fuiste justificado en el Nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.  Aunque a menudo somos suelo duro y rocoso, este es el objetivo de Dios para nosotros, y para todos los pecadores, y el Señor cumple su meta por su santa Palabra. 


    El Señor es fiel, lo hará, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.  

Sunday, September 3, 2017

Jesús Lo Hace Todo

Jesús Lo Hace Todo
Marcos 7:31 - 37

     Hay un dicho norteamericano, tal vez hay uno parecido en España; va como esto: “Si quieres que un trabajo sea hecho correcto, tienes que hacerlo tú mismo.”  Es una idea popular y común.  Desde luego, no es verdad.  Nadie es competente para hacer cada y cualquier trabajo.  Compartir, y delegar, y buscar a la persona con la aptitud y el tiempo para una tarea, estos constituyen el modo de trabajar con éxito.

     Quizás un padre, hablando en relación del trabajo de sus niños, puede decir este dicho con veracidad, pero solo hasta que sus niños crezcan a ser adolescentes, enseñando a su padre como usar su móvil. 

     Pero, hay uno que siempre puede decir este dicho.  Lo puede decir Dios. Para formar y sostener a su Iglesia, Jesús tiene que hacer todo. Nos puede extrañar, la idea de que el Dios todopoderoso, ubicado en toda la gloria, el Santo, Santo, Santo Señor, tiene que descender tan profundamente para lograr su meta de tener un pueblo santo.  Pero así es.

     Así también con el hombre sordo y tartamudo a quien Jesús sanó en nuestro Evangelio de hoy.  Jesús tenía que hacer todo, incluso hasta el punto de involucrarse en maneras que nos podría parecer desagradable, o aun repugnante. 

     Siempre lo odiaba cuando mi madre, justo antes de que llegáramos a visitar a la casa de unos amigos, escupía en un pañuelo de papel y se giró por atrás en el coche para limpiar mi cara.  Desagradable y ofensiva, en mi opinión. 

     Pero el mismo Señor Jesús no tiene reparos en meter sus dedos en los oídos de este sordo, escupiendo y tocando su lengua. El texto no dice exactamente, pero parece que Jesús escupió en sus dedos, y luego tocó la lengua del hombre.  Efata, dijo Jesús, sé abierto, mientras gimiendo y llamando al cielo.  Efata.  La palabra y las acciones juntas hacen el milagro. Nuestro Señor lo hace todo, todo lo que sea necesario, no importa la vergüenza, para desbloquear los oídos de este hombre y darle una lengua capaz de hablar correctamente. 

     Esto es el punto principal que debemos aprender. En relación con las preocupaciones de Dios, tú y yo no podemos hacer nada por nuestra cuenta. Somos espiritualmente débiles. Nuestros oídos están llenos y tapados con las mentiras de Satanás y del mundo.  Nuestra lengua está ocupada  con los pensamientos de autobombo que hoy amamos proclamar sobre nosotros mismos por las redes sociales. La autoestima es el eslogan favorito de la psicología pop, pero es totalmente inapropiada para los seguidores de Jesús que saben que nadie es bueno, sino sólo Dios.

     No somos buenos.  No hacemos las cosas bien. Bueno, es verdad que podemos ser buenos vecinos terrenales, e incluso podemos ser capaces de hacer algunas cosas de gran valor terrenal, como cocinar una comida, cuidar a un niño, o hacer un trabajo como cambiar un neumático para una persona varada en la carretera. Las noticias nos cuentan de héroes en Barcelona y en Houston, ayudando a aquellos que fueron heridos por los yihadistas y rescatando a personas amenazabas por la inundación causada por Huracán Harvey.  En medio de estas tragedias encontramos un poco de esperanza.

     Demos gracias a Dios por las buenas obras en Barcelona y Houston.  Muy bien.  Pero la fecha de caducidad de estas obras es muy pronto, especialmente en comparación con la eternidad.  Desgraciadamente, no podemos hacer nada de valor celestial y eternal, no por nuestros propios poderes. 

     No podríamos salvarnos a nosotros mismos si todo lo que se necesitaba era solo un pensamiento 100% puro, porque somos pecadores, desde el centro de nuestro ser.  Nuestra condición infecta cada cosa que hacemos.  Cuando se trata del Reino de los Cielos, si Dios quiere que el trabajo sea hecho correcto, Él tiene que hacerlo su mismo. 

     Por eso la multitud estaba tan asombrada del milagro de Efata, de las orejas abiertas y de la lengua desatada. Jesús hizo algo muy bueno, un hecho claramente celestial y divino. Por lo tanto las multitudes exclamaba: Él ha hecho todas las cosas bien. 

     Las palabras griegas para "bien" y “bueno” son “kalon” y “kalos.”  En hebreo es “tov,” la misma palabra que Jesús, junto con su Padre y el Espíritu, vio en la primera luz, y en las primeras tierras y mares separados, en las plantas y las aves y las criaturas marinas y los animales.  Dios creó estas cosas, y vio que eran buenas. “Tov” en hebreo. “Kalos” en griego. Dios hizo bien, y luego sonrió para ver su mejor creación, que era muy buena.  Así era la estimación de Dios cuando el hombre y la mujer fueron añadidos a la obra creativa.

     Jesús, al restaurar un fragmento de la creación en los oídos y la lengua de este hombre sordo y tartamudo, hizo de nuevo el bien. Algo nuevo estaba entrando en este mundo caído, por lo que las multitudes estaban asombradas.  Sabían que ningún hombre normal podía hacer todas las cosas bien.

     Pero Jesús podía hacerlo. Y Jesús puede. Jesús lo ha hecho y Él todavía lo hace. Jesús lo hace todo, y todo lo hace bien. Esta es la importancia de la Encarnación, cuando el Hijo de Dios se convirtió en ser también un ser humano, convirtiéndose en el único hombre perfectamente y eternamente bueno, llegando a vivir la vida llena de buenas obras, para la cual Dios nos creó.  Esa obra buena está ya hecha en Jesús.  Es terminada. Y es buena.

     ¿Qué fue la obra de Cristo?  Fue más que sanar a algunos pobres, más que alimentar a la muchedumbre o enseñar correctamente la Ley de Dios.  Jesús es el único hombre sin pecado. No obstante, vino para dar el pago por el pecado.  Vino para enfrentarse a la ira de Dios contra todo pecado humano, muriendo la muerte eterna que merecemos, todo esto empacado en unas horribles horas de un viernes que Jesús pasó colgado en una Cruz. Ese trabajo está hecho.  Terminado. Y es bueno.

     Pero espera, hay más.  Jesús no dejó de trabajar en la Resurrección, ni siquiera después de su Ascensión, cuando se sentó a la diestra de Dios. Jesús todavía lo está haciendo todo, ahora invisiblemente, a través del poder de su Palabra.

     La intimidad, la desagradable terrenidad de este milagro de Efata es, en parte, por qué la Iglesia siempre lo ha asociado con el Bautismo, que es también muy terrenal.  En tu bautismo, que parece nada más que un poco de agua y algunas palabras, Cristo te unió a su Cruz, a su muerte y a su nueva vida.

     Ahogarse es aún más desagradable a considerar que alguien toque tu lengua, pero esto es exactamente lo que Dios te ha hecho en las aguas del Santo Bautismo.  Ahogó a tu naturaleza pecaminosa, tu Viejo Adán, para que un Hombre Nuevo, una nueva criatura, un hijo redimido de Dios, podría surgir y resucitar para vivir en justicia y pureza ante Dios, para siempre. El bautismo, aún más que la curación de este sordomudo, es un milagro personal, incómodo, y muy bueno.


     Por supuesto, otra conexión entre el Bautismo y el milagro de Efata es el desbloqueo de los oídos y el desatamiento de la lengua. Dios también hace esta obra en el Bautismo, usando su Palabra de Promesa para crear fe, fe que nos hace vivos, porque recibimos la Fe Viviente, Jesucristo.  La fe nuestra, entonces, proclama naturalmente las alabanzas de nuestro Salvador.

     Normalmente la gente no se queda asombrada por un bautismo, pero deberíamos maravillar. Yo digo que los milagros de Jesús hoy son aún más impresionantes que los de los tiempos bíblicos. Hoy en día, en su Iglesia, Jesús combina, en uno, un misterio y un maravilloso privilegio. Aunque nuestro Señor no aparece visiblemente en los Bautismos, ni en la Cena del Señor, Él está verdaderamente presente. ¡Qué privilegio!  Y misterio de misterios, Él escoge trabajar su bien a través de las palabras y acciones de pecadores. Como yo. Como el Pastor Adam y el Pastor Juan Carlos. Y, como Dios te mueve a hablar su nombre y ofrecer su misericordia en tu vida cotidiana, Jesús también habla y hace el bien a través de ti. 

     Hoy, aunque por nuestra cuenta, somos incapaces de hacer algo verdaderamente bueno según el estándar de la eternidad, Dios elige realizar su mayor bien, recreando el mundo caído, a través de nuestras palabras. Es decir, a través de las palabras que el Espíritu de Cristo pone en nuestras bocas, Jesús lo hace todo.

     Tendemos a ponernos nerviosos cuando empezamos a pensar en hacer cosas en la Iglesia, o hacer cosas en la causa del Evangelio. Pero en la siguiente verdad podemos relajarnos un poco: si el trabajo es realmente bueno e importante, no tenemos que lograrlo. Jesús hará lo que haya que hacer. Tendremos cosas que hacer, sí, pero los resultados están en las manos de Jesús.

     Es algo así como nuestro canto en la Iglesia. Tratamos de cantar bien. Debido a quien, y de lo que estamos cantando, debido al mensaje evangélico que nos es dado para cantar, tratamos de cantar bien. Porque el pueblo de Dios está reunido aquí en su Nombre, Jesús está aquí. Por esta razón también, tratamos de cantar bien. 


     Es importante. No tratar de cantar bien estaría mal. Realmente queremos cantar bien, es divertido. Pero el valor de nuestro canto, para enseñar y elevar y consolar, no depende de nuestra calidad musical, sino más bien del Espíritu de Cristo, que trabaja a través de las palabras que cantamos.  Dios lo hace, ya sea que sonamos como una alondra, o más como un viejo cuervo.

     De manera similar, yo, como todo pastor, tengo un llamado a predicar bien, verdaderamente, fielmente, y de una manera que podáis oír. Y quiero hacer esto. Pero la creación de corazones fieles y alegres depende de Dios. 

     Cristo es el que supera las debilidades y fallos de todo hombre llamado a predicar. Él es el Buen Pastor, el Predicador a quién la Iglesia escucha, para recibir todos sus dones.

     Dios hará todas las cosas bien, con respecto también a tu papel en la Iglesia. Tal vez sólo puedes orar, o dar sólo un poco de dinero o tiempo. O tal vez puedes contribuir una cantidad significativa de dinero, y gastar muchas horas en el servicio de la Iglesia.   No es importante la cantidad de tu trabajo y ofrenda.  Lo que es importante es que enfoques en Cristo y lo que Él ha hecho para ti.  Porque, cuando estás lleno del regalo de perdón y vida nueva, entonces todo lo que hagas será perfecto, porque Jesús lo hará. 

     Tus obras aún no serán perfectas en el sentido de que no pecarás ni harás errores. Jesús tendrá que venir a nosotros de nuevo, y otra vez, para desatascar nuestros oídos y abrir nuestros corazones con su Palabra de Ley y Evangelio. El feliz estado de estar sin pecado y sin fallos, sin necesidad de ser corregidos por la Ley, el Día en que no necesitamos más perdón, ese Día no vendrá hasta que la Nueva Creación esté revelada.  Hasta entonces, necesitamos pedir la misericordia y confesar diariamente nuestros pecados y escuchar la palabra de perdón, hasta la muerte, o hasta que vemos a Jesús montado en las nubes, flanqueado por la hueste celestial, introduciendo los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra.

     Sin embargo, ahora mismo, por la fe en Jesús, tus obras son perfectas, porque estás atrapado en la Misión de Jesús, y Él hace todas las cosas bien. Él hizo, hace y hará todo bien, todo lo necesario, para llevarte a su Reino Celestial, en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.


Wednesday, July 19, 2017

Encuentros con Dios

Quinto Domingo después de Trinidad
Encuentros con Dios 
1 Reyes 19:11-21, 1 Corintios 1:18-25, Lucas 5:1-11

     Es normal que Dios nos viene a través de medios.  En el principio, Adán aprendió de su necesidad de una mujer, una ayuda idónea, su compañera de vida, a través de hacer su tarea, recibida del Señor, de nombrar a todos los animales. 

     Dios les ofreció al hombre y la mujer que coman para la vida eterna desde el Árbol de Vida. 

     Dios probó su fe a través de su restricción sobre el comer del fruto del Árbol del Entendimiento del Bien y del Mal. 

     Después de la Caída en Pecado, aún más Dios tenía que venirnos y comunicar con nosotros por medios, puesto que ya era peligroso para nosotros pecadores estar en la presencia del Dios Santísimo, porque su esencia justa y santa destruye y echa aparte a toda cosa pecaminosa.  Así que, desde una zarza ardiente, en una nube, en una columna de fuego, y, más que todo, por su Palabra, procedente de la boca de sus profetas, el Señor se encontraba y comunicaba y bendecía a su Pueblo.   

     Elías fue uno de estos profetas de Dios, uno de los mayores.  Fue un hombre de fe, y acción, un hombre de la Palabra, un predicador y hacedor de milagros en el Nombre del Señor, un hombre a quién vino personalmente y con frecuencia la Palabra de Dios.   

     Pero en nuestra lectura del Antiguo Testamento de hoy, Dios viene a Elías por un modo especial.  Parece que esto fue por causa de los sufrimientos y persecuciones que había sufrido Elías.  La causa del Señor y su Pueblo parecía derrotada:  profetas asesinados, altares derribados, ídolos adorados por la gran mayoría de la gente.  Justo antes de nuestra lectura, en desesperación, Elías pidió al Señor que se deje morir.  El Señor no lo quiso.  Dios tenía todavía algunas tareas pendientes para su profeta valiente.  Lo animó, lo alimentó, y lo envió de nuevo en camino, hasta que Elías vino a la cueva en el monte de Horeb, donde le encontramos hoy.   

     Y el Señor le dijo (a Elías): Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva.

     No se presentó Dios a Elías en el modo que esperaríamos: no estaba en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego.  Más bien Dios vino en un silbo apacible y delicado, en un susurro, una voz pequeña y pacífica.  Qué sorpresa. 


     No nos debería sorprender, porque el Señor siempre ha querido relacionarse con nosotros por medios creados, a través de cosas terrenales, y muchas veces inesperadas.  Pero siempre el Señor nos busca, para bendecirnos. 

     Como Él hizo con Elías.  El profeta fue agotado, y podemos percibir dudas en su corazón sobre el futuro de la misión de Dios.  No obstante, a pesar de sus dudas, el Señor amó a Elías y le dio una audiencia especial, y además, una promesa, dicha en esta voz pequeña: Mi Palabra y mi Misión no van a fallar.  Entiendo que estás cansado Elías, y la situación actual parece fatal.  Pero ¡ánimo!  Todavía estoy guardando en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron. Le dio a Elías instrucciones específicas, para ungir a nuevos reyes, y a un nuevo profeta, Eliseo, para encargarle con las responsabilidades de Elías.  La Misión de Dios no puede fallar; el Pueblo de Dios siempre será.  Dios mismo lo jura, y nunca fallará en sus propósitos.  Desde una voz pequeña, una promesa grande y consolador. 

     En el evangelio, de San Lucas 5, vemos algo diferente, un encuentro muy agradable.  Vemos que la multitud está buscando oír la Palabra de Dios.  Y la ha encontrado, en la persona de Jesús de Nazaret.  El gentío agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 

     Que pudiéramos ver algo parecido hoy en día.  Ahora las multitudes buscan cualquier otra palabra, excepto la de Dios.  ¿Por qué la diferencia, entre el siglo primero y hoy? 

     Bueno, hoy, la vida para muchos es bastante fácil, controlada.  La tecnología y la economía moderna dan a nosotros un nivel de vida que hubiera sido incomprensible durante la mayoría de la historia.  Con estómagos llenos y cuerpos cómodos, no pensamos tanto en Dios y la eternidad.  Después de todo, según muchos de los científicos, los sabios que nos proveen la tecnología que mejora el mundo de hoy, Dios y la eternidad no existen.  Al menos, ellos piensan así.  Dios tiene otra opinión.  Y lo insensato de Dios es más fuerte que los hombres.

     Seguramente, la condición de vida en Israel en el primer siglo fue mucho peor materialmente, una realidad que siempre causa que el ser humano considere a los temas espirituales.  También hay una diferencia en la realidad de la cultura del Israel antigua, una cultura bien basada en la Palabra de Dios, escrito por Moisés, y en los Salmos y los Profetas.  Jesús interpretaba con autoridad la existente palabra de Dios, y declaró que todas las profecías estaban llegando a su cumplimiento, en Él.  Por el amor y el entendimiento de la Palabra de Dios, la gente de aquel entonces estaba lista para escuchar a Jesús, hasta agolparse sobre Él para oírla.      

     Además, junto con predicar el cumplimiento de las promesas de la Palabra de Dios, este Jesús estaba también mejorando las vidas cotidianas de sus oidores, sanando enfermedades, dando de comer, haciendo milagros. 

    Hay lecciones para nosotros en esto.  No sé si alguien de nosotros tenga poderes milagrosos, pero tenemos la capacidad de ayudar a personas.  Igualmente, no sé si vayamos a tener éxito en inculcar un amor para la Biblia en la población general en España.  Ojalá que sí.  Pero tenemos oportunidades menos difíciles, oportunidades de compartir la palabra que son posibles dentro de nuestro alcanzo y capacidad. 

    Estamos aquí hoy, congregado en torno a la Palabra.  Muy bien.  Siempre podemos invitar a asistir a amigos y vecinos.  También pudiéramos oír la Palabra en casa.  Memorizar versículos claves, y así llevarlos por adentro.  Compartir la Palabra con nuestros hijos y nietos.  Expandir las oportunidades de reunirse alrededor la Palabra de Cristo puramente proclamada, por el ministerio de la Iglesia Luterana, nuestra iglesia aquí en España.  Podemos animar los unos a los otros que no dejemos de congregarnos, que es una tendencia latente en cada cristiano todavía viviendo en este mundo.


     No es dentro de nuestro control el resultado de nuestros esfuerzos de promulgar la Palabra de Dios; esto pertenece al Espíritu Santo.  Pero sí, sabemos que difundir la Palabra es tarea buena, un privilegio de todos los miembros de la Iglesia, y una actividad que nos sirve igualmente.  Mientras proclamamos la Palabra al mundo, nuestros esfuerzos en la misión de Dios resultarán que nos profundicemos en el Evangelio, fortaleciendo nuestra fe y enriqueciendo nuestras vidas.

     Finalmente, volvamos al lado del lago de Genesaret, y consideremos otro encuentro, el muy especial, entre Simón Pedro y Dios.  Por la captura enorme de peces que habían realizado Pedro y sus compañeros, se dio cuenta que Jesús fue divino.

     Es fácil decir que Pedro no debía haber tenido miedo, porque Jesús es bueno, el Amor de Dios hecho carne.  Y es verdad, Dios, y solamente Dios, es bueno en sí mismo.  Pero esto no quiere decir que la reacción de Pedro fue incorrecta.  No, fue completamente correcta.  Elías cubrió su cara al encontrar la presencia de Dios en un susurro.  Moisés tuvo que quitar sus sandalias ante la zarza ardiente, y se postró con la cara en el suelo.  Al ver el Señor en una visión, Isaías declaró:  Ay de mí, estoy perdido, porque soy pecador, y estoy en la presencia del Altísimo.  Siguiendo esta tradición santa, Pedro, cuando de repente supo que había estado en la presencia de Dios durante un largo rato, dijo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.



      Pedro dio la respuesta de un pecador arrepentido, una vez consciente que esté en la presencia de Dios. 

    Y nuestro Dios, encarnado en Jesús de Nazaret, dio la repuesta del Dios quién nunca va a dejar que su misión fracase:  No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

     En el hecho y en el momento que Simón Pedro consideró que fue indigno, y lo confesó, él fue convertido por Jesús en un ser digno, por la gracia de Dios, obrando por la Palabra de Paz:  No temas; desde ahora serás pescador de hombres.  Es como dijo el profeta Miqueas, ¿Qué Dios hay como tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en su ira para siempre, porque se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros, hollará nuestras iniquidades. Sí, arrojarás a las profundidades del mar todos nuestros pecados.  (Miqueas 7:18-19)

     No hay un dios como el Señor Dios.   Otros dioses, los falsos, los ídolos, siempre quieren encontrar justicia dentro de las personas, requiriendo que produzcamos nuestra propia santidad.  Pero nuestro Dios trae la justicia, su propia justicia, para dárnosla, y por eso hacernos santos.  Desde mucho antes de su conversación en susurro con Elías, Dios había sido preparando la entrega de su justicia y gracia a nosotros. 

     Este mismo Simón Pedro, pescador, iba a cambiar de carreras, para pescar a pecadores.  Su cebo sería, otra vez y como siempre, la Palabra de Dios, específicamente el Evangelio de la muerte y resurrección de Cristo para el perdón de los pecados. 

    Somos beneficiarios y participantes en esta misma misión de Dios.  Aquí, hoy en día, el Señor nos encuentra y nos comunica a través de los medios elegidos de Él:  todavía la Palabra, y también la Cena misteriosa, donde recibimos perdón, vida y salvación, entregado a nosotros por el pan y el vino, cambiado por el Espíritu en ser también el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo. 

     Por eso, aunque últimamente la situación de la Iglesia de Cristo nos parece muy mal, y aunque quizás tu propia fe te parece débil, no temas.  No pierdas la esperanza porque tu consciencia tiene fuerte lucha con tus pecados.  Cuanto más sientas deshonra por tu pecado, siempre que lo confiesas y deseas la salida de tu pecado, cuanto más rápido el Señor Dios imparta su gracia a ti, junto con la fuerza de seguir a Él.  Por eso Dios nos ha congregado aquí.  Y Él va con nosotros después, para realizar todas sus promesas a ti, y a todo el mundo,

En el Nombre de Jesús, Amén.